El temporal pasó. Ahora viene la acción política concreta, que restaurará, reconstruirá, y con un poco de suerte, mejorará. Pero hay otro temporal que sigue. No es meteorológico, sino social. Es el temporal educativo.
A mediados de abril, puede decirse con objetividad que la educación pública todavía no empezó. Un poco por la tormenta, otro por el paro, otro por otras circunstancias aleatorias. Por lo que se ve en estos días, tampoco comenzará la semana entrante, en la que habrá, si no sucede un milagro, otros dos días de paro (martes y miércoles) y después, los días feriados por la celebración católica, que empalman turísticamente con sábado y domingo.
El conflicto docente no se ha solucionado en los últimos años. Pasó la zona liberada, la muerte de Fuentealba, los cortes de ruta, las movilizaciones con acampe en la plaza Roca, las marchas multitudinarias, el pedido de justicia, las culpas endilgadas por los unos contra los otros. Parece que todo eso ha pasado, o mejor dicho, la sociedad ha pasado por estos acontecimientos, sin encontrar la manera de resolver la cuestión.
El conflicto sigue, el conflicto es permanente. La educación, no.
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