Cinco vecinos, cinco problemas que llevan años sin solución en la ciudad, que ya le tocan la puerta al que esta noche estrene el traje de intendente electo. Cloacas desbordadas, dispensarios sin insumos, tránsito desbocado, contaminación ambiental y noche sin control, temas que nunca salen de la agenda urbana.
Ante cada elección municipal, los cordobeses se ilusionan con ver resuelto el crónico problema de las cloacas en la ciudad. Miles de vecinos lo sufren a diario en los distintos barrios y es una de las cuentas pendientes que el nuevo intendente tendrá que afrontar. “No me importa quien sea el ganador, sólo les pido que cumplan con las promesas y solucionen de una buena vez el tema de las cloacas”, rogó Ana María de Ullmer, dueña de la joyería Ullmer.
Con 66 años en el rubro, la joyería sufrió el 7 de junio del año pasado una obstrucción en la red cloacal, en medio de un paro de los empleados de Redes Sanitarias de la Municipalidad, que inundó todos los locales de la recova del convento de Santa Teresa, en la esquina de Obispo Trejo y 27 de Abril, incluida la platería. “Fue una situación muy fea la que nos tocó vivir, imaginate, todo lleno de materia fecal”, se quejó, sin perder la elegancia, Ana María.
Además del desagradable olor, los líquidos cloacales afectaron maquinarias de joyería, las alfombras, computadoras y hasta equipos de música. “Tuvimos que cambiar hasta la puerta de ingreso, aunque algunas, muy pocas cosas, salvamos”, añadió la propietaria del lugar.
Además, con el paso de los días, mientras solucionaban los problemas, encontraron un alacrán en el lugar “producto de toda la porquería que entró al negocio con la obstrucción en las cloacas”, contó la dueña de la joyería.
“Necesitamos sí o sí que se hagan nuevas obras para tener una vida más tranquila. No pedimos mucho más, sólo que cumplan las promesas que hicieron en la campaña. No se puede seguir así, cada vez hay más edificios, nuevas construcciones, y las inversiones en cloacas no acompañan, así es muy difícil”, completó Ana María.
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“Le presté una sábana al dispensario”
Quizá sea por su doble condición de noctámbula y vecina que Cristina Castro es referente barrial en Ferreyra, en el sudeste de la ciudad de Córdoba. La mujer de 52 años vive a la altura 5692 de Armas Argentinas. Habita desde hace siete años en la esquina del centro de salud número 12, uno de los cuatro dispensarios que atiende las 24 horas en la ciudad. En sus noches en vela (“no es fácil dormir cuando uno tiene una hija enferma”), Cristina fue testigo de la llegada al dispensario de baleados, infartados y parturientas. Es como si presenciara todas las noches un programa en vivo de ER Emergencias.
“Acá se han salvado vidas. He visto criaturas y ancianos a punto de morirse. Y con los pocos elementos que tienen, los médicos y enfermeros los rescataron. Pero lo que falta en este dispensario son insumos. Gasas, jeringas descartables, un cuello ortopédico, campos. ¿Cuánto pueden costar?”, expresa la mujer en el comedor de su casa.
En uno de sus encuentros con el insomnio, Cristina salió a la vereda para fumar. Su hija Lidia padece de asma y neumonía y no puede contaminar los ambientes. Era una madrugada de enero cuando vio llegar en ambulancia a un niño con insuficiencia asmática crónica. Lo recordó porque era un cuadro similar al que una vez tuvo su hija. “Los médicos no tenían un adaptador de tres patas para conectar el nebulizador. Los vi cruzar la calle corriendo a pedir una ficha a un vecino. Por suerte el niño se salvó. Ellos siempre los salvan”, recuerda.
Cristina en persona escuchó el llamado a su puerta a la madrugada. Dice que personal del dispensario le pidió una sábana para asistir a una parturienta: “A mí no me sobra y a las sábanas las debe poner el Estado. Para eso nos cobra los impuestos”.
Entre las fortalezas del centro de salud de Ferreyra, esta vecina destaca el profesionalismo de médicos y enfermeros. La atención continua que atrae especialmente los sábados a personas de distintos barrios (Ituzaingó, Ciudad de mis Sueños, Ciudad de Palos). Muchos de ellos tienen obra social y vienen en auto. A otros, en cambio, los trae un patrullero cuando fueron víctimas de un asalto.
Reconoce que algunos pacientes, por lo general adictos a las drogas o al alcohol, maltratan al personal de salud. Pero niega que su barrio sea zona roja y destaca que después del incidente con un vecino que rompió la puerta del centro de salud a patadas, la dotación de policías aumentó.
Le gustaría que el formato de atención 24 horas se replique en el resto de los dispensarios (“siempre y cuando los doten de personal”). O por lo menos que extiendan los horarios hasta las 24.
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“Acá ver un inspector es un milagro”
El nombre con que los vecinos de Los Bulevares bautizaron a la arteria que atraviesa el barrio lo dice todo: “Avenida de la Muerte”. Por esto, el enorme problema de tránsito en el bulevar Los Alemanes será una de las cuestiones prioritarias que el intendente que hoy sea electo deberá resolver ni bien asuma en diciembre.
El rosario de reclamos al municipio lleva más de cinco años, y nació en la vicaría del barrio. “Un día, tomamos conciencia que de que la gente venía a pedir misas por sus familiares fallecidos en accidentes en la zona”, contó Juan Martín González, uno de los vecinos del barrio. “Fue algo muy fuerte y decidimos hacer algo”, agregó Adriana Molina, miembro de la Asamblea Popular Los Bulevares (APLB).
Esta realidad de “dolor y muerte”, como describió González, los llevó a motorizar un reclamo por las obras viales, que aún esperan. “Desde el 16 de noviembre de 2007, cuando hicimos la primera gran movilización con una campaña de educación vial, que estamos esperando. Ya pasaron por acá secretarios de Obras Públicas, gente de la Provincia, concejales, pero nada”, lamentó González. “En ese momento, sólo pedíamos un semáforo en Los Alemanes y Los Sicilianos para que los chicos de la escuela pudieran cruzar la avenida, pero nos dijeron que no tenían los 80 mil pesos que costaba”, agregó.
Para César Theaux, otro de los integrantes de la APLB, “ver por acá un inspector de tránsito es un verdadero milagro”. Si bien el vecino reconoce que las últimas obras en la Circunvalación “han aliviado algo el caos”, el peligro es mayor por la alta velocidad de los autos y la falta de semáforos y lomos de burro y por la gran cantidad de camiones que van y vienen a las fábricas de la zona.
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El problemático hogar de la basura
Posar la mirada sobre el relleno sanitario de la ruta 36 obliga inmediatamente a pensar en el barrio más cercano al lugar: Nuestro Hogar III.
La barriada fue un fierro caliente para la actual gestión y lo será también para el candidato que gane este domingo. Quien resulte hoy electo va a tener que trabajar con guantes de amianto en el lugar porque los vecinos están que arden. En las calles del barrio la gente pide que el vertedero sea relocalizado y la mayoría asegura que en verano, cuando suben la temperatura, el olor proveniente de las fosas con basura es intolerable.
Quieren una solución para esto y piden el respeto del resto de la ciudad. “Si van a seguir tirando toda la basura acá por lo menos que se fomente más el reciclado, que la gente no tire todo y que acá lleguen los camiones abarratodos de basura, que se acuerden que somos nosotros los que aguantamos esto”, reclamó Ana Choque, comerciante del barrio.
También piden que no se olviden de los vecinos de Hogar III Anexo, esos que se asentaron en un viejo basural y que están en una zona, por sus complicaciones ambientales, muy sensible.
“Ya nos dijeron que nos van a sacar, que nos van a mandar cerca de la Villa Angelleli, si fuera por nosotros no nos vamos, pero nos dicen que estamos en peligro porque debajo de nuestras casas hay basura. Queremos respuestas concretas, ver que nuestras casas están listas antes de dejar el lugar que construimos”, sintetizó Blanca Ceballos.
También piden. Como toda barriada periférica, los reclamos son muchos en Nuestro Hogar III. Piden que se asfalte la calle principal del barrio, por donde pasa el colectivo R11. Según los vecinos, por las fábricas que hay en la zona, los basurales y la gran cantidad de polvo en suspensión hay muchas enfermedades respiratorias en el barrio.
También más médicos para el dispensario de Los Cortaderos porque no alcanzan para cubrir la demanda. Y que mejore la frecuencia de la línea R11, porque a la mañana deben caminar hasta la punta de línea para asegurarse un lugar en el colectivo.
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Metidos en el baile
Las casas en Talleres Oeste son viejas. Las puertas de madera, las persianas entabladas, los escalones y los alfeizares de las ventanas son de granito y las veredas están manchadas por frutos de los árboles, también viejos. Pero las rejas que atrapan a los vecinos en sus propios hogares son más nuevas. Están ahí para evitar los ataques generados por los frecuentes desmanes que hay en el lugar cada vez que en el complejo Forja hay baile.
La gente del barrio le pide al candidato que hoy gane la elección que deje de haber estacionamientos improvisados de autos y motos que obstaculizan las salidas de las cocheras y, sobre todo, más control en la noche cordobesa.
“Uno ve que la Policía está cuando todos entran al baile, pero cuando son las tres se van y queda un grupo para acompañar a la salida que no hace nada mientras los chicos se pegan, tiran piedras u orinan en las puertas de las casas”, se queja Fernando Tabela, vecino que padece las masivas noches cuarteteras.
Yamila Zárate, una comerciante del barrio, dice: “Hay vecinos que en las cuadras montan estacionamientos ilegales para sacar unas monedas y ponen motos y autos tapando las cocheras, entonces uno no puede ni entrar ni sacar el auto ¿y si hay que salir de emergencia? Esto nunca tuvo solución en el barrio”.
Las pedradas obligaron a algunos a cambiar los frentes de sus casas, como el caso de Josefa. La mujer tenía vidrios en el portón de entrada y los tuvo que cambiar por chapas porque siempre se los rompían.
Para la vecina, tiene que haber más controles (policiales y municipales) cuando actúan La Mona o Damián Córdoba.
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