Sospechan que los ladrones conocían el lugar. La perra de las víctimas no ladró. Ocurrió en 522 y 17
En medio de los peritajes por un nuevo asalto en la Ciudad, el olfato de la perra de las víctimas abonó la teoría de que los ladrones conocían a quienes habían elegido como nuevas víctimas de su accionar. Es que la mascota, tan guardiana, que enfrentó a los policías que fueron a auxiliar a la familia, “ni se mosqueó” cuando detectó el olor del ladrón que iba al frente, con la cara tapada por completo, aseguraron los damnificados. Cuando eso pasó, a las 02.30 de ayer, en una casa de 522 entre 17 y 17 bis, todos estaban durmiendo. Los delincuentes, tres hombres cada uno con un arma en mano, al parecer fueron discretos para ingresar a la casa: “O forzaron la cerradura con mucho cuidado o tenían una llave”, dudó un investigador. Los ladrones encontraron rápido al matrimonio -el músico, ella ama de casa- y a su hijo de 12 años. A los dos primeros los despertaron después de encender la luz de su cuarto e increparlos con las pistolas en la cabeza. Aterrado y con miedo de que se la agarraran con su familia, el hombre accedió a darles a los ladrones todos los ahorros que tenía guardados de hace tiempo. Si no les dio también joyas, como se lo pedían, fue porque allí no había ninguna. A lo largo de toda la secuencia, al hombre lo mantuvieron encañonado y hasta le dieron algunos golpes con la punta del arma en la frente. La intención de los delincuentes era apurarlo y sofocar cualquier intención de resistirse, algo que nunca ocurrió. Pero también se llevaron el celular del nene. Todo transcurrió en menos de 10 minutos, contó un jefe policial, quien también señaló que hubo algunas expresiones de los asaltantes que encendieron sospechas. “Creemos que por lo menos uno de los delincuentes conocía a la víctima y que por eso sabía en qué sector estaba el dinero”, soltó un investigador. La escena fue contemplada por la mujer y el hijo del hombre, ambos ilesos. Ella escuchaba y veía de a tramos lo que sucedía, con la mirada fulminante de un ladrón que la vigilaba de cerca. El chico “se hacía el dormido y miraba de reojo cuando podía”, abriendo un ojo cada tanto y siempre acostado inerte en su cama, aseguró otro vocero. Una vez que la pesadilla terminó, nadie en la casa escuchó el motor de alguna moto o auto con el que se escaparan los ladrones. Aparentemente una vecina que vive a 100 metros los vio escapar corriendo. Por ahora no se pudo determinar si intervino un cuarto delincuente que monitoreaba todo en la calle, aunque los investigadores se orientan por esa posibilidad. Un vecino agregó que “el barrio en general es tranquilo”, aunque aportó dos antecedentes delictivos que también vulneraron a la familia asaltada ayer: “Les quisieron hacer dos secuestros virtuales, el último hace quince días”.
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