El Suquía es una trampa para los bañistas

El Suquía es una trampa para los bañistas
El río Suquía es una tentación en estos días de intenso calor. Pero también es peligroso. ¿Cuáles son los sectores más críticos?

En los días más tórridos de calor, el serpenteante curso del río Suquía cruzando la ciudad da la idea de un oasis refrescante. Pero no es tan así.

Y es que, según aclaran los especialistas de la Patrulla del Río, la extensión del cauce –desde Saldán hasta Campo de La Ribera– esconde verdaderas trampas para quienes se sumergen con el propósito de pegarse un chapuzón.

“A esos problemas, se le suma algo cultural: la gente no respeta el río. Creen que es como una pileta y en eso se equivocan; no tienen en cuenta la velocidad del agua”, aseguró a Día a Día Raúl Fuentes, el encargado de la patrulla que recorre permanentemente 36 kilómetros de costanera.

Al norte: de Saldán al Zípoli. Los findes, es increíble la cantidad de vecinos que –incluso tomando el bondi “T” desde el otro lado de la ciudad– chapotean en la entrada a Saldán. Allí hay uno los balnearios más populares del Suquía…, pero también más complicados.

“Se lo conoce como la zona de Almaceneros”, explican los inspectores de la Patrulla del Río, tras detallar que el principal peligro por esa zona son las toscas, piedras amarronadas que por debajo esconden estructuras cavernosas.

“Son complicadas porque los chicos se tiran clavados y pueden golpearse con ellas; pero también porque esas cavernas pueden ‘chuparlos’ sin dejarlos volver a la superficie”, cuenta Fuentes.

Algunos metros más arriba, en la zona comprendida entre el Puente Los Carolinos y el Parque San Martín, el problema se agudiza. “Son dos kilómetros donde se generan muchos remolinos, quizá sea el sector más peligroso del Suquía”, dicen los inspectores de la patrulla, que advierten a los pobladores de los asentamientos cercanos sobre el riesgos.

¿Un dato nuevo? Los vecinos de la zona aseguran que la nueva costumbre es meterse en el agua de noche, sobre todo en los días de más calor.

En la zona del Puente Zípoli, entre tanto, el problema de las toscas también es una amenaza latente. De hecho, hace días un joven murió en la zona. Pero el problema también es la gran cantidad de piezas de hormigón sueltas. “El año pasado se tiraban clavados desde el puente; peligrosísimo”, subraya Gustavo Perales, otro de los integrantes de la patrulla.

Centro e Isla de los Patos. La zona de La Isla de Los Patos también encierra peligros para los grupos familiares que cada domingo lo eligen como balneario. “Es realmente un sector de aguas muy profundas”, dice Fuentes, y revela un dato alarmante: los fines de semana mucha gente concurre al lugar con varias copas de más... ¡Incluso toman en el agua!

En la zona céntrica, donde el Gobierno concretó la reciente remodelación, también hay riesgos. Y es que el hormigón le imprime mucha más velocidad al agua, pero además el moho adherido lo hace resbaloso para agarrarse, sobre todo para los niños.

Al sudeste. Cerca de San Vicente, en tanto, el principal problema son las placas de hormigón desplazadas cerca del vado Sargento Cabral. “Eso complica salir a niños, sobre todo cuando no están al cuidado de un mayor”, dice Fuentes.

Incautos. En la Patrulla del Río dicen que cada vez se torna más complicado concientizar a bañistas del peligro de meterse al Suquía. “Sobre todo los jóvenes te responden con insultos”, dicen los inspectores que ante un riesgo de vida, no dudan en llamar a la Policía para que los retire del agua.

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