Apenas lo vio electrocutándose, no dudó: con una madera le dio un golpe y luego lo reanimó.
Era la mañana del lunes 2 de septiembre y los hermanos estaban solos, porque sus padres habían salido a hacer una diligencia en el centro de Concepción. En la humilde vivienda familiar del barrio Jardín de esa ciudad, los chicos se preparaban para ir a la escuela. "Estaba estudiando cuando escuché el grito. Salí y me encontré con que la corriente lo estaba sacudiendo. Tenía los ojos en blanco y se desesperaba por soltarse. Corrí, agarré una madera y lo empujé fuerte. Sentí el sacudón de la electricidad, pero conseguí que mi hermanito se soltara del secarropas", recuerda José Manuel. Cuando se acercó a él, el susto se hizo aún mayor: notó que el chico estaba desvanecido. Y le dio la impresión de que no respiraba. Supo que algo tenía que hacer para reanimarlo.
"Le abrí la boca y tenía la lengua hundida. Entonces, la tomé con dos dedos y la saqué. Me acordé de unos consejos de emergencia que me había dado mi papá, que es enfermero, y enseguida los apliqué", cuenta. José Manuel no dudó en masajearle el pecho y hacerle respiración boca a boca. Desesperado, insistió con el procedimiento hasta que logró que Hernán recobrara el conocimiento.
"Pensé que se moría hasta que luego de unos minutos lanzó un suspiro y abrió los ojos. Estaba pálido y no paraba de temblar. Los vecinos se acercaron al escuchar los gritos de mi hermanita menor. Ellos llamaron a mi papá y lo llevaron urgente al hospital", describe. Otro detalle importante que no descuidó el héroe fue el de no haber permitido que la gente le diera agua al accidentado. "Mi papá me había dicho que a la persona a la que la agarra la electricidad nunca hay que darle agua para el susto, porque es conductora de corriente. Lo puede terminar matando", destaca.
Dolor en el pecho
Hernán llegó al hospital con arritmia y un dolor fuerte en el pecho. Luego de recibir asistencia de urgencia fue internado en terapia intermedia. Allí permaneció bajo tratamiento durante tres días. "Salió totalmente recuperado. Es que recibió muy buena atención. Le quedó la huella de la quemadura que le produjo la descarga eléctrica y un poco de dolor en el tórax, al parecer, producto de la fuerza del masaje del hermano", explica Víctor Suárez, el padre de los chicos.
"El chango anduvo varios días con miedo a todo. Incluso cuando le dieron de alta tuvo que dormir con su hermano. Lo más llamativo es que era con el que se peleaba todos los días y terminó siendo el que le salvó la vida", añade entre risas. El sobreviviente recuerda sólo una parte de la tremenda experiencia que le tocó vivir. "Ese día quería secar una ropa para ir a la escuela. Enchufé el cable del secarropas y me empezó a sacudir la electricidad. Pude gritar. Me acuerdo de que no me podía soltar y sentía que me desmayaba. Lo otro que me acuerdo es que estaba en el suelo con José Manuel encima intentando despertarme", cuenta Hernán muy serio.
"Sé que me salvó la vida. Por eso desde ese día no le peleo tanto. Me asusté un montón. Parecía que estaba soñando. Ahora no quiero ni ver un cable", añade.
Seguridad doméstica
Víctor, un auxiliar enfermero que ahora se desempeña como albañil, resaltó la enorme importancia que significa que en toda familia haya siempre alguien que sepa practicar primeros auxilios. "A mis chicos siempre les comento sobre lo que yo aprendí cuando estudié y ejercí la enfermería. Es que son consejos útiles y que, como en este caso, pueden salvar vidas. Mucha gente muere porque atraviesa trances en los que necesita atención inmediata y no la recibe", advierte.
Por otro lado, el hombre reconoce que no hay que descuidar la seguridad doméstica. "Ahora sé que tengo que mirar todos los detalles de la instalación eléctrica y tratar de colocar un disyuntor que corte el suministro ante una descarga eléctrica", admite.
Pese a demostrar sus dotes de emergentólogo, José Manuel asegura que no piensa estudiar medicina ni enfermería. "No me gusta nada de eso. Me asusta ver a la gente accidentada. No sé por qué. En este caso actué así porque era mi hermano", admite el chico. También dice que no se siente un héroe. Que hizo lo que haría cualquiera. Que el verdadero héroe es su padre, que le enseñó primeros auxilios.
No hay disyuntor para todos
A veces, por distracción o accidente, las personas pueden tomar contacto con la electricidad. Cuando una gran carga de corriente atraviesa el cuerpo humano, la persona sufre peligro si esa descarga no es interrumpida rápidamente por un disyuntor.
El disyuntor es el aparato de electricidad más eficaz para proteger la vida de los ocupantes de un inmueble, aseguran los técnicos. Ante una descarga o fuga el suministro se interrumpe de inmediato. Mientras que en los sectores del radio céntrico, el 80% de los edificios tienen disyuntores, en los asentamientos ilegales, periféricos o fiscales, nadie dispone de esa tecnología. Es por eso que la mayoría de las víctimas fatales sea de esos lugares.
"La razón básica de que no tienen ese aparato es la precariedad de las instalaciones. Si colocan un disyuntor no van a poder tener electricidad en ningún momento porque este dispositivo es muy sensible a cualquier anomalía", advirtió Miguel García, gerente de la delegación sur de EDET.
"¿Qué responsabilidad asume la empresa frente estos casos?", le consultamos. "Pese a que no disponen de título ni ningún papel de la propiedad, nosotros sólo les vendemos un medidor a fin de que tengan un suministro provisorio. De ahí en más la seguridad corre por cuenta del cliente", observó.
Un esfuerzo mínimo que salva vidas
¿Sabías que aproximadamente el 50% de las víctimas de accidentes de tránsito mortales en nuestro país fallecen durante los primeros minutos y que muchas de ellas habrían podido salvar sus vidas si hubiesen recibido la asistencia adecuada?
Las técnicas básicas de reanimación cardiopulmonar (RCP) se aprenden en cuestión de minutos. Y pueden significar años de vida para otra persona. Sin embargo, en nuestro país estos conocimientos están en mano del personal médico.
En Japón, Estados Unidos y Australia los primeros auxilios son una materia obligatoria en la escuela primaria. En Argentina, esto es por ahora un proyecto que desde fines del año pasado está en el Congreso. Con este plan pretenden que se incluya el aprendizaje de técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP) en los programas educativos de los colegios secundarios de todo el país.
De incluirse en la currícula, la formación de los "potenciales rescatadores" no demandaría más de dos o tres horas por año en cada curso. Ese esfuerzo, en la calle, podría evitar una de cada cuatro muertes inesperadas.
CÓMO ACTUAR ANTE UNA EMERGENCIA
PASO 1
Analizar la situación
Primero, hay que determinar el caso. Verificar si hay pérdida de conocimiento en la persona. Si está hacia abajo hay que girarla y ponerla boca arriba. Arrodillarse a la par de la víctima y tomarla de los hombros para verificar si está consciente o no. Después, hay que analizar si respira, si tiene latidos. Hay que abrir la boca del paciente: mirar, escuchar y sentir. Ver si se mueve el tórax. Si esto no ocurre, significa que la persona está en paro y hay que ayudarla.
PASO 2
Ayudar a respirar
Comienza la reanimación pulmonar. Primero, elevar el mentón con una mano y realizar dosventilaciones boca a boca (tapar la nariz y soplar fuerte dos segundos dentro de la boca de la persona). Luego, dejar salir el aire. Tomar el pulso, colocando los dedos en el cuello durante cinco segundos. Si la víctima no respira ni tiene pulso, alternar dos soplos y 15 compresiones en el pecho. Efectuar cuatro series y volver a vigilar si respira y tiene pulso.
PASO 3
Reanimación cardíaca
Si la víctima ha perdido el pulso, se debe proceder a la reanimación cardíaca. Colocar el talón de la mano sobre el tórax, dos dedos por encima de la unión de las costillas. Hay que poner la otra mano encima. Los codos tienen que estar firmes. Iniciar las maniobras comprimiendo el tórax entre cuatro y cinco centímetros en forma rítmica, al menos 15 veces. Luego, repetir la ventilación y maniobras. Finalmente, si la víctima reacciona, ponerla en posición de recuperación (de costado).
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