Un lejano enero de 1917, hace ya más de 95 años, un grupo de inmigrantes italianos llegados recientemente de Europa, ascendientes y fundadores de numerosas familias de la región, comenzaron a levantar viviendas precarias en terrenos pertenecientes a la estancia de los hermanos Juan y Alberto Harriet, establecimiento que abarcaba desde la desembocadura del río Negro hasta el faro.
El líder de esa cruzada para que Viedma pudiera tener un balneario sobre el océano fue Jacinto Massini, un italiano nacido en la Emalia-Romania, farmacéutico de profesión, que arribó a estas márgenes rionegrinas integrando la legión de los religiosos de Don Bosco, encabezados por los monseñores José Fagnano y el después Cardenal Cagliero.
Massini fue el encargado de la primer farmacia de la Patagonia instada por los salesianos y actuó como enfermero y paramédico, acompañando al sacerdote Evasio Garrone, éste último fundador del Hospital San José, donde su cumplió su acción samaritana Artémides Zatti, “El pariente de todos los pobres”, como lo definió el RP. Raúl Entraigas en un libro que lleva ese título.
Cuando Massini se aleja de la obra salesiana e instala su propia farmacia, frente a la Plaza Alsina, Garrone dispone que Zatti empiece a manejar la otra “botica”, como se la denominaba entonces. Hay que recordar que los gobiernos liberales del viejo territorio, animados por un marcado celo anticlerical, mandaron a detener a Zatti por ejercicio ilegal de la profesión, a quien pasearon por las calles de Viedma, acompañado por dos policías armados, hasta la comisaría.
Volviendo al tema que nos ocupa, en aquel tiempo histórico, la desembocadura del río Negro y el área del faro, constituían un paseo de fin de semana para los lugareños amigos de los hermanos Harriet y para los religiosos salesianos y sus alumnos, que concurrían más o menos asiduamente en verano para aprovechar las bondades terapéuticas de las aguas y el clima marítimo. Allá por 1900, uno de esos alumnos era Ceferino Namuncurá, quien ya estaba afectado por la enfermedad pulmonar que le causó la muerte en Roma, años después.
El periódico “Flores del campo” en ediciones de la época, principios del siglo pasado, en su columna de sociales, consignaba el nombre de las familias viedmenses que visitaban “La Boca”, como se decía entonces, y aún hoy, al balneario, y también detallaban la estadía del gobernador de turno, que invariablemente compartía incursiones de cinegética con los propietarios la estancia, los señores Harriet.
Los dueños del campo ya habían entrado en conflicto con los vecinos que concurrían cada vez en mayor número a las playas marítimas, rompiendo candados y abriendo tranqueras si fuera necesario, quienes fueron denunciados en 1919 ante el juzgado federal de Viedma por usurpación, pero la acción judicial no prosperó.
Pero a partir de 1920 los permisos precarios de ocupación se fueron concediendo y el 22 de junio de ese año la gobernación de Río Negro, por solicitud de Jacinto Massini le entregó el primer permiso para construir, y la obra se hizo sobre un terreno que se puede ubicar en la calle 4, entre 69 y 71, lote que aún hoy conserva parte de las edificación que Massini y sus sobrinos Bagli realizaron allí.
La villa marítima comenzó a denominarse balneario Massini y así figura en muchos documentos, planos, recortes periodísticos y guías postales, y se fueron consolidando, aunque llevó algunos decenios que se lograran las antigüas peticiones de los pioneros para lograr la expropiación de las tierras a los hermanos Harriet, y que fueran declaradas de utilidad pública unas 300 hectáreas aproximadamente, entre la desembocadura y el faro.
En diciembre de 1948 el gobernador Miguel Montenegro emitió un decreto inconsulto imponiendo la denominación “El Cóndor”, haciendo referencia al barco del mismo nombre de bandera dinamarquesa que naufragó en el año 1881 en cercanías del faro.
El nombre de Massini que llevaba una calle del poblado marítimo entre 1954 y 1974 fue retirado, y en un acto de estricta justicia, alumnos de la escuela primaria “Hipólito Yrigoyen” del balneario, impusieron el nombre de Massini a la biblioteca del establecimiento educacional.
Además, y a modo de reparación, finalmente a partir de 1997 una comisión especial del Concejo Deliberante de Viedma, designó a Jacinto Massini a la totalidad de la avenida costanera (calles 2 y 20) del balneario.
De todas maneras, todavía hay numerosos vecinos que requieren que “El Cóndor” retorne a su denominación originarias como homenaje a aquel empeñoso italiano, que hizo aquel balneario de minorías, de allegados a los estancieros Harriet, un lugar de esparcimiento sin restricciones para todos los vecinos de Viedma y Patagones.
Hoy, las casillas que construyeron Massini y sus parientes, fueron trasladadas por la Municipalidad a un lateral del edificio de la escuela-hogar, y un sector especialmente diseñado, permite a los visitantes evocar en vivo y en directo aquel capítulo heroico, cuando la villa marítima empezaba a nacer.
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