La protesta de los vecinos del barrio de la Tecnológica completó el cuadro de inquietud por la inseguridad urbana. Apuro y silencio como respuesta oficial.
Los policías saben qué pasa en Tucumán. Si uno le pregunta a un experimentado comisario sobre la inseguridad en nuestra provincia, dirá con precisión que no hay grandes bandas de asaltantes; que hay una fuerte violencia de sectores marginales (el experto Marcelo Saín dijo en diciembre que en la marginalidad urbana hay un 20% muy peligroso); que el delito que más se perpetra, y el menos manejable, es el arrebato, seguido del hurto; que la mayoría de las víctimas son mujeres (seguidas por ancianos o gente más indefensa) y que en una provincia chica como Tucumán todo se conoce. Agregará que se detiene a cinco personas por día y que la zonas más complicada en la capital es Villa 9 de Julio, seguida por Villa Urquiza y la zona Oeste.
Pero en algunas ocasiones la experiencia de los Viejos Vizcachas policiales se cae. Como ahora. Las seguridades que funcionarios y legisladores oficialistas intentaron dar cuando aprobaron en octubre el gasto de $ 30 millones para el Programa Integral de Protección Ciudadana (que hasta ahora no se concretó) se vinieron estrepitosamente abajo a partir de diciembre, con el crimen de Silvia Castillo de Roselló en el barrio Ciudad Parque (al oeste de la ciudad), y se acrecentó a fines de enero con la pueblada en Alberdi, en reclamo de seguridad -que derivó en la separación de un comisario- y ahora con la protesta vecinal de esa zona cercana a la Universidad Tecnológica, ubicada entre Villa 9 de Julio y Villa Urquiza.
Sentido común
El reclamo de los vecinos no es nada complejo: surge del sentido común. "Necesitamos presencia policial. Necesitamos confiar en policías que resguarden la cuadra", dijo María Mazzuco, luego de que se revelara que en esa zona se cometen 17 arrebatos por día. Los hechos que se denuncian son parecidos a los de Alberdi: ataques para robar celulares y billeteras, aprovechamiento de los delincuentes de sectores que les dan facilidades para escapar o esconder cosas, como es el caso de las vías de ferrocarril en Rivadavia e Italia.
Atormentado por la pueblada de los vecinos, el comisario Ricardo Oroño, de la zona II de la Regional Capital, dijo que no podía prometer soluciones mágicas; ofreció disponer una camioneta de patrulla permanente y, al igual que se hizo en Alberdi, pidió 10 días para ver qué pasa y volver a reunirse con los vecinos.
Sin palabras
Esto lo saben los policías de la seccional 5a y el mismo rector de la Universidad Tecnológica, Fabián Soria, contó que hace tiempo debieron enrejar la casa de altos estudios para evitar que se escondan ahí los arrebatadores. de hecho, hay una generación de estudiantes universitarios que han sido víctimas de los delincuentes. La información no es nueva. Como aprendices de brujo, los funcionarios de seguridad tienen la varita mágica para aplicar medidas con su Programa Integral de Protección Ciudadana, pero en los asuntos comunes han sido desbordados y el agua les inunda el sótano. "La policía colapsó y no tiene capacidad de respuesta", sentenció el vecino Hugo López. Consultado por un periodista de LA GACETA, el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, dijo escuetamente: "no voy a hablar".
¿Por qué no habla? Porque considera, sencillamente, que se trata de fenómenos aislados, que se pueden resolver con movimientos de personal y mediana asignación de recursos en los puntos conflictivos. Se dispuso una camioneta para patrullar las calles en la Tecnológica, se prohibieron los servicios adicionales que causaban escándalo en Alberdi, se puso agentes de custodia en la casa de los Roselló en barrio Ciudad Parque, y ahora hay policías de calle en el sector de Santa Fe y Ejército del Norte, donde ocurrió el ataque a la familia Tonetti.
Pero los agentes de esta zona no saben qué pasa, porque -según ellos mismos cuentan- los cambian de barrio constantemente, y las minicrisis de inseguridad aparecen con cierta regularidad. Ahora es en el área de avenida Mate de Luna al 3.300, donde los vecinos dicen que no se ve un policía ni por casualidad. ¿Seguirán aplicándose las mismas respuestas?
En el barrio de la Tecnológica, el vecino Sebastián Sánchez criticó la teoría de la sábana corta que se usa cuando se pone un policía en una esquina y se desguarnece otra. "Los vecinos no podemos armarnos. Cada uno cumple su rol y la Policía debe hacer lo que le corresponde", dijo, ante la propuesta de algunos residentes de organizarse más concretamente para lograr seguridad, como se hizo en algunos barrios en 2001.
Pero, ¿qué es lo que corresponde? El ministro de Seguridad Ciudadana y su jefe de Policía, comisario Hugo Sánchez, han hecho una fuerte apuesta, en los últimos tres años, al refuerzo de su cuerpo especial, la Patrulla Motorizada y al periódico aumento de hombres y vehículos. Sin embargo, las respuestas que recibieron los vecinos en las zonas de las protestas fueron otras: "no tenemos vehículo, no tenemos personal", respondieron los policías.
El factor confianza
De ello se infiere que el fuerte refuerzo para la respuesta rápida ha significado descomprimir la prevención. Y a lo largo, esto deriva en dos consecuencias: mayor desconfianza de los vecinos en la fuerza de seguridad y acrecentamiento de las dificultades para brindar esa respuesta rápida, como los que están ocurriendo en estos momentos. La Policía inglesa afirma que el 40 % de los delitos pueden resolverse si hay confianza de los ciudadanos.
La confianza y el temor no son asuntos menores: a veces, sirven de guía para el trabajo policial más que las cifras de delito; por ello se complementan las encuestas de victimización con las cifras que recopilan, bien o mal, la Policía y la Justicia. Se supone que los 50.000 o 60.000 delitos denunciados por año son menos del 30% de los que realmente ocurren. El resto no se denuncia y eso indica la confianza de la gente en la Policía y en la Justicia.
La confianza se gana de varias maneras. La principal es el contacto con los problemas de la gente. Lo dijo el mismo López Herrera hace dos años, cuando reconoció que la Policía se había aislado del vecino. No es un detalle menor marcar que el agente en vehículo no conoce los problemas del vecino como el que patrulla a pie el barrio.
Corruptelas
Otra manera es brindar señales claras de cambio. Si el sistema de servicio adicional da lugar a sospechas de corruptelas, ¿por qué no corregirlo? Este sistema permitido por ley, pone a los agentes de servicio a competir con la seguridad privada para ganarse unos pesos (con anuencia y bajo las órdenes de los comisarios) y tiene la consecuencia lógica e indeseada de que se protege al que paga (al pudiente, al banco, al supermercado) y se deja sin protección al que no tiene para pagar (al quiosquero, al zapatero, al vecino común). Eso pasó en Alberdi. ¿Pasará en otras partes de la provincia? ¿El sistema de servicio adicional está contemplado en el Programa Integral de Protección Ciudadana?
La Policía de Nueva York tiene en proporción mucha menos gente que la tucumana (34.000 agentes para 8,4 millones de habitantes, contra los 8.000 de Tucumán para 1,5 millón de personas) y acaba de anunciarse que 2009 fue el año de mayor seguridad desde 1980 en esa ciudad, que además fue la más segura de Estados Unidos. ¿A qué se deberá? ¿A la teoría de las Ventanas Rotas? ¿Al control de corrupción que se establece con los Asuntos Internos? ¿Al sistema de control de gestión que hace que los comisarios estén obligados periódicamente a exhibir resultados a partir del estudio de mapas del delito y de áreas problemáticas?
Los vecinos de la Tecnológica aplicaron el consejo del Viejo Vizcacha (hicieron una pueblada para cuidar el pellejo) y los funcionarios no prometen soluciones mágicas pero están aplicando las recetas del aprendiz de brujo frente a la inseguridad. Y se están inundando. A esta altura del partido, ya se sabe que aumentar personal y vehículos no resuelve el problema, si no hay estrategias. Los viejos policías lo saben, aunque no lo digan. ¿Lo sabrán los funcionarios?

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