El padre del joven atropellado luego de un robo habló por primera vez. Cree que a medida que se conocen detalles del caso, el apoyo a la mujer que bautizaron "justiciera" decae. "¿Por qué no hacen una marcha ahora para pedir que no vaya presa?", dijo. Hoy declaran los policías y un perito mecánico.
Dardo Quiroga es un hombre robusto y alto que a los 59 años no tiene pruritos en reconocer que está doblegado por el dolor.
"No estoy yendo al juicio porque no quiero verla a ella. Si la veo me va a remover todo lo que pasó. Pero el lunes, si me levanto bien, por ahí...", dice soltando las palabras con la voz grave como un trueno.
El recuerdo de su hijo de 25 años lo acompaña en las paredes pobladas con su imagen sonriente, en el living de Belisario Roldán al 1.300, donde el Fénix da paso al Alberdi.
Aunque quisiera abstraerse del desenlace fatal ocurrido la tarde del 12 de mayo de 2005, no le sería nada sencillo porque cada vez que se asoma a la ventana del frente de su casa, lo asalta la imagen de las vías, a apenas cien metros de distancia.
Dardo Quiroga, el padre de Yeyé, fue el primero en acercarse al joven. Vio cómo un vecino le daba los primeros auxilios a su hijo. Esa persona, conocida en el barrio como "el Chauchín" declararía hoy, cuando continúe el juicio en la Cámara Segunda del Crimen. "Él fue quien le hizo respiración boca a boca, ella nunca se acercó". Impotente, recuerda cómo le pedía a un policía que llevara a su hijo al hospital. "Me cansé de pedírselo, pero el milico lo ignoraba por completo". Ese agente también contará su versión ante los jueces Oscar Testa, Carlos González Castellanos y José Varela Geuna.
-¿Qué imágenes le quedaron de esa tarde?
-Todas. A las cuatro y media, más o menos, andaba él por acá, me iba a levantar para charlar, pero me quedé un rato más en la cama, hasta las cinco. Al rato, yo estaba tomando mate acá, y viene y me llama un pibe. Me dice: "Dardo, al Yeyé lo atropelló un auto". Yo soy alto, miro desde el paredón y veo un montón de gente. Llegué allá y estaba tirado. La mina gritaba. "No te quise matar" porque ella creía que ya estaba muerto. Yo me agaché y le agarré la mano a mi hijo. Y ahí nomás vino el pibe que le dio auxilio. Él fue el que le hizo el boca a boca.
-¿Su hijo no podía hablar?
-No, él no estaba consciente. Y eso que ella le hizo respiración boca a boca, ¿de dónde lo sacó? ¡Que no mienta!
-¿Nunca se acercó ella a darle los primeros auxilios?
-¡No!, ella se bajó del auto y se quedó parada en la puerta. Hay gente que la vio y tengo fotos porque un muchacho andaba con una cámara tomando fotos. Él vino acá y me las ofreció, pero yo no las quise ver... Al milico sí me acuerdo que le hablé y le pedí que me lo llevara, sabés las veces que le pedí que me lo llevara al hospital... lo ignoró por completo.
-¿Qué sintió cuando a Galíndez se la empezó a llamar la "justiciera"?
-Es que no se puede hacer justicia por propia mano. Nadie puede hacerlo. Si todos fuéramos como Galíndez tendríamos que cerrar las cárceles y salir todos armados.Es como decirle a alguien, si te roban buscalo y matalo. Yo creo que tenés forma de agarrarlo, de llamar a la cana, lo que quieras...
-Gran parte de la comunidad se inclinó en defensa de Mariela.
-Sí, pero cuándo. Cuando apenas pasó. Ahora, ya no tanto. ¿Por qué no hacen una marcha ahora para que no vaya presa? ¿Sabés por qué te lo digo? Porque ahora la gente sabe que el auto que usaba Galíndez era robado.
-¿Cómo era su hijo?
-¡Muy buen, chico!, ¡muy buen chico! Lo único que tenía es que era andariego, nomás. Lo quería todo el mundo. Andaba con la nena para todos lados, la vida de él era su hija.
Su mujer, Mary Romero, agrega:
-La esposa de Yeyé tenía otro hijo, y él me decía que lo quería reconocer. "Lo bien que hacés hijo, así se crían los dos con el mismo apellido", le decía yo.
Dardo Quiroga: -El vivía en San Luis con mi hija, hacía una semana que andaba por acá de visita. Allá iba por todos lados. jugaba muy bien al fútbol, jugó en Alberdi por años.
Mary Romero: En San Luis hacía changas y mi yerno que es empresario le compraba las zapatillas de marca, le vistieron a su hijita cuando nació. No les hacía falta nada.
-Entonces, ¿por qué fue a robar esa tarde?
Romero: -Es que para mí fue todo muy dudoso. Mi hijo, de acá se fue como quien va para las 112 viviendas porque ahí vive la señora y su hijita. Por eso iba con la bicicleta con canastito porque ahí ponía las cosas de su nena. Nosotros vivimos hace doce años acá y a Avecillas lo conocemos de hace mucho.
Es nacido y criado en la cárcel. Con Avecillas no eran amigos, eran conocidos del barrio. Porque si sos compinche, tendría que haber tenido una caída en la cárcel aunque más no sea por merodeo, y él jamás lo tuvo. Mi hijo pasó nueve meses en la cárcel porque lo culparon de algo y salió absuelto porque era inocente. Tuvo que esperar hasta el juicio. ¿Y quién le pagó eso a mi hijo? Hay veces que somos injustos al decir las cosas. Pero hay que saber para hablar.
-En estos días se generó una polémica porque un grupo de famosos salió a pedir la pena de muerte. ¿Qué le producen estos comentarios?
Romero: -La pena de muerte es algo con lo que no estoy de acuerdo, porque Dios nos da y Dios nos quita, ¿sí? Nosotros no somos nadie para matar a otra persona. Cuántos inocentes van a caer en el caso de que pongan la pena de muerte. Porque en la Argentina lamentablemente no tenemos una justicia real.
El rico es rico y el pobre es pobre. El pobre tiene que esperar el proceso dentro de la cárcel, no tiene otra opción. El rico puede esperar el proceso en libertad, pero la ley tiene que ser pareja para todos porque todos somos seres humanos. El día que nos vamos, no nos vamos con la plata en el bolsillo, nos vamos igual que como nacemos.
-¿Cómo creen que va a terminar el juicio?
Romero: -Yo tengo fe en que va a haber una condena. No sé si la mínima, pero una condena va a haber. Mi hijo, en eso, va a poder descansar en paz. Aunque le den ocho años, no será lo que nosotros pretendemos, pero por lo menos paga lo que tiene que pagar.
Erika, la hermana de Yeyé que en ese tiempo vivía junto con él en San Luis, interviene por primera vez en la charla.
-Lo hubiera denunciado. Eso hubiéramos querido nosotros. Así mi hermano hubiera estado preso y nosotros lo íbamos a poder seguir viendo preso, pero no muerto. Cuando ella esté presa, sus hijos van a poder verla, pero mi sobrina no va a ver más a su padre y nosotros tampoco.
Al final de la charla, los tres salen a la calle y recorren una vez más los pocos metros que separan a la casa de los Quiroga del sitio donde el auto de Mariela y la bici de Yeyé se encontraron.
El hombre de la voz como trueno, volverá a indicar dónde vio el VW Gol, donde estaba su conductora, dónde el cuerpo de su hijo... La cruda imagen de una tragedia que hoy se revive en los tribunales.
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