El comisario Ariel Silva y el oficial Humberto Salvador declararon este viernes por la mañana y por la tarde tarde, respectivamente, en el juicio que se lleva adelante contra 18 policías acusados de los delitos de subversión y otros, por los acontecimientos ocurridos durante diciembre de 2013 en esta ciudad · El relato de Silva fue más bien corto: herido en la primera trifulca que se armó cuando los manifestantes ingresaron a la comisaría el domingo, no estuvo en los sucesos posteriores; recibió una herida que le afectó la visión del ojo izquierdo · Según presenció APFDigital, Salvador, en tanto, encargado de la guardia, describió en detalle cómo fue la toma y la actitud de los policías que participaron en ella
Si bien su relato fue breve, Silva estuvo casi dos horas declarando, la mayor parte del tiempo respondiendo preguntas de la defensa. Como éstas se hicieron repetitivas, el presidente del Tribunal, Jorge Barbagelata Xavier, pidió luego que estén atentos a los dichos y que, en lo sucesivo, no obliguen a los testigos a repetir sus dichos una y otra vez.
Según lo precisó, a las 21:30 aproximadamente del domingo 8 de diciembre, la marcha de familiares y policías comenzó. Eran más o menos 200 personas, estimó. Los manifestantes avanzaron por calle Pellegrini, pasaron por frente a la Jefatura, siguieron hasta Mitre, luego hasta Irigoyen, se detuvieron un rato en el denominado “Puesto 2”, que es el Comando Radioeléctrico, continuaron de nuevo hasta 1 de Mayo y, al llegar a la esquina con Pellegrini, hicieron una breve manifestación para volver a ir hasta el frente de Jefatura. En el dintel de la puerta, estaba parado el jefe de la Departamental, comisario Lucio Villalba; unos metros detrás, dijo, se ubicó él y en tercer lugar hacia el interior del edificio, el comisario Guillermo Ocampo, jefe de Operaciones.
Las mujeres estaban delante de la movilización, algunas se subieron al cordón y se acercaron a Villalba, pidieron hablar con el Jefe, Villalba dice que es él y “de improvisto se vinieron hacia adentro”, relató.
Según precisó, media hoja de la puerta de metal donde estaba parado estaba cerrada. Trató de cerrar la que estaba abierta pero, en ese momento, vió a una señora de edad que saca de la cartera un aerosol y le arroja una sustancia irritante en el ojo derecho. “Me bloquea. Sigo tratando de cerrar la puerta, otra mujer rubia me echa en el ojo izquierdo, siento un golpe fuerte en ese ojo, puede que sea con el mismo tarro”, consignó.
“Pierdo la noción de todo. Estaba a gatas. Siento un golpe en el ojo derecho y otros más en distintas partes del cuerpo. Un rato después me levantan y me llevan al patio interno, me lavo y para la sangre que me salía de la nariz”, testimonió. En este punto, destacó la actitud del suboficial Juan José Paiva, quien lo ayudó en todo momento.
Este mismo policía es quien lo lleva a la oficina de adicionales. Pasado un tiempo “me acompaña con otro más, al despacho de Villalba. Me acercan hielo para el ojo. La cabeza se me había hinchado en el parietal izquierdo”, narró.
Con respecto a la lesión ocular, mencionó que al deshincharse, le quedó una marca redondeada en esa zona, por eso presumió que el golpe fue dado con el envase del aerosol irritante.
Por la rapidez de los hechos, Silva afirmó que no pudo reconocer a ninguna de las dos mujeres que lo agredieron y no podría hacerlo ahora tampoco. “Ambas estaban en la marcha, pero no llevaban ningún tipo de identificación”, destacó.
Silva destacó también que el tipo de sustancia que se le arrojó en los ojos fue del tipo del gas que se vende para autodefensa, que por otra parte, no forma parte del arsenal de la fuerza policial y, por lo tanto, no había en existencia en la sala de armas de la Jefatura.
· En detalle
Salvador, en tanto, hizo un racconto de los hechos desde las 20hs, cuando vio por la ventana de la oficina de guardia que da a calle Pellegrini cómo comenzaba a aglomerarse la gente en la plaza, hasta el momento en que se retira de Jefatura, en la mañana del lunes.
Este oficial es quien atendió en la guardia la llamada que advirtió, sobre las 21:15, que un grupo de personas se estaba agolpando frente al centro comercial Las Palmeritas, el primero que fue atacado, con intenciones de saqueo. Tras informar esto al jefe de la Departamental, Lucio Villalba, que permaneció con Silva en la puerta esperando a los manifestantes, volvió a sus labores a la oficina de guardia hasta que, minutos después, vio un grupo de mujeres ingresar con violencia, seguido por algunos hombres, entre ellos funcionarios policiales de civil, que a los empellones metieron a los dos jefes hacia el interior de la sede policial. Salvador reafirmó lo dicho por Villalba sobre que fue golpeado en la escalera, y lo que testimonió Silva, quien narró haber sido inmovilizado con gas en los ojos y golpeado en el suelo.
El oficial también consignó que la multitud rápidamente ganó varias dependencias de la Jefatura, incluida la guardia donde estaba él, que fue tomada, desconectándose el sistema DVR (de videovigilancia de las instalaciones) y el teléfono, que atiende los llamados de emergencia. Lo mismo ocurrió, según relató, en el Comando Radioeléctrico y la línea 221, para comunicación con las comisarías del departamento.
Reducido y corrido de su puesto, tomó algunas pertenencias y el libro de guardia y las dejó en la oficina de Antecedentes. Salvador contó que entre los primeros incidentes y la mañana, intentó infructuosamente dialogar y hacer entrar en razón a los insubordinados. “Era imposible hablar con ellos. Había gente a la que conozco de hace varios años que esta irreconocibles por lo sacado y furiosos que se veían”, consignó, al tiempo que mencionó que ni tan siquiera algunos referentes más moderados de la protesta podían hacerse oír para atemperar lo que ocurría. “No había jerarquías y se perdió la cadena de mandos”, precisó.
En distintos tramos de su intervención, puntualizó lo ocurrido en el interior con distintas figuras. Del ministro Adán Bahl, dijo que llevó en nombre del gobernador Sergio Urribarri una propuesta salarial, que no solo no fue aceptada sino que incluso fue casi imposible de explicar porque los policías amotinados no lo dejaban hablar. De Enrique Cresto, el senador departamental que fue un rato antes que Bahl a la dependencia, simplemente detalló: “Lo sacaron a los bolsazos”. También dijo que el subjefe Juan Ramón Rosatelli fue la única persona escuchada esa noche y madrugada. Un dato curioso fue cuando precisó que, dentro de una de las oficinas tomadas, la de Judiciales, estaba el abogado Juan José Bukténica, defensor hoy por hoy de un grupo de policías. En el interrogatorio, el letrado aceptó haber estado allí.
El juicio continuará el martes, cuando el Tribunal se constituya junto con las partes, pero sin los imputados, en la Jefatura Departamental a efectos de hacer una inspección ocular que permita ubicar bien los lugares que testigos e imputados citan en sus declaraciones. Las testimoniales recién comenzarán a las 9:30.
Al igual que viene pasando en jornadas anteriores, este viernes las defensas desistieron de varios testigos que prefieren abstenerse de emitir testimonio para acompañar a sus seres queridos. Sin embargo, y pese a que el Tribunal había dispuesto como restricción que sólo podría haber en el recinto un familiar por cada imputado, sólo cuatro o cinco personas asisten diariamente a las audiencias y un par se repite en todas ellas. (APFDigital)



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