Los turistas –sobre todo los más jóvenes– llevan sus heladeritas al río y a la previa, para evitar gastos extras de consumo. ¿Cómo es la diversión diurna y nocturna de los visitantes sub-30?
El dato novedoso este año, pasa por los adminículos “indispensables” para llevar a la playa. Ya no se trata de libros, las reposeras… ni siquiera una sombrilla. El imprescindible ahora es la “heladerita”. Obvio, completa de bebidas para consumir durante la tarde.
El dato es fácil de confirmar: basta sólo con observar unos minutos la llegada de los veraneantes a cualquiera de las playas juveniles para constatar que casi no hay grupo –de chicos, pero también de chicas– que no traigan consigo una conservadora a cuestas.
“Cuando llegamos estaba pesada, pero ahora ya se fue vaciando. Trajimos ferné y gaseosa”, contó a Día a Día Costi, una turista de Casilda (Santa Fe), mientras preparaba en plena playa una jarra del “elixir negro” para compartir con sus cinco amigas. Mientras tanto, alrededor todos se salpican en el río, mientras bailan al ritmo de la cumbia santafesina que sale de los altavoces de un parador cercano.
“La heladerita está de moda porque nos ayuda a ahorrar. Comprar bebida en los paradores se nos va del presupuesto… y los quioscos están lejos de la costas. Nosotros trajimos tres cajas de ferné desde Santa Fe”, apuntó Nico, “cabecilla” de una banda de nueve amigos que llegaron de Chabás hace una semana.
Y además de ferné, ¿qué llevan en esas heladeras? De todo. Desde jugos naturales hasta agua congelada, o gaseosas. Obvio, los más audaces llevan bebidas alcohólicas, “para mezclar”: vodka, Campari (el aperitivo de moda), e incluso ¡ginebra! Los mates y termos, clásicos de viejas temporadas, están en retroceso.
Anochecer de un día agitado. Las “conservadoras” comienzan a llegar al río pasaditas las dos de la tarde y se van –ya vacías– al anochecer. El grueso de los chicos, empero llegan pasadas las 16. Esas horas son, según confirman los consultados, el momento principal de cada jornada de vacaciones.
“Es acá en la playa donde los chicos y chicas nos conocemos y entablamos contacto. Si hay onda las invitamos compartir “la previa” del boliche, luego de la cena. Si es en una casa mejor; en hoteles se complica ingresar si somos muchos”, explica Sebastián, un visitante que llegó de Marcos Juárez junto a una decena de amigos, para pasar unos días en las sierras.
En “la previa” es el momento en el que vuelve a hacer su aparición “la vedette” del verano: la conservadora. Gracias a ella, los jóvenes toman y comparten un momento con sus “nuevos amigos” hasta la hora de ir al boliche: las tres y media o cuatro de la mañana.
Mientras todo eso pasa, un “delivery” entrega las entradas de boliche, “reservadas” en la playa. Compradas así cuestan 20 por ciento menos”, afirman los relacionistas públicos de Khalama.
Poco consumo adentro. “Cuando llegan al boliche casi no compran bebidas. Lógico: en parte por los precios exorbitantes (un vaso pequeño de ferné cuesta 60 pesos) pero también porque se tomaron todo antes”, reconoce el barman de una de las discos más concurridas de Villa Carlos Paz, que pide reserva de identidad.
A las 8 de la mañana, cuando las puertas de los locales nocturnos cierran, algunos se animan a seguir de after, o juntarse a desayunar un rato. La gran mayoría, sin embargo, huye a dormir. Lógico: al mediodía todos deben estar arriba otra vez, para comer, llenar la conservadora y partir al río otra vez.
Los otros imprecindibles del río
Jarrita térmica. Todos los turistas andan con esos minibidones a cuesta. Vaya a saber qué contienen, pero lo cierto es que deben mantener el frío de mil maravillas.
Tentempié. En los paradores juveniles abundan los vendedores de “sánguches” para los trasnochados que no llegaron a almorzar. Cuestan 15 pesos de salame y pan casero.
Mayas. Entre las chicas, la moda son las bikinis con volados. Los chicos siguen usando sus aburridas bermudas largas que desde hace años están instaladas.
Con ritmo. La guitarra playera pasó de moda. Para ponerle ritmo a la tarde, y acompañar al DJ de cada parador, se suele llevar guiros, que se sacuden al ritmo de la cumbia.
Accesorios. Las chicas usan pañuelitos atados en la cabeza. Tanto ellas como los chicos muestran diferentes modelos de lentes de sol.
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