Talleres, a destiempo. Le adelantaron el partido con Brown y no se adaptó: perdió 0-1 y todavía no le tomó el tiempo a la B Nacional.
En Talleres todos sabían que era el momento de ganar. Que era tiempo de mejorar después de haber terminado pidiendo la hora en Santa Fe, ante Unión. Y no sólo no lo hizo, sino que además jugó el peor partido de los tres que disputó en Córdoba. No convirtió goles y apenas computó un par de arribos de peligro. Cumplió una pobrísima actuación y perdió frente a un rival que se conformaba con no perder. Lo único rescatable en la derrota, si se quiere, es que debería funcionar como despertador. Para reaccionar, porque el equipo no responde tácticamente y los jugadores no lo hacen individualmente.
Así empezó el torneo. Después del tiempo de sonrisas en la previa, en el clásico con Belgrano y en el amistoso con San Lorenzo, llegó la hora de la verdad, el debut ante Sarmiento. Y aunque el equipo estuvo dos veces arriba en el marcador (finalizó 2-2) en los últimos minutos casi lo pierde por esa bomba de Andrizzi que explotó en el travesaño.
En la segunda fecha, empezó perdiendo con Douglas Haig y jugó contra reloj gran parte del segundo tiempo. Apurado, vertiginoso, queriendo meter el segundo gol antes que el del empate. Y terminó igualando en uno. En medio, se le acabó el tiempo en la Copa Argentina, con la inesperada caída ante Estudiantes de Caseros y una actuación en falso.
Y después, el angustioso empate con Unión, cuando los segundos se le volvieron eternos por el abrumador dominio Tatengue. Y ahora, esta derrota que atrasa. En el puntaje (apenas tres unidades de 12 en juego, nueve en el Kempes) y en lo futbolístico.
Hora clave. El equipo no aparece, más allá de que Cacho Sialle intenta activar la maquinaria con continuos cambios. En las cuatro fechas, y en el choque por Copa Argentina, modificó la formación sin resultados a la vista.
De aquel debut con Sarmiento pasó a jugar por la Copa sin escalas, metiendo mano en el esquema y utilizando una línea de tres que falló y debió trastocar sobre la marcha. Y Barrionuevo, quien había sido titular ante los de Junín y ni siquiera viajó a Chaco, después reapareció entre los once ante Douglas. Y fue figura.
En ese partido volvió el Gaby Carabajal, luego de la penitencia, pero perdió al goleador Klusener por una falta en la prórroga. Y en la visita a Santa Fe, otra vez Sialle pateó el tablero: salió el Tin Díaz, el administrador de los tiempos que todavía no marca la diferencia en la categoría. Y la apuesta salió mal. Y resultó peor contra Brown, por las zozobras ante La Fragata por un sistema que hizo agua.
Salió y entró el Tin; entra y sale Barrionuevo; entra y sale Brítez Ojeda (sin que se note); entró y salió Bottino (el de los goles importantes); ya no entró Sánchez Sotelo (el de los goles prometedores); entra Salmerón (y no la mete)...
Demasiados cambios de nombres y de planteos, en un equipo que no se termina de acomodar ni en la cancha ni en la divisional. Falta mucho por delante, es cierto. Sin embargo, el tic tac pone impaciente al público y el propio Sialle dejó en claro que se vienen fechas determinantes.
Hora de activar el despertador.
Cambio Continuo. En las cuatro fechas, La T nunca repitió formación. Hubo en total 10 cambios (obligados los de Aguiar y Klusener).
Sistemas distintos. Cacho Sialle arrancó con un 4-4-2. Por la Copa falló con un 3-4-1-2 y ante Brown intentó un 4-1-2-3 que no funcionó.
Entran y salen. Sánchez Sotelo pasó de titular al banco y después, afuera. Vega, igual. Bottino, en discontinuo. Y vendrían más cambios...
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