Hay espacio para el arte, la cultura, la educación y el deporte. Entre las novedades están el parque de diversiones de Zamba, el acuario gigante con peces de todo el mundo y la expo de videojuegos de todas las épocas.
La disposición de la muestra, emplazada en un predio de más de 50 hectáreas en la localidad de Villa Martelli, está organizada de tal forma que el visitante puede participar de las actividades al mejor estilo “elige tu propia aventura”. Las propuestas se dan en simultáneo en diferentes zonas temáticas bien diferenciadas. Uno de los stands más recorrido era el “Juego del conocimiento”, un espacio en donde los niños y niñas daban lugar al ingenio, la memoria y la creatividad. “¿En dónde estaba Mercedes Sosa?”, se preguntaba por lo bajo un niño mientras jugaba con el memotest gigante en el que se podían ver personalidades de la cultura como Julio Cortázar y Atahualpa Yupanqui. Es que Tecnópolis apunta, entre otras cosas, “a producir nuestros valores y a consolidar nuestra soberanía, a seguir transformando el país, a aprender, disfrutar y descubrir, y a entender mejor el mundo en el que vivimos”.
En este sentido, el musical de Zamba con San Martín, creado por la señal infantil Pakapaka, es una forma entretenida de acercar a los chicos a la historia. Con una puesta escénica ágil y multidisciplinaria, el musical recrea un capítulo de la serie en el que el Libertador organiza las milicias y se enfrenta a los realistas. La obra es tan bella y atractiva que no sólo atrapa a los más pequeños, sino también a los padres. Acrobacias, baile, títeres y el lenguaje audiovisual se conjugan en esta pieza que, por momento, rompe la cuarta pared. Del cielo, cuando San Martín está a punto de cruzar la Cordillera de los Andes con su ejército, cae una lluvia de nieve. El espectáculo se puede ver durante las vacaciones todos los días a las 14. Y la cosa no termina ahí. A poco más de 100 metros se encuentra el parque de Zamba, que cuenta con una kermesse temática, obras teatrales, una calesita, un samba y proyecciones.
Quienes alguna vez fantasearon con que Jurassic Park fuera real, no pueden perderse Tierra de Dinos, un espacio con impresionantes réplicas de dinosaurios en tamaño real que se mueven y hasta largan algún alarido. No pasan desapercibidos el tricerators, el pequeño noasaurus ni el imponente carnotaurus, una espacie de tyranosaurus rex pero más grande que habitó tierras argentinas. Sin duda, es una de las principales atracciones del predio. Es que grandes y niños se agolpaban para sacarse una foto con algún espécimen o intentar acercarse lo más posible. Alguno que otro salía despavorido ante los rugidos. A lo largo de dos ediciones anteriores, la megamuestra reunió a más de ocho millones y medio de personas y se espera una mayor convocatoria.
Una de las novedades este año es la exposición internacional llamada Evolución Humana, ubicado en el pabellón Ciencia para Todos. En el marco de un convenio entre el Ministerio de Ciencia y Tecnología y la Junta de Castilla y León, de España, la muestra hace un recorrido por todos aquellos hitos que marcaron todo el proceso evolutivo y se pueden ver réplicas de los homínidos más importantes que protagonizaron las diferentes etapas de la evolución. “El recorrido parte del bipedismo, que permitió la liberación de las manos y, por ende, la capacidad de producir herramientas (la aparición de la tecnología)”, le explicó a Página/12 Rodrigo Alonso, uno de los coordinadores. “Luego hicimos hincapié en otros hitos, como la variación de la dieta a lo largo de todo el proceso, la aparición del lenguaje, el simbolismo y luego el arte”, detalló Alonso. La intención fue construir un espacio para el que el público pudiera “comprender lo que somos. Somos herencia, fruto del propio proceso evolutivo, de la selección natural, como diría Darwin; pero también somos fruto de una selección técnica, de una evolución cultural y del trabajo en comunidad”.
El eje central es “conocimiento” y sobre ese gran concepto giran todos los pabellones. “Hay que romper con la idea de que la matemática es algo aburrido y difícil”, es el gran lema de Adrián Paenza. Bajo esa premisa, el pabellón dedicado a esta ciencia exacta propone demostrar que los números también pueden ser divertidos. Cada juego invita al público a entender una regla matemática. Y hay rarezas, como la bicicleta que funciona con ruedas cuadradas sobre una superficie irregular ¡Y funciona!. Aunque parezca menor, hay algo muy destacable en Tecnópolis: no existe el “eso no se toca”. Todo es interactivo y participativo. En estas vacaciones, los padres pueden dejar “libres” a sus niños sin miedo de que toquen algo indebido. A lo largo y a lo ancho del predio hay esculturas gigantes, maquinarias agrícolas, piezas de astronomía y muchos rincones verdes para hacer un descanso.
Otra de las curiosidades y sitios más recomendables es el acuario, en donde confluyen peces marinos y de agua dulce provenientes de Africa, Asia y Argentina. En las peceras que visten las paredes, exóticas especies, como el pez payaso, llaman la atención del público. “Es Nemo, es Nemo”, gritan y coinciden los chicos. En el stand de Brasil se destacan los sectores vinculados con la química, aeronáutica y tecnología. También llama la atención la Zona Videojuegos, un espacio que apunta principalmente al público adolescente y que invita a descubrir uno de los sectores de las tecnologías de la información y la comunicación con más potencial en el país. En tanto, el pabellón Pasiones Argentinas está dedicado a los cuatro deportes más populares del país: fútbol, automovilismo, basquet y boxeo. Y también es recomendable la Fábrica de Sonidos, una propuesta diseñada por El Choque Urbano para interactuar con músicos y bailarines y ejecutar todo tipo de objetos reciclados. Aquí, tachos de metal, caños, sartenes y todo tipo de elementos cotidianos se convierten en instrumentos. Todo es posible en Tecnópolis.
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