Por temor, la familia atacada se fue de Cuenca XV

Por temor, la familia atacada se fue de Cuenca XV
Cansados de la situación con los vecinos, abandonaron la casa. Esperan ser reubicados lo antes posible y que la Policía cuide la vivienda.

“Nos vamos de acá. La ligamos de frente, de costado, y no vamos a esperar a que nos quemen la casa o maten a uno de mis hijos”. Mientras mudaba todas sus cosas, la vecina del barrio Cuenca XV Lorena Hidalgo dialogó ayer con La Mañana de Neuquén y pidió que su familia sea reubicada “lo más pronto posible”.

En el interín, se van a la casa de un pariente. Pasado el mediodía de ayer, cargaban muebles y electrodomésticos, colchones, ropa y todo lo que pudieran sacar de la vivienda. Un camión de mudanzas pasó por sus pertenencias. La mujer se va con su familia, pero espera que la Policía cuide su propiedad, como ocurrió semanas atrás en el barrio Z1 con una familia que fue expulsada por vecinos.

Lorena tomó esa determinación para poner fin a la seguidilla de ataques dirigidos contra su vivienda. Por la tarde, un grupo de vecinos del barrio, entre menores de edad y adultos, intentaron incendiarla. Como no lo lograron, la apedrearon y quemaron su auto Renault 12, estacionado en un patio trasero. Luego de la intervención policial, retornó la calma; y en la madrugada de ayer el conflicto volvió a recrudecer.

“Anoche fue demasiado, me corrieron a piedrazos; tiraron botellas con nafta que no alcanzaron a prender, quisieron entrar a mi casa y me clavaron una piedra en la ventana”, sostuvo Lorena. El techo quedó sembrado de escombros y piedras, y la ligó también el vecino de al lado. “Tengo cuatro denuncias, sin contar las de otros años, y no hacen nada. Me voy”, añadió la mujer.

Varias veces llamó a la comisaría, y en una oportunidad se acercó un patrullero. Mientras el personal dialogaba con ella, recordó que los agresores le tiraron una piedra que rompió un vidrio del móvil.

Los incidentes se vinculan a diferencias de larga data que enfrenta a chicos y adolescentes del barrio. Se juntan en banda y se disputan el barrio. “Son menores, pero detrás hay mayores que se escudan en ellos”, comentó la vecina.

Contra las acusaciones de otros vecinos, Hidalgo indicó que el “aguantadero” está en otra vivienda y que su familia es de trabajo. Su marido es repartidor, ella es auxiliar de servicio. “No molesto y lo poco que tengo me lo gané trabajando. No somos una familia de delincuentes”, concluyó, confiada de lograr una reubicación.

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