En Jesús María funciona un taller que elabora productos riquísimos, y con un personal muy especial. Ahora sumaron servicios de catering.
“El taller es una constante enseñanza: desde manejar máquinas, hornos o cuchillos, hasta cuidar cada detalle de higiene, como tener las uñas bien cortitas, limpias y sin pintar”, acota Elba Zapata, profesora de arte e impulsora de la idea hace casi 15 años. “Se busca que la gente confíe en que pueden hacer cosas de calidad”, reflexiona.
“Yo les daba clases de arte en una institución que cerró, y sentí la necesidad de seguir trabajando con ellos… Así que empecé enseñando artesanías, después iniciamos un pequeño emprendimiento fabricando trapos de piso y rejillas, y así fue que esto se hizo cada vez más grande y nos iniciamos en los productos alimenticios”, relata la mujer que aún hoy, junto a dos tutoras, continúa al frente de la organización de la que participan 30 personas especiales.
Son más de las 11, y la producción está en su mejor momento. Vestido completa e impecablemente de blanco, con cofias y barbijos, el grupo trabaja la masa en sus diferentes etapas. Algunos están en el proceso de amasado, otros en la etapa de estirado, y los demás se ocupan de recortar los discos para empanadas y los cuadrados para pastelitos. Están contrarreloj para cumplir con un pedido.
“Nos manejamos con encargos, todo de boca en boca, porque como trabajamos sin agregar ningún tipo de conservante, nuestros productos se tienen que vender y consumir frescos”, explica Nelvy. Mientras, ultiman detalles del evento para el Día del Síndrome de Down, que se celebra cada 21 de marzo. Para conmemorar ese día realizarán una conferencia a cargo de especialistas desde las 10 –el lugar aún no está confirmado–, y luego actividades artísticas en la Plaza Pío León, para culminar a las 13 con un almuerzo a la canasta.
Innovar. Desde los últimos meses de 2012, incorporaron un nuevo servicio que gusta y entusiasma mucho a los integrantes del Taller: Servicios de Catering. “Llevamos todas comidas hechas con nuestros productos, más tarteletas que también aprendieron a hacer, y sumamos un mozo de oficio que los coordina”, explica Nelvy.
Elba señala que disfrutan mucho de cambiar la rutina, algo que “lamentablemente” no ocurre tan seguido, y valora la capacidad de innovar que ha adoptado el taller a lo largo de estos casi 15 años de funcionamiento.
Ya no como presidenta, sino como madre, Nelvy lanza una reflexión: “Estos chicos dejaron de estar en sus casas sin hacer nada para aprender cosas, tener tareas, desarrollarse… Acá y ahora, son ‘alguien’, y eso no tiene precio”.
Todo a pulmón. El emprendimiento se sostiene con muy pocos recursos externos: algunos jóvenes reciben becas y al resto se las abona la Comisión Directiva. Las dos tutoras son beneficiarias de un subsidio de la Nación que no cobran desde febrero de 2012. “Estamos afrontando esos pagos nosotros –detalla Nelvy–, con lo que sacamos de los eventos, porque con las ventas recaudamos lo justo para comprar insumos”.
“Con urgencia necesitaríamos la colaboración de una terapista ocupacional, es muy importante para que esto funcione, pero no conseguimos a nadie”, pide la mujer.
El salón en el que funcionan desde hace tres años se construyó en un terreno que donó la Municipalidad de Jesús María, y con eventos fueron, poco a poco, levantando el edificio. Hay un oficina de ventas y una sala de estar a medio construir, que planean terminar en el corto plazo.
Hace un año, el grupo fue víctima de un robo y posterior incendio en el depósito, que pudo reponerse gracias al aporte de la comunidad local que se solidarizó en contra del acto vandálico.
Cómo ayudarlos. Quienes deseen y puedan colaborar con el taller, deben comunicarse al teléfono (03525) 44-5462.
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