Talleres de oficio tras las rejas, forma de reinserción

Talleres de oficio tras las rejas, forma de reinserción
Los trabajadores cobran por destajo. Aseguran que lo hacen para mantenerse ocupados y para tener otra posibilidad cuando salgan en libertad. Algunos productos se pueden comprar.

En el encierro de los calabozos los días son más largos. El calor es incinerante y el frío roe los huesos, mucho más aún que en la intemperie. O al menos esa es la sensación.

Esto lo saben, y muy bien, los mendocinos y mendocinas que se encuentran cumpliendo condenas en los distintos complejos del Sistema Penitenciario de Mendoza por distintos delitos cometidos. No obstante, todos ellos saben que algún día, tarde o temprano, recuperarán la libertad y volverán a pisar las calles y veredas, por lo que están aprovechando sus días en cautiverio para formarse, aprender y tener una nueva herramienta laboral por medio de los talleres de oficios.

"Es una buena terapia para no estar en el pabellón. Salís a despejar la cabeza. Ahora estamos haciendo juguetes que se van a regalar a los chicos para el Día del Niño y muletas; y sabés que lo que estás haciendo es para ayudar a alguien. Eso está bueno", se sincera Humberto, un interno de Boulogne Sur Mer que pasa sus días aprendiendo y confeccionando muebles y artículos en el taller de Carpintería. De paso, sueña con poder seguir trabajando de eso cuando recupere la libertad.

En total, son 433 los presos que están trabajando en la Unidad de Producción Penitenciaria (UPP) distribuidos en los complejos Almafuerte, Boulogne Sur Mer y San Felipe. Los trabajadores cobran por destajo (de acuerdo a lo que producen), aunque sólo se les entrega 30% del total en calidad de fondo disponible. El resto permanece en un fondo de reserva hasta que recuperen la libertad.

"Hay dos tipos de talleres. Unos de ellos son los productivos, en los que se confeccionan productos para empresas que tienen convenios con el Sistema Penitenciario. En estos, las máquinas con que trabajan los muchachos son aportadas por las empresas, así como también la capacitación. Y están los propios, donde lo elaborado se usa dentro de los complejos y se saca a la venta", explica Juan Pablo Rodríguez, jefe de la UPP.

Textiles, costura, zapatería, carpintería, mimbre, totora, pintura, imprenta, herrería, premoldados de hormigón, tallado y carpintería son los talleres disponibles.

En primera persona

Como suele ocurrir con cualquier aspecto de la vida cotidiana, vivenciarlo y recorrerlo es mucho más productivo que el ultra cómodo "que te la cuenten". Por esta razón, Los Andes recorrió durante la mañana del jueves las aulas de los talleres ubicados en San Felipe y Boulogne Sur Mer para, además de apreciar los productos terminados y cómo los trabajan en sus manos, compartir con algunos hombres sus vivencias y experiencias.

(Nota del Autor: en el desenlace de esta nota no se ahondará en las condenas de los entrevistados ni en los delitos o circunstancias que los llevaron a pasar sus días tras los muros. Simplemente porque no son datos que hagan a la noticia en sí).

"Hace un año estoy haciendo el taller de Imprenta. Me gusta, porque ?el maestro' me enseñó algo nuevo y me parece muy interesante. Antes he estado en otros talleres, pero éste me gusta porque aprendo un oficio en el que voy a poder seguir trabajando cuando salga. Y de paso te saca de todo lo que pasa acá adentro", cuenta Pablo mientras manipula una de las pesadas máquinas.

"El maestro" es para ellos el agente penitenciario que tiene a su cargo cada taller y que es quien los capacita previamente. Y en el aula de imprenta se confecciona toda la papelería que se usa no sólo en ese complejo, sino en todo el Sistema. Desde las fichas hasta las constancias del cuerpo médico forense.

"Acá se les enseña todo: el espesor de las hojas, cómo se pega con cola. Hay diez internos trabajando en el taller y cada uno tiene su especialización, como ocurre en cualquier imprenta", agrega Iván Cortés, "maestro" del taller.

Máximo y Darío, por su parte, terminan de trabajar en dos cuadros tallados y pintados en madera. En uno de ellos se puede identificar la figura del oso Winnie Pooh y en el otro una postal de la película Cars. Están en el taller de Tallado y Jardinería. "Me gusta dibujar, el arte en general me apasiona. Es una libre expresión, y cuando es redituable es más sonriente", se anima a la metáfora Máximo. "Y te mantenés ocupado en otra cosa", agrega Darío.

En el taller de Costura se confeccionan las prendas de la firma Uniformes Mendoza y, junto a la constructora Pierandrei (que participa en los talleres premoldados de hormigón), son las dos empresas que trabajan en conjunto con el complejo penitenciario de Boulogne Sur Mer. Allí, mientras termina de repasar un molde de pantalón por la máquina de coser, Jorge comparte sus vivencias.

"Estuve un año terminando la escuela y vine para acá. Lo hago porque me gusta; pero, principalmente, para ayudar a mi familia con la plata que gano. El corte ya viene hecho y lo que hacemos nosotros es unirlo y armar el pantalón", explica.

En el complejo vecino, el de San Felipe, también los talleres se dividen entre los propios y los de empresa. El de Zapatería, a cargo de la firma Calzados Cuyo SA, y el de Herrería y Carpintería como propios.

"Es muy importante el aprendizaje que nos deja para el día de mañana. El poder salir con un nuevo recurso para trabajar en la calle es muy bueno. Yo en Almafuerte hice uno de Electricidad, pero éste me gusta mucho. Pasé de no saber hacer nada a tener un trabajo", explica Ariel, quien lleva dos años en el taller y es uno de los de mayor antigüedad entre los 30 que trabajan.

"Es gente con mucho ánimo de aprender. Los internos que llevan más tiempo se transforman en tutores de los más nuevos y así va funcionando. Prácticamente esto funciona solo", agrega Emilio Riveros, propietario de Calzados Cuyo.

En Carpintería se producen muebles que no sólo salen a la venta, sino los que también se utilizan en dependencias penitenciarias (como es el caso del Instituto de Formación Penitenciaria). En Herrería, en tanto, "nacen" los preferidos de los compradores particulares: los chulengos y parrillas.

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