La Noche de los Teatros fue una propuesta que recogió adhesiones, aplausos y abundante público en las salas de la ciudad.
Hay una historia que talló fuerte en el teatro neuquino y que la herencia del espacio hace posible que el recuerdo se mantenga vivo.
En calle Misiones 234, funcionó el Teatro del Bajo. Un espacio construido “a mano” por los mismos actores y amigos que se acercaron a apostar a un sueño: el de la sala propia.
Muchas cosas pasaron allí: en la dictadura fue un faro, un desafío, una esperanza. En los años siguientes fue la trinchera del empecinado quehacer de los que aman el arte en todas sus manifestaciones.
Con aciertos, pruebas, experiencias, preocupaciones, el espacio sigue en pié con sus valores indiscutibles.
Figuras emblemáticas del teatro argentino visitaron el lugar, trabajaron en él y dejaron su sello imborrable: Salvador Amore dirigiendo la primera obra de la temporada con “Trecientos millones” de Roberto Arlt, y luego “Heroica” con la presencia de Osvaldo Dragún, su autor, Victor Mayol dirigiendo “La celebración” de R. Alberti, “Historias tendenciosas de la clase media “ de Ricardo Monti, “Trabajo pesado de Máximo Soto” y “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca con la codirección de otro excelente director : Fernando Aragón, y mucho más, marcaron una época difícil de superar.
Eran otros tiempos, como una definición que conforma lo que poco se puede explicar en todos los ámbitos del quehacer humano.
Actores y directores de la zona hicieron lo suyo: nombres que ya no están y representan lo que el Teatro del Bajo escribió para la historia. Un listado de las más de veinte salas que a lo largo de treinta años se abrieron para la actividad. Todo, o casi todo, se dio en la noche del homenaje: presencias y ausencias, arriba y abajo del escenario. Pero también, una radiografía de lo vulnerable de la memoria que muchas veces se somete al prejuicio de quienes deberían ser tan amplios como el mismo arte que defienden.
Todos saben que nada es tan generoso como para romper las barreras entre los que piensan distinto.
Lo cierto es que lo que se vio, ocurrió. En ese sentido no hay nada que lo modifique: dos formaciones murgueras de la zona, pusieron nota de ritmo y color en la apertura por la Avenida Argentina anunciando el acontecer a los sorprendidos transeúntes.
Representantes de las salas mencionadas distribuyeron las invitaciones personalmente. Hubo abrazos, reencuentros, entusiasmo. La gente bailó frente a las salas con alegría: folklore y milonga en el Arrimadero y en Araca, fin de fiesta en la sala Del Viento , hasta la madrugada.
Lo que marca el inicio del año, es el final de las tradicionales fechas de vacaciones de verano y el comienzo de los ocres que anuncian el otoño. Esta vez, muchas escuelas cerradas, imponen un paisaje desolado y preocupante.
Ojalá que desde la actividad artística, la rueda de lo posible siga su marcha. El teatro es un eslabón muy fuerte, no conoce de paros ni huelgas, pero sí de lucha silenciosa para mantener su vigencia.
Ese es el modo de decir: estamos, seguimos, podemos. Que esta Noche de los Teatros, sirva para marcar la diferencia.
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