El testimonio de Cristian Knack fue incorporado al expediente a través del policía que le tomó la declaración

El testimonio de Cristian Knack fue incorporado al expediente a través del policía que le tomó la declaración

Se despejaron las dudas en cuanto a su validez. No solo que sirve, sino que el valiente relato es clave para los investigadores por los datos que aporta.

Mucho se ha hablado acerca de cómo sería introducida al expediente la declaración que prestó Cristian Knack (25), la última de las víctimas de la Masacre de Panambí que perdió la vida. El joven, días antes de morir, brindó un pormenorizado relato de lo que sucedió en su casa del kilómetro 7 de la ruta provincial 5 la noche del 25 de mayo, día en que cinco ladrones coparon la vivienda y luego de asaltar a los presentes les prendieron fuego.

Se decía que el testimonio era nulo, porque el muchacho no llegó a judicializarlo. En los últimos días, se develó la forma y de esta manera caen por tierra todas las especulaciones que giraban en torno al valioso relato del muchacho: los detalles del testimonio los introdujo en su declaración el oficial auxiliar de la Policía de Misiones que lo interrogó en el Departamento de Unidad Crítica del Madariaga. El uniformado compareció en calidad de testigo y transcribió los dichos que de puño y letra le había tomado al joven.

Detalla, por ejemplo, que Cristian, el 24 de junio a las 17.35, arrancó un recorrido por el día más doloroso de su vida. Cuenta, por ejemplo, que el muchacho le dijo: “Ese día llegué a mi casa a la tardecita, mis papás empezaron a contar la plata que había llevado. Comí un pedazo de torta porque era el cumpleaños de mi hermana. Después empezamos a mirar televisión, media hora, más o menos, en el sofá. Cuando llegué eran las 19 o 19.30, estaba oscuro y lloviznaba. Ahí llegaron al menos cinco encapuchados, entraron por la puerta trasera, uno de ellos tenía un hierro en la mano y otro un revólver, no sé de qué calibre, negro y largo. Nos agarraron, querían plata. Mi papá les dijo que no había. Entonces me agarraron a mí y me llevaron a la pieza de mi hermana, me ataron boca abajo con un cinto las manos y los pies, mientras me pegaban patadas. Me pedían la plata, y yo les respondía que no teníamos, porque era fin de semana y habíamos pagado a la gente”. Fue el inicio de la masacre.

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