Vecinos denuncian que las de agua “se doblan fácilmente” y alertan por accidentes
Una vecina, Alicia Bucci, camino a la sede de la dirección de Cultura y Educación, sufrió un traspié, justamente, por caminar por la cuadra de 57 entre 12 y 13, y, sin advertirlo, pisó una de esas pequeñas cabinas subterráneas dispuestas en la vereda frente a los domicilios. Terminó con el tobillo torcido.
Por lo general, según dijo, la vecina es cuidadosa y pone atención por donde camina porque, señaló, “conozco las consecuencias”. Pero en esta oportunidad se fió y no miró hacia abajo. “Pisé una tapa de ABSA y me doblé el pie. Y eso es porque no sirven; se levantan al pisarlas. Eso pasa con todas las nuevas que colocaron en los medidores de agua de las veredas”, precisó la mujer a la vez que se quejó por quiso plantear el reclamo en el número telefónico que figura en la boleta de la prestataria y no pudo dejar asentada la queja. “Me dijeron que las denuncias por razones generales debo hacerlas personalmente”, añadió.
Las “trampas” urbanas
En la Ciudad, se sabe, hay decenas de escollos que se interponen en el andar de los peatones. No hay casi veredas en las cuales la totalidad de las baldosas, por caso, esté en buenas condiciones. Lajas levantadas o rotas, grietas, y a veces restos de obras de reparación de las empresas de servicio convierten a esos sectores de la vía pública en una “trampa”.
Producto de trabajos de reparación, de obras en construcción o simplemente del deterioro por el paso del tiempo en distintos sectores céntricos hay huecos, aberturas con las que puede tropezar un nene, una persona mayor con dificultades para caminar o alguien que en un momento de distracción no advierte el peligro.
La situación, por lo general, se complica en las horas de la noche, cuando la luz es más escasa y ese tipo de obstáculos se esconde en la oscuridad sin que sea fácil que resulte advertido.
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