La Justicia podría condenar mañana a Raúl Taleb por hechos ocurridos hace incluso 25 años. Es solo un tipo con mala suerte o el representante de una forma de ser de la dirigencia política entrerriana a la que los jueces ahora miran diferente
Peter Capusotto pudo haber imaginado la escena. El viejo agenciero del pueblo asegurando ante el juez que el dirigente político acusado de enriquecimiento ilícito sacó la quiniela hace más de 20 años, como una forma de explicar su crecimiento patrimonial. Y los jueces, fiscales y defensores enredados en la discusión sobre si sacó el 446 a la cabeza porque era el número de la patente del Siam Di Tella del marido de su tía Zulma, o si en realidad ese día salió el 58 y el acusado nunca pudo haberle jugado porque no hay registro de ahogados en su pueblo durante esa semana... y en el medio, algún economista tratando de calcular cuánto vale el dinero que en ese entonces era el premio ganado, luego de varias devaluaciones.
No es lo que pasó la semana pasada en Tribunales, pero en algún punto se le parece. El dirigente peronista diamantino Raúl Abraham Taleb está acusado de haberse enriquecido de manera ilícita durante parte de su prolongado paso por la gestión pública, más específicamente entre 1991 y 2003. Uno de los datos centrales de la causa es que él sostiene haber comprado un departamento céntrico en Paraná con dinero ganado a la quiniela, y el agenciero tuvo que pasar por Tribunales para hablar del tema. Es el mismo departamento que el fiscal quiere decomisar como parte de la pena.
Si bien puede considerarse impropio hacer pronósticos sobre el fallo, cuyo adelanto se dará a conocer mañana; tratándose de una causa en la que se incluyen cuestiones de azar, realicé un pequeño sondeo entre siete dirigentes peronistas, cuatro radicales y tres periodistas, sin tomar apuestas por supuesto.
La idea generalizada es que Taleb recibirá una condena a prisión menor a los cuatro años pedidos por los fiscales, digamos dos años o dos años y medio, y que por lo tanto tendrá carácter condicional; y también que probablemente le quiten el famoso departamento.
El fallo
Mañana la señora de los ojos vendados dará su veredicto a través de sus operadores terrenales y ajustándose a códigos y técnicas jurídicas. El acusado dispondrá luego del fallo de una instancia de apelación ante el Superior Tribunal de Justicia.
Al margen de lo estrictamente legal, el caso tiene otras aristas interesantes. Permite preguntarse por ejemplo si el que está en el banquillo de los acusados es solo un dirigente con mala suerte o representa además una forma de ser de la dirigencia política de su tiempo. Es necesario hablar de su tiempo porque tras su paso por la Embajada de Cuba (que dejó en 2004 en el marco del caso de la médica Hilda Molina) y luego por el Senado provincial, Taleb salió de los círculos principales de la dirigencia peronista y hoy es casi un jubilado en ese plano, al que incluso una eventual absolución no le devolvería su viejo protagonismo.
Los 90
Taleb fue diputado provincial durante 12 años consecutivos. Fue un miembro de lo que entonces se conocía como La cooperativa, que podría definirse como un grupo de dirigentes departamentales del PJ con una importante cuota de poder, que eran ineludibles a la hora de las definiciones importantes, como por ejemplo la de los integrantes de la fórmula gubernamental. Pocos de ellos llegaron a integrarla, pero quien quisiera estar allí necesitaba su apoyo. Generalmente eran diputados porque a ese cargo se llegaba más trajinando la ardua interna del justicialismo (cuyo clímax era el congreso que definía el orden de la lista, cuando había congresos) que la campaña de la elección general. Ir de candidato a senador era más complicado -excepto en Concordia- y a intendente, más todavía. Los miembros de La cooperativa no eran diputados que terminado el mandato tenían que ver qué hacían políticamente, sino más bien protagonistas estables del ballet peronista de ese entonces.
En esos 12 años, el PJ tuvo mayoría en Diputados en dos períodos, entre el 91 y el 99; y fue minoría durante la segunda gestión de Sergio Montiel, aunque con el quiebre del bloque de la Alianza se formó un megabloque opositor que incluía al PJ y a radicales díscolos.
Fueron diputados esos tres períodos consecutivos con Taleb el uruguayense José Elías Ferro, el ya fallecido dirigente villaguayense Carlos Fuertes y el exgobernador Sergio Urribarri. Compartió también el bloque durante cuatro años con José Salim Jodor y ocho con su hijo, Eduardo José Jodor. Igualmente fue compañero de bancada durante ocho años con Héctor Alanis, Hugo Berthet, Eduardo Marín y con Orlando Víctor Engelmann; todos nombres de peso en la historia del peronismo entrerriano previa al urrikirchnerismo.
También fue senador, entre 2007 y 2011, durante el primer período de gobierno de Urribarri, compartiendo el bloque con Héctor Strassera (Concordia), Eduardo Melchiori (Islas), Santiago Gaitán (Paraná), Aldo Ballestena (La Paz), Hernán Vitullo (Gualeguay), y el hoy juez Mariano López (Colón), entre los más recordados.
Más allá del ejercicio de memoria que implica esta enumeración, surgen al menos un par de datos importantes. Lo dicho antes, Taleb fue un protagonista central del peronismo entrerriano al menos durante dos décadas. Formó parte de ese sistema de construcción política y tuvo en ese aspecto similitudes con otros dirigentes coetáneos. Además, pese a que nunca fue candidato a cargos ejecutivos, tuvo la ratificación del voto popular, especialmente cuando se postuló para senador.
Ante el inminente fallo, cualquier entrerriano podría preguntarse si aquella denuncia del exdiputado nacional radical Rodolfo Parente persiguió en su momento un claro objetivo de justicia o si se trató de una cuestión más vinculada a la campaña. Ninguna de las hipótesis invalida ni por asomo la causa judicial, pero la segunda permite preguntarse porqué sí a Taleb y a otros no.
Y también preguntarse si es razonable que hechos de esta naturaleza se juzguen 25 años después de ocurridos (la denuncia abarca desde el 91). Posiblemente los fueros y las vinculaciones de Taleb, además de recursos judiciales varios y un clima de época diferente al actual se hayan conjugado para demorar el asunto.
No deja de llamar la atención que actualmente varios actores de la política provincial entienden que hay una “oleada” judicial a favor de juzgar a dirigentes políticos, que a su vez responde a una demanda más acentuada de la sociedad entrerriana. Vaya uno a saber... pero igualmente podría pensarse que se pisan menos callos si lo juzgado pasó hace una añada. Si existe esa demanda social, podría pensarse que apunta también a los acontecimientos recientes que los ciudadanos perciben como hechos de corrupción.
El clima de época
Me llamó la atención que un par de radicales que no simpatizan mucho con Parente dijeran más o menos esto: “En Diamante algunos radicales no se bancaron que un turco pobre hiciera plata con la política”.
Preguntar si se hace plata con la política puede sonar ingenuo en el país del “robo para la corona” aunque corruptos hay en todos lados, empezando por el periodismo. Puede ser interesante pensar cómo se veía entonces, en el apogeo menemista, el crecimiento patrimonial de los funcionarios públicos. O si esa mirada cambiaba cuando el dirigente ponía después la guita para la política, a diferencia del que la encanutaba toda para sí; porque al fin de cuentas los autos y departamentos de Taleb son un tema menor al lado de la realidad y la ficción sobre el financiamiento de la política en Argentina.
A nadie se le ocurriría defenderse diciéndole al juez que en esa época no estaba mal visto enriquecerse de manera ilegal, pero como se dijo, esta nota no es sobre aspectos legales.
Claro que Taleb excedió varios límites, y no precisamente por su afición a la tómbola, según testimonio del anciano agenciero; sino por andar prestando dinero a gente a la que después se le quedó con la casa o con el campo, por citar alguna cuestión. Lo de los autos, tal vez admite otro enfoque: el Passat era sinónimo de la pertenencia al poder político, era la nave de los que llegaron. Hoy tal vez sea el Audi, aunque algunos lo tengan escondido, ya que alcanza con que otros de su “clase” sepan que lo tienen.
Claro, Taleb no es del club de “los que siempre tuvimos plata”, y en épocas en que con los federales solamente se podía cargar GNC, ese automóvil no pasaba inadvertido y debe haberle molestado a varios ilusos que creyeron que un diputado o un senador era igual a cualquier otro vecino.
¿Cómo va a ser igual?... si mientras el pibe que se sienta el en banquillo porque robó o mató pasado de la falopa no conoce a ninguno de los jueces o fiscales; un hombre de la política tiene muy en claro cómo se armó el entramado de los magistrados que están por bajarle el martillo.
Y eso no lo hace ni mejor ni peor a Taleb, simplemente es así.

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