El sostén moral de Gildo

Floro Bogado es el funcionario de rango político en actividad más antiguo que tiene el período democrático que arrancó en 1983. Precisamente ese año, un joven pero maduro justicialista, identificado popularmente como Floro triunfaba en las elecciones provinciales para instalarse en el edificio de Belgrano y José María Uriburu.
Al final de su mandato, fue elegido diputado nacional, sirviendo hasta 1989. Después fue nombrado Embajador de Argentina en Paraguay en 1989, regresando en 1991. En 1994 formó parte en las elecciones nacionales para reformar la Constitución. Al año siguiente fue elegido vice-gobernador, cargo en el que fue reelecto por cuatro períodos consecutivos, completando la dupla con Gildo Insfrán.

Bogado fue educado en Formosa y en San Lorenzo, Santa Fe. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional del Litoral. Fue un maestro y conferencista en la Universidad Nacional del Nordeste y desarrolló funciones de alto nivel en el Partido Justicialista provincial y nacional.

Su esposa Adriana Bortolozzi es senadora nacional y su hijo, Adrián Floro Bogado, es diputado provincial.

Con 72 años recién cumplidos, Bogado jamás resignó la lucha personal por mantener una imagen limpia y una conducta intachable, donde lo moral constituyó ineludiblemente la característica más notoria de su conducta política y personal.

Siempre equilibrado, metódico para escoger las palabras más adecuadas ante determinados escenarios, pero sumamente hábil para adoptar decisiones, hoy se constituye en el funcionario más difícil de erosionar para quienes ostentan el cargo que ocupa, cerca de un gobernador, permanentemente acicateado por la impureza política de sus colaboradores más cercanos.

E inclusive, el propio jefe del Ejecutivo carga sobre si varias denuncias formales y periodísticas sobre negocios espurios, de los que no pudo escapar como el caso de la compra de combustibles a empresas ligadas a familiares directos.

La permanencia y continuidad del actual vicegobernador constituye el argumento más sólido de la capacidad y visión de Insfrán para decidir al compañero de fórmula más adecuado.

Floro Bogado constituye la reserva moral de un gobierno con funcionarios más interesados en sus negocios personales que por el futuro de la sociedad y, principalmente, más recostados en mantener un perfil mediático de ensalce al gobernador. Lejos de ese glamour, Floro es el aporte político en la Legislatura, donde difícilmente la lealtad, el respeto y el compromiso a la palabra dada consiguen pedurar.

Tal vez en el ocaso de su carrera política, otorgarle palabras a una conducta que silenciosamente la gran mayoría del arco político sabe pero por distintas razones prefiere silenciar, bueno resulta decir que en un ambiente tan más visto, existen referentes para tomar de ejemplo.

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