Entre la comprensión por la necesidad de vivienda emerge un solo deseo, que la toma se termine. “Aquí convive el polizonte, el ladrón, el matón y el laburante".
Todos temen que el asentamiento se convierta en una villa y una suerte de “aguantadero” para la droga y los delincuentes. La discriminación y la violencia verbal tiene el mismo padre, EL MIEDO. Y eso algo que sobra en estos días en la zona sur de la ciudad. Los vecinos no niegan que mucha de la gente que está asentada en el lugar tiene problemas y necesita una vivienda, pero aún así no los quieren ahí.
Aseguran que desde que llegaron los ocupas, el barrio no sólo cambió su fisonomía sino que además se acabó la tranquilidad. La gente insiste en que por las noches la música, los gritos y la gente bebiendo en la plaza del barrio generan temor entre los vecinos. De acuerdo con lo que relatan, entre la bronca y el temor, la jovencitas del lugar son acosadas con groserías y los niños ya no pueden caminar libremente por las calles.
Lucía no quiere dar su apellido y pese a que no hay cámaras alrededor pide no quedar registrada en ninguna imagen por temor a las represalias. “Es verdad que la gente tiene necesidad, pero desde que llegaron, ya no hay tranquilidad, no tienen plata para pagar un alquiler pero tienen equipos de música que te hacen temblar las paredes de la casa”, dice esta mujer ante el aplauso de una decena de vecinos que la secundan.
“Las chicas no pueden salir después de las siete de la tarde, porque se instalan en la vereda de la plaza y empiezan a tomar, mi hijo no puede salir a jugar a la pelota y mi hija no puede ni ir a tomar el colectivo sin que le digan cualquier barbaridad, si hasta a mi que soy una vieja me gritan guarangadas”, sostiene elevando el tono de voz.
“Los vecinos nos hemos empezado a organizar, porque se quieren adueñar del barrio, fueron al dispensario a pedir que les dejen usar los baños, ocupan toda la plaza, andan por la calle a los gritos y nosotros vivimos encerrados”, dice. Aunque, antes de terminar la entrevista baja los decibeles a la crítica y aclara: “No son todos ¡Ojo!, la mayoría es gente buena y trabajadora que convive con delincuentes que vienen a hacer líos porque los traen los políticos. Espero que la gente buena que está ahí con sus chicos pueda conseguir un lugar para ir a vivir don dignidad y no entre cartones y plásticos”.
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