Karina Zukerman nació con una deficiencia muscular que le impide mover sus miembros inferiores y superiores. Aún así, integra la Asociación Internacional Pintores con la Boca y el Pie y vive de lo que ama. Una historia de vida llena de obstáculos, pero así también, de satisfacciones
Karina Zukerman es una de las artistas que, a la hora de crear, supo tomar sus limitaciones como una oportunidad de lucha. Hace 40 años, en Bahía Blanca, nació con una deficiencia muscular que hasta el día de hoy le imposibilita el movimiento en sus miembros inferiores y superiores. Pero, como ella demuestra día a día, eligió tomar su discapacidad “con dignidad” y convertirse en una luchadora social, a través de la pintura.
A los dieciocho años ingresó en la Asociación Internacional Pintores con la Boca y el Pie, a través de la cual realizó diversas exposiciones individuales y conjuntas de sus obras. La asociación es una organización extranjera que se encuentra funcionando en Argentina y en aproximadamente setenta países del mundo, a lo largo de los cuales reúne a más de 770 pintores, de distinta procedencia. “En Argentina contamos con tres miembros y catorce becarios”, explicaron desde la asociación, cuyo principal objetivo es incentivar a las personas con deficiencias físicas, a través de una beca de estudios de arte y perfeccionamiento en técnicas de la pintura.
“El arte es una manera de comunicar cosas y de expresarse; el hecho de poder participar desde donde estoy es una manera de trabajar y eso me satisface mucho”, destacó Karina, quien en diálogo con El Atlántico aseguró que, en su caso, su búsqueda como artista derivó en su compromiso social con la discapacidad.
Hace 22 años que la pintora forma parte de la asociación internacional y, además, fundó la Asociación Integral Humanista de Personas con Discapacidad, entidad desde la cual organizó tres ferias regionales de artesanos y artistas discapacitados y no discapacitados.
Por otro lado, también es miembro del Movimiento Humanista, a través del cual trabaja para el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, por la no violencia, la paz en el mundo y sobre todo, por la no discriminación entre las personas.
“Karina toma la pintura como un trabajo, le interesa transmitir que se puede luchar, porque ella tiene la suerte de que la asociación la beque para capacitarse, comprar insumos y poder vivir de eso. Es una luchadora social, que nunca pierde las esperanzas”, apuntó Sergio Trejo, quien es su pareja y acompaña a Karina diariamente desde hace varios años.
Superar los obstáculos
En el andar cotidiano, toda persona se enfrenta con numerosas dificultades, desde el corte de una calle hasta la imposibilidad de realizar algún trámite. Para las personas con alguna discapacidad, esos impedimentos se transforman directamente en barreras, tanto arquitectónicas como actitudinales.
“En las ciudades hay un poco de todo: hay que enfrentar las dificultades edilicias y también saber sobrellevar la mirada de la gente, los prejuicios”, comentó Karina, quien aseguró que lo más importante, en todos los casos, es la acción de inclusión en todos los ámbitos. “Lo bueno es poder compartir experiencias para poder marcar algo en las personas”, agregó.
En el caso de esta artista, la pintura ha funcionado no sólo como método de expresión y de comunicación, sino también como elemento dignificador y de reflexión. “Estas actividades nos llevan a pensar que todos tenemos virtudes para desarrollar de alguna manera y que más allá de las dificultades –que en mi caso son más notorias”- la idea es poder transmitir a través de la diversidad en todos los aspectos y, sobretodo, dar otra mirada”, puntualizó.
Contra cualquier pronóstico o prejuicio, la vida de un artista se rige por sus propias reglas: las que se van rompiendo, o las que se van creando. Karina Zukerman lleva la pintura como huella personal, más allá de cualquier limitación física y tangible. Eligió el camino más difícil, pero también, el más satisfactorio y, justamente por eso, es una luchadora, con todas las letras. Día a día, la artista, provista de material, toma los elementos de trabajo que la ayudan a plasmar aquello que con palabras está demás. El lienzo va tomando forma, ante la mirada de niños, adultos y jóvenes que se animan a crear, luego de ver que -si se quiere- se puede pintar, hasta con la boca y el pie.
La mirada del otro
Sergio Trejo es pareja de Karina desde hace varios años y la acompaña, tanto en el ámbito personal como en el rol social de la artista. Al describir a quien forma parte de su vida en lo cotidiano, Sergio no hace otra cosa más que definirla como una “luchadora social”. “Ella no se victimiza y eso la hace interesante porque los que la conocen saben que la tienen que tratar de igual a igual, que no hay nada que los distinga”, señaló.
“Nosotros seríamos convencionales en lo que se refiere a ella, pero en su caso, ella supo ver cómo la discapacidad potenciaba sus virtudes”, agregó Sergio, al mismo tiempo que destacó la capacidad de Karina para poner al otro delante y pensar siempre en los demás, a pesar de que ella sí tiene una limitación real y concreta.
“La convicción que tiene con respecto a los derechos de los discapacitados es inflexible y es determinante y no todos la entienden, pero creo que en su caso no es más que una congruencia entre lo que dice y lo que hace”, comentó en relación al fuerte compromiso de la artista con la sociedad, tanto desde el que es su lugar de origen -Bahía Blanca- como desde otros ámbitos y lugares.
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