La secuencia sucedió ayer, en simultáneo, a eso de las 2 de la tarde. A esa hora, se sabía, el candidato –finalmente electo- a intendente de Pinamar, Blas Altieri, llegaría a emitir su voto esta vez –mérito del reempadronamiento unisex- junto a sus tres hijas.
Fue ahí, justo, en el momento en que el ahora intendente electo salía del lugar de votación, cuando se cruzó con una dama de rojo que se llegó hasta la mesa, "viandita en mano" para sus fiscales. Roxana Di Pascuale, de ella se trata, se encargó de alimentar a sus muchachos, al menos en esa mesa en el momento exacto de la votación de Altieri.
Cierto es que en un pueblo, al fin y al cabo, un candidato bien puede transformarse, al menos por un instante, en su propio cadete; un comportamiento que seria ciertamente imposible de comprobar en una elección del más alto nivel. Lo raro fue que –dicen en Pinamar- la candidata local del FpV no repitió el amable gesto que el que protagonizó con sus fiscales en el lugar de votación de Altieri, en las otras mesas.
De ahí que algún que otro mal pensado, creyó ver en la maternal atención de Di Pascuale, una estrategia de seducción electoral, cuando su imagen alimentando a sus propios fiscales se regara en el distrito, captada por todas las cámaras –incluso la envidada por este portal, ver aparte- que, casualmente con el horario que ella eligió para alcanzar el morfi a sus chicos, concentraban su atención en esa misma mesa por la llegada, anunciada, de Blas Altieri.
A propósito de coincidencias en mesa-horario de votación, otros sospechan de la sugestiva aparición, cronometrada de manera simultánea y en la misma mesa en la que votó Biaggio, de una persona no vidente que también aprovechó los medios para cuestionar la vedette de la tarde, el voto electrónico. Una queja que otros dos videntes, que sí votaron, se encargaron de vaciar de credibilidad.

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