“Pueblo chico, infierno grande”, reza un recordado lema que hace referencia a la vida en los lugares más apartados de los grandes centros urbanos, donde el miedo, el amiguismo y el qué dirán suelen alcanzar límites insospechados.
Según narra la página web oficial de la comuna (www.belgranotur.gov.ar), se trata de una iniciativa público privada de capitales belgranenses, en la cual se están desarrollando cuatro obras: el complejo de aguas termales, el barrio cerrado con actividad náutica, el complejo de cabañas y hotelería, y la isla de cinco hectáreas para parque temático.
La carta que desató la ira
Mucho se podría intentar explicar sobre los trasfondos que llevan a un pueblo entero de unos cuantos miles de habitantes a callar ante semejantes hechos de corrupción, pero seguramente no podríamos hacerlo mejor que el ex vecino belgranense Rubén Horacio Ávila.
“Vergonzoso, ilegal e inaudito, solo puede pasar ahí, privan de todos los derechos a la generación actual y a las venideras. ¿Cómo pueden permitir que hayan alambrado el río que es público? ¿Quién es el dueño de las termas y cuánto va a ganar él en proporción a los trabajos que seguramente ha prometido darles? ¿De quién es el teléfono que figura en los carteles de venta de la casi totalidad de los lotes en venta? ¿Qué pasa con los derechos constitucionales y dónde se respeta los artículos 2.639 y 2640 del Código Civil? ¿Dónde van a arrojar los efluvios que emanen de las termas al río? ¿Quién hizo los estudios de impacto ambiental y protección del ecosistema? ¿Benefician a todo el pueblo o a un grupo minúsculo?. ¿Dónde están las voces de la oposición que no las escucho?
No quiero pensar que -como siempre- se estuvo pendiente del “qué dirán” y siempre las protestas se hicieron por lo bajo, o “el no te metás” porque el doctor Fulano o el concejal Mengano te pueden perjudicar. Muchachos, yo nací y me crié ahí, después me fui, pero nos conocemos todos, ¿verdad?. ¿Dónde está mi querido amigo Omar, que en el Concejo se preocupaba porque le habían cortado unas plantas del polideportivo y vociferaba para todos lados y, ahora, te alambran el río -a vos que nadabas junto conmigo y varios amigos más- y no decís nada?.
¿Qué maquinaria usan para las obras? No quiero pensar que las municipales. ¿Algún funcionario pidió algún tipo de medida, basada en la obligatoriedad de denunciar que le impone la ley, o no hay ninguna trasgresión?
Son muchas preguntas y fáciles de contestar, espero solamente que si algún día voy con algún nieto pueda pescar en la orilla del río, que… ¿Es de todos o se lo vendieron a alguien? Y si es así, ¿cuánto les pagaron a ustedes? Les escribo porque plata y miedo no tuve nunca y porque me llama la atención que se comenta por todos lados esta situación y nadie hace nada”.
La cruda realidad
El complejo de aguas termales es iniciativa de una asociación privada, emplazada sobre una enorme serie de terrenos fiscales, cuyos dueños son Raúl Navazio y Hugo Mandagarán. El primero de ellos es un inversor local que posee una cochería fúnebre en General Belgrano. El segundo es un martillero público, dueño de una inmobiliaria reconocida en la zona.
Pero, además, vale destacar que Mandagarán fue -hasta hace muy poco tiempo- director de Turismo del actual gobierno del intendente Germán Cestona, al momento de crearse la sociedad.
En un comienzo, previendo el alza de los terrenos lindantes al complejo, absolutamente todos ellos fueron vendidos a un precio vil. Una buena parte fueron comprados por concejales oficialistas del Frente para la Victoria, directores y secretarios comunales. Otros tantos -para ser más exactos, 22 lotes- fueron adquiridos y escriturados por Cecilia Noble, la esposa del jefe comunal.
Por su parte, el secretario de Obras y Servicios Públicos, Omar Gravagna, también compró varios lotes con una sociedad recientemente creada, llamada “Hornero Blanco”. Su idea es instalar allí un amplio complejo de cabañas, destinadas al turismo.
Sus vecinos, aunque prefieren mantener el silencio, anónimamente aseguran que para ello usa a personal municipal. “Antes de llegar a la gestión era un tipo totalmente insolvente, no se explica cómo puede llevar adelante semejante negocio”, añaden.
Como si fuera poco, este proyecto que Gravagna impulsó lo comparte en sociedad con su pareja Mariana Duarte, actual directora del hospital municipal Juan de La Fuente.
Las irregularidades de todas estas iniciativas valieron un tímido pedido de informes -sin respuesta alguna- del bloque de concejales de la Unión Cívica Radical. Allí se consultaron las razones por las que se utilizan empleados, maquinarias y combustibles que son propiedad del municipio. Además, allegados al mandatario comunal aseguraron a este medio que también se les pagaría a los obreros con horas extras de la municipalidad.
Este enorme y exageradamente fastuoso complejo se encuentra ubicado en un sitio aislado, lindante a la ribera del río, al que el intendente Gravagna llevó todos los servicios, incluidos pavimento, luz, gas y agua.
Pero la última noticia que se ha revelado y que ha indignado a los belgranenses es que, entre el complejo y el Río Salado, allí donde se encontraba el camino público conocido como “La Virgencita” -que usaban las familias de la ciudad para pasear y pescar- se decidió construir una playa de estacionamiento exclusiva para los usuarios de este emprendimiento.
¿Indignante? Todo pareciera indicar que esto es solo la punta del iceberg.
Fuente: RealPolitik.
www.realpolitik.com.ar

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