El chico de 11 años apareció ahorcado, el 1º de octubre, en el patio de su humilde casa. Su familia denuncia un homicidio. Un hermano más pequeño es el testigo clave.
El martes 1º de octubre, a las 17.30, Nicolás Maximiliano Valdez, un chico de sólo 11 años, apareció ahorcado en el patio de la humilde vivienda de su familia, en villa La Tela, al oeste de la ciudad de Córdoba. A esa hora, en la casa estaban él, su hermano de 9 años y otro más grande, de 14. Sus padres se habían ido al dispensario con los otros niños, ya que el bebé acababa de quemarse con agua caliente.
Cuando el de 9 se asomó al patio, cuenta, vio que por los fondos corrían dos jóvenes más grandes, e incluso identificó a uno de ellos. Llamó a Nicolás, que no respondía. Se asomó a una pieza sin techo, al fondo, y lo encontró colgando de una soga de hilo plástico. Gritó, pidió auxilio y un vecino lo llevó al Policlínico, donde ingresó ya sin vida.
¿Suicidio? ¿Una muerte accidental en medio de un juego? “Es imposible que mi hijo haya subido ahí para colgarse”, dice su padre, Sergio Daniel Carranza. El hombre, mientras habla, señala hacia el hierro que sale de la pared y que fue utilizado para atar la soga. Nicolás, por su altura, jamás pudo llegar por sus propios medios hasta allí arriba.
“Él solo no pudo haber subido nunca, tuvieron que hacerlo entre dos o más; a mi hijo lo mataron”, no duda el hombre.
Mientras habla, en el patio de la vivienda, el resto de la familia lo observa. Su mujer, Rosa, y sus otros seis hijos, todos menores de edad. Para sobrevivir, Sergio cirujea en su carro. Junta cartones y restos de plástico y vidrios. Nicolás vendía lo que su padre juntaba. También iba al cruce de la avenida Fuerza Aérea Argentina (ruta 20) y Circunvalación, donde los fines de semana ofrecía peperina junto con un amigo. “Con las moneditas que juntaba, les hacía regalos a sus hermanitas”, apunta la madre.
En el carro de su padre o a pie, desandaba las más de 30 cuadras que separan a la villa de su escuela Alas Argentinas, ubicada en barrio Estación Flores. Un alumno ejemplar, que pese a tantas carencias jamás dejaba de sonreír cuando llegaba al colegio. Asistía al quinto grado, en el turno tarde, y sus compañeros continúan preguntando qué le pasó.
Investigación
El caso, caratulado como “muerte de etiología dudosa”, está en manos de la fiscalía de Distrito 4 Turno 3, a cargo de Dolores Romero Díaz. La funcionaria judicial giró la investigación, radicada en un principio en la Unidad Judicial 21, a la División Homicidios de la Policía de Córdoba. Fuentes de la causa evitaron concluir si se trató de un asesinato.
En los próximos días, el chico de 9 años va a ser sometido a una cámara Gesell, para que pueda relatar qué vio aquella tarde del 1º de octubre. Su testimonio es clave para determinar qué pasó. Por miedo, su familia no lo deja solo ni un minuto. No asiste a clases y no se despega de su papá.
El niño relata a este diario que tres días antes de que Nicolás apareciera ahorcado, lo habían intentado matar a él.
Dijo que iba caminando por las polvorientas calles junto a un amiguito de la misma edad, cuando tres jóvenes de 17 o más años, que “estaban tomando droga”, los rodearon. Él escapó corriendo, pero al otro niño le pusieron un pañuelo con nafta en la nariz. “Después lo quisieron atar, pero también se escapó”, acota.
“Volvieron el martes, me querían matar a mí”, repite, antes de reiterar qué vio aquella tarde. Como en toda la villa, la casa de los Valdez es de fácil acceso y egreso para cualquier intruso.
Para la familia, el que ahorcó a Nicolás es un adolescente de 17 años, de Villa Martínez (ubicado al fondo de La Tela), y conocido como “el Peladito”. En caso de ser así, debería intervenir el Fuero Penal Juvenil.
¿Trasfondo narco?
¿Por qué lo mataron?, es la pregunta que surge de inmediato. Sergio no encuentra respuestas. Su mujer, tampoco.
En La Tela, aseguran que la familia había recibido, tiempo atrás, medio kilo de marihuana para vender al fiado. Se trata de una modalidad muy común en los barrios de Córdoba. Los traficantes acercan la droga, y pasan a cobrar a fin de mes. Pero, en este caso, la plata no estaba, por lo que empezaron las amenazas que terminaron con la vida de Nicolás.
Rosa niega que esto sea cierto. Sabe de los rumores. Pero asegura que jamás vendieron estupefacientes. Y agrega que, hace 10 días, este mismo joven de 17 años pasó por el frente de la casa y les gritó que iba a “cagar a tiros a todos”. No obstante, no han realizado, todavía, ninguna denuncia judicial. Es que en villa La Tela, para muchos, la Justicia es algo que aparece muy lejano.
A Nicolás lo velaron en la misma vivienda. Como no había lugar en el cementerio San Jerónimo, lo enterraron en San Vicente, en el otro extremo de la ciudad. La familia sólo tiene el carro para movilizarse, por lo que llevarle una flor suena a utopía. Casi lo mismo que conocer qué fue lo que realmente sucedió aquel martes 1º de octubre a la tarde.
“Esperamos que haya justicia, pero los de Homicidios recién están empezando de cero a ver qué pasó”, se queja Sergio.
El caso Danesa
En la 5ª. En la mañana del 17 de marzo de 2010, en un descampado de barrio Müller, encontraron ahorcada a la pequeña Danesa Carnero, de sólo 3 años. Fue detenido “Wally”, otro niño del barrio, que tenía 14 años. A las pocas horas del crimen, los investigadores aseguraban que se trataba de una “muerte accidental en medio de un juego”. Luego, que el chico de 14 años la había matado porque la niña se le burlaba diciéndole “orejudo sucio”. “Caso cerrado”, subrayaban. El primer fiscal, Víctor Chiapero, fue apartado, y en su lugar tomó el caso el fiscal Raúl Garzón, que juntó varios elementos que hacen sospechar que se trató de un “ajuste narco” perpetrado por mayores. Según testimonios reunidos en la causa, la madre habría vendido droga al menudeo y fue amenazada antes del crimen.
Temor por los niños
La familia Valdez se mudó a villa La Tela hace dos años. Antes, vivía en barrio SEP, también en la ciudad de Córdoba. Ahora, los padres teman por la seguridad de los chicos.
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