CV., de 13 años, fue rescatada ayer al mediodía de una casa del barrio San Martín donde la mantuvieron varias horas cautiva. Había logrado ocultar su teléfono celular y pidió auxilio a su madre. La policía ingresó de sorpresa al lugar y detuvo a dos hombres. Una veintena de vecinos intentó “linchar” a uno de ellos cuando era conducido al patrullero y entre golpes y pedradas también hirieron al chofer del móvil policial.
C.V., quien reside en el barrio Pietrobelli, se había dirigido el martes por la noche a la casa de una amiga en el barrio San Martín, pero ayer al mediodía se comunicó a través de su teléfono celular con su madre y le dijo que la tenían cautiva.
Aparentemente durante la noche del martes o ya madrugada del miércoles, cuando salió de la casa de su amiga rumbo a su vivienda, fue secuestrada por dos hombres que se movilizaban en un vehículo y trasladada a la casa donde -según el testimonio que le brindó a la policía- abusaron de ella.
En el momento en que recibió el desesperado llamado de su hija, la madre salió corriendo a la Seccional Segunda donde narró lo que sucedía. De esa manera se le dio intervención a la División Búsqueda de Personas que se comunicó al teléfono de la adolescente. Tras varios intentos, pudieron comunicarse con ella y les dijo que la tenían retenida y que la habían violado.
Aparentemente la chica había escondido el teléfono celular con el que pudo dar referencias a los investigadores de dónde estaba. Sólo pudo describirles que se trataba de una casa en un pasaje, de puertas amarillas y rejas, donde al lado había una camioneta gris.
Con esos escasos datos, los investigadores encabezados por Hugo Morales comenzaron a recorrer la zona alta del barrio San Martín hasta que llegaron a dar con el domicilio. Con la facultades que establece la Ley para poder ingresar a una vivienda donde presuntamente había una persona privada de la libertad, los policías irrumpieron en la casa y encontraron en la habitación del fondo a la adolescente junto a una cama.
Redujeron a uno de los ocupantes, que fue identificado como Jorge Fernando Zamora (45), alias “El Churrero”. Los vecinos le comentaron a Diario Patagónico que se trata de un vendedor ambulante que suele vender churros y todo tipo de masas fritas por las calles.
“El churrero”, oriundo de Buenos Aires, fue reducido en la vivienda que alquila hace dos años. Ayer cuando el propietario de la casa llegó de trabajar y se encontró con el operativo policial se tomaba la cabeza.
Personal policial de las seccionales Cuarta y Segunda, que colaboraba con Búsqueda de Personas, detuvo al otro sospechoso cuando intentaba huir del lugar. Fue identificado como Daniel Claudio Aniñir, de 47 años, conocido en el sector como “El Brujo”. Según fuentes policiales su apodo se debería a que practicaría rituales umbanda. Según los vecinos, que también lo apodan “el rengo”, señalaron que se lo veía entrar “cada dos por tres” a la vivienda que alquilaba Zamora.
Un grupo de vecinas que se juntó en la cuadra a observar el operativo le contaron a este diario que Zamora antes residía en el lugar junto a su mujer y dos hijos, pero que hace unos meses la familia ya no estaba.
Una vez rescatada, la chica fue trasladada por personal de la Comisaría de la Mujer para brindarle contención. Mientras los investigadores secuestraron en el lugar elementos relacionados a la causa que se caratuló provisoriamente como privación ilegítima de la libertad en concurso real con abuso sexual agravado de una menor de edad.
“LINCHAMIENTO”
“El Brujo” fue trasladado por la policía luego de ser reducido. Al mismo tiempo, habitantes del sector se quejaban de que no les mostraban la cara para conocerlo.
Cuando sobre las 14:30 la policía se propuso sacar de la vivienda a Zamora, unos veinte vecinos se agolparon afuera de la casa. Pedían que se los entregaran. “¡Por violín se la vamos a dar!”, “¡le vamos a romper la cabeza!”, repetían unos jóvenes encapuchados.
Cuando Zamora fue sacado bajo custodia, Diario Patagónico -único medio periodístico que se hallaba en el lugar- retrató los instantes en el que la gente se abalanzó sobre el sospechoso y comenzó a golpearlo.
Una mujer le pegaba a mano abierta y un hombre lo esperó, se acomodó y cuando lo tuvo a su alcance le asestó de lleno una trompada en la cara que sonó en toda la cuadra.
También volaron piedras, y el patrullero intentó salir como pudo entre la gente que se colgaba del vehículo para seguirle pegando al detenido.
Una de las piedras hizo trizas el parabrisas del patrullero 207, de la Seccional Segunda, y otro pegó en la cabeza del suboficial, Miguel Torres, que como pudo manejo el patrullero hasta la Seccional Segunda. Dicen que se desvanecía en el camino. Cuando llegó a la comisaría, un compañero lo llevó hasta el Sanatorio Española con heridas en su cabeza y quedó internado en observación.
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