Son un motivo de constante queja entre los pasajeros. Es el mayor enclave de ejemplares en la Ciudad
Preocupa a los usuarios de la Terminal de Ómnibus la constante presencia de palomas en la cubierta del edificio, un problema que lleva años y que nunca se resolvió. Por los desechos de las aves, la estación de micros de larga y media distancia de 4 y 42 suele mostrar los pisos sucios y el mal olor gana los espacios de espera de los colectivos y las boleterías.
De paso obligado para miles de turistas que llegan a la Ciudad, hace años que la Terminal se ha convertido en un imán para estos animales que además de transmitir enfermedades, dañan el patrimonio urbano. Tanto es así, que años atrás un estudio encarado por una experta de la Universidad Nacional lo colocó como el enclave de mayor concentración de esta especie en La Plata, con una densidad promedio de casi tres mil ejemplares al año. Esa cifra estaba muy por encima de la Catedral, que ocupaba, entonces, el segundo lugar y el Pasaje Dardo Rocha, tercero, con unos mil ejemplares anuales.
Durante esta semana, en pleno receso invernal, el movimiento de gente en la Terminal se multiplicó, y con ello las quejas por la suciedad y los olores que generan las molestas palomas en el interior del edificio.
“La verdad es un asco”, resumió Mirta Barrionuevo, una pasajera que esperaba el colectivo para ir a trabajar a capital federal. “El piso está sucio, así que tenés que tener cuidado donde caminás, y ni se te ocurra pararte debajo de las vigas”, recomendó la mujer que concurre a diario a la estación.
Basta una rápida mirada al techo de la Terminal para darse cuenta que decenas de palomas revolotean constantemente en el interior del edificio, donde se han formado varios nidos, y son innumerables las que se alinean afuera.
“El problema no es nuevo, obvio, y está en todos lados”, reconoció Bruno Macía, “pero ya es hora de que se le encuentre alguna solución, ¿no?”. Macía, como tantos, es un usuario más de los servicios de transporte, quien “a fuerza de experiencia” dice que aprendió a no hacer fila debajo de las vigas. “La verdad que ya ni lo pensás, pero si te das cuenta, la gente no se forma para esperar al colectivo siguiendo la línea de los tirantes porque sabés que en cualquier momento te puede caer excremento de paloma”, sostuvo.
En algunos espacios, como el Museo de Ciencias Naturales, se optó por cubrir las principales esculturas y atractivos arquitectónicos de la fachada del edificio con una red de protección, casi imperceptible a los ojos, pero que contiene de forma efectiva el acceso a estos animales, evitando al menos la creación de nidos y la presencia de heces sobre las estatuas.
Fuentes comunales indicaron que permanentemente se hacen monitoreos y que, por el momento, no se ha detectado un incremento de la población de estos ejemplares en la Terminal, descartando por tanto que se esté ante una repentina invasión.
Tal ha sido el éxito con que las palomas se adaptaron a la vida urbana que en distintos puntos del mundo se han convertido en una real amenaza.
Expertos han explicado que la razón por la que estos animales eligen instalarse en lugares como la Terminal o la Catedral, radica en que en las cornisas y recovecos de los edificios encuentran “un hábitat similar al de los acantilados rocosos donde anidan en forma silvestre”. También agregaron que se trata de espacios en los que el entorno ofrece una enorme disponibilidad de alimento.
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