Orlando “Nano” Balbo es el primer testigo que declarará en este segundo tramo del juicio contra los represores que comienza el miércoles. Sostiene que no se está juzgando a personas sino a instituciones del Estado “que se pusieron al servicio de un proyecto perverso”.
En este proceso judicial, que comenzará el miércoles en esta ciudad, Balbo será el primero de los 250 testigos que fueron citados para declarar. Su testimonio será escuchado por los jueces que conforman el Tribunal Oral Federal el miércoles 18 de abril.
Atrás quedó la bronca por las dos postergaciones que sufrió el juicio. “Psicológicamente no es sensato posponer un juicio, uno recuerda cosas que tenía que haber olvidado hace treinta años por salud pero sin embargo los guarda, los conserva, porque yo quiero que las futuras generaciones sepan lo que pasó, para que ‘nunca más’ no sea sólo una expresión de deseo”, expresó el 7 de marzo –fecha prevista para el comienzo del juicio- cuando junto a otros testigos y organismos de derechos humanos protestaron por la postergación en la puerta del Tribunal Oral Federal.
“Las conciencias pueden volver a oscurecerse, yo tengo miedo que se esté oscureciendo la conciencia y las cosas se puedan volver a repetir y entonces lleguemos a naturalizar esos hechos aberrantes de la dictadura”, dijo Balbo quien la mañana del 24 de marzo de 1976 fue sacado de su casa por personas de civil al mando del agente de inteligencia Raúl Guglielminetti y llevado a la Delegación Neuquén de la Policía Federal donde fue golpeado y brutalmente torturado lo que le provocó la pérdida total de su capacidad auditiva.
Balbo reconoce en los organismos de derechos humanos, especialmente la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén, “que a los testigos nos alentó para que en estos largos años no bajáramos la guardia y así algún día poder estar presentes con nuestro testimonio en los juicios”. “En su momento Don Jaime De Nevares y después Noemí Labrune, entre otros, fueron los que nos dijeron ‘ustedes son testigos y la sociedad necesita de sus testimonios’. Yo me considero un testigo que vivió y vio cosas aberrantes. Eso es lo que tengo como un patrimonio cultural que hay que pasarle a las próximas generaciones, y después que hagan lo que quieran”, explicó.
Importancia
Para este hombre nacido en 1948 en Pellegrini, provincia de Buenos Aires, que jamás abandonó su profesión de maestro, y que tuvo activa participación en programas de alfabetización, la importancia de este juicio es “que la sociedad civil pueda comprender que no se está juzgando a personas sino a instituciones del Estado que se pusieron al servicio de un proyecto perverso. Esas instituciones las manejaban personas, entre ellas los 24 imputados en este juicio”.
Confesó que le corre “un frío por la espalda” cuando se habla de la Ley Antiterrorista aprobada por el Congreso Nacional y que endurece las penas para las protestas sociales. “Cómo no pensar en ella si a mí cuando me agarraron en 1976 me acusaban de supuesta vinculación con el terrorismo subversivo. Cuando no se define lo que es terrorista, a mí me corre un frío por la espalda porque eso ya lo viví, entonces uno se pregunta si no hemos aprendido la lección”.
“El Estado fue terrorista”
El derrotero de interrogatorios, golpes y torturas continuaron en la U9 donde estuvo en una celda en el pabellón de presos políticos en la que estaba, entre otros, Ramón Jure, quien solicitó atención médica para Balbo. Después de permanecer en la U6 de Rawson, en diciembre de 1977 le concedieron la autorización para abandonar el país. En febrero de 1978 llegó a Italia donde permaneció hasta el final de la dictadura en la Argentina.
El nombre de Guglielminetti a Balbo no le provoca ninguna reacción como aquella que sí tuvo cuando al regresar del exilio en Italia al verlo en la televisión como guardaespaldas. “Ahí me dije yo acá no tengo nada más que hacer, me vuelvo a Italia…”. Pero eso nunca sucedió. Cargó las enseñanzas de su maestro Paulo Freire y se fue a trabajar como maestro de adultos a una cooperativa fundada por los pobladores de Huncal, un desolado paraje cercano a Loncopué.
En todo caso, el problema de Balbo no es con quien fuera su torturador, “mi problema es con las instituciones como la Policía Federal que le dieron cobertura a Guglielminetti, porque si no era él hubiera sido otro el que me secuestrara y torturara.
Por eso hablamos de terrorismo de Estado, el Estado fue terrorista y utilizó las instituciones destinadas a los ciudadanos para ponerlas en contra de los ciudadanos”, explicó.
En cuanto al pedido de condenas para los represores y miembros de las fuerzas policiales y de seguridad imputadas en este segundo tramo del juicio, Balbo consideró que es la Justicia “la que tiene atribuciones para determinar qué condenas les corresponde”. “Lo que no quiero es que haya impunidad”, afirmó y se mostró confiado en que el Tribunal presidido por Orlando Coscia “va a cumplir con su rol”.
Por otra parte, resaltó su preocupación en que todavía no han sido juzgados los civiles y empresarios que tuvieron activa participación en los años de la dictadura. “Los militares no estaban aptos para manejar este país, como ya lo habían demostrado antes.
Si lo manejaron es porque hubo organismos de la sociedad civil, empresas y grandes capitales concentrados que le pusieron los cuadros para administrar el país, incluso los partidos políticos. Con esto no estoy inculpando a los militares pero creo que hay más responsabilidades que no están apareciendo en estos juicios”, explicó.
Comentá la nota