Puro esfuerzo. La T, con pocas luces en La Pampa, renegó feo con Ferro, la cancha y su falta de ideas. Pero venció y lo necesitaba.
Ni mirar el partido. Ni pensarlo más. Ni volver a pensar en eso. Es que, además, quizás hay poco para analizar. Lo que es Talleres hoy es la necesidad misma. Ni pensar en nada más. Ni en el descenso que ya se fue. Ni en los errores cometidos semanas atrás. No hay que pensar mucho menos en el arranque fallido de este torneo que siempre lo agarra cruzado al Matador.
Esto es Talleres, carajo. El reniegue en las malas. El esfuerzo en las peores. Y el aguante. El maldito y repetido aguante de siempre.
El triunfo de la T 1-0 ayer ante Ferro en General Pico de La Pampa no será recordado. Jamás. Nadie se acordará de que fue un partido chivo, pero ni siquiera por la inferioridad del rival, chivo porque aún este Talleres juaga contra todos esos fantasmas que lo acosan. Que encima se nubla con los cambios de “estados” que se le presentan en el trámite. Entonces, ante esa irregularidad anímica y futbolística, es cuestión de sacar otra cosa. De bajar los ojos al pecho. Y de meterlo como le salga.
Por eso no hay que recordar que no se podía hacer dos o tres pases seguidos. Porque no había manera de que la pelota llegara bien tratada a las áreas. Porque los espasmos ofensivos se precipitaban de repente y parecía que todo podía cambiar. Mejor no acordarse de las grandes lagunas de hoy y de siempre. La que parecen llegar hasta el cuello de las ideas futboleras que no asoman a la superficie.
Esto es Talleres, carajo. El sufrimiento, una vez más, en el camino espinoso de la peor época deportiva. Por eso, escucharlo al entrenador Sergio Coleoni sí tiene una justificación en sus dichos: “Nosotros teníamos que ganar. Estoy muy contento con el equipo, pero no con el partido jugado porque pueden dar mucho más. Estoy contento por la actitud. Por la entrega. Por elsacrificio en cada minuto. Eso me hace confiar mucho en mis jugadores”.
Nobleza obliga, de la mano de un resultado que se modificó casi faltando 15 minutos para el final, es más que entendible. Entonces, aún en la desidia de ideas, en el “no-fútbol” hay tiempo para reinvernatarse: “Ya en el segundo tiempo sabíamos que (Marcos) Godoy (autor del gol del triunfo) iba a ser fundamental y por eso tomamos la decisión de quedarnos con tres delanteros”.
Entonces Coleoni reinventó en la marcha del juego la forma de la cuestión, quizás no aún el fondo. Porque al equipo le falta florecer. Está brotando. Y eso es bueno en esta primavera que empieza a dibujar una sonrisa.
El triunfo de Talleres de ayer es un triunfazo por la necesidad. Por la chance de acortarle puntos al líder, pero no es un triunfazo aún por el rendimiento. Para eso queda un trecho. Pero, de la mano del resultado, quizás la cosa comience a transformar.
Es como que volvió el alma al cuerpo. Pero nadie se acordará de este partido. De la falta de ensamble. Aunque el campo de juego (desastrozo) sea una buena excusa. Talleres tenía que ganar. Y ganó para volver a creer. Para soñar. Para pensar que de una buena vez, había que enderezar el barquito, vestido semanas atrás de “Titanic”. Pero no, se puede salir a flote.
“Había que ganarlo con corazón, con entrega y solidaridad hoy no se pudo jugar y el equipo se brindó”, Sergio Coleoni
“Dejan la vida en cada pelota y es primordial. va a llegar el momento que empecemos a encontrar la confianza”, Sergio Coleoni
Comentá la nota