La solución no es echar a policías sino cumplir con lo prometido

La solución no es echar a policías sino cumplir con lo prometido

La Alcaidía se licitó a mediados de 2012 y aún no se terminó de construir.

La crisis carcelaria que se desató en Tartagal tiene a los policías como rehenes de un sistema que les exige rendimiento operativo, pero que no cumple con las mínimas condiciones de infraestructura que permitan garantizar la seguridad de la población.Este es un hecho tan evidente como irritante, no sólo para los efectivos de la fuerza sino también para el ciudadano común, que ya advierte fácilmente las incongruencias de una política enunciativa y sin acciones concretas.Antes de trasladar a los efectivos de la comisaría 42 por la "filtración" de la información al diario El Tribuno, los responsables de la Seguridad en la provincia tendrían que darse una estrategia más creativa y menos inconducente.Si la noticia del hacinamiento y el calor insoportable en las celdas de la comisaría no se hubiese "filtrado" como ellos creen, la situación tal vez habría detonado en un problema mucho más grave. Los policías armados no están en condiciones de manejar un motín porque esa no es su función natural, y en una situación extrema, los resultados podrían haber tenido un final insospechado. La solución, aunque parcial, sería la inauguración de la Alcaidía anunciada hace años dentro del Fondo de Reparación Histórica. Fue un anuncio con grandes despliegues de prensa, pero que hoy como otras tantas obras solo han quedado en el discurso y el relato desdibujado con el tiempo.La Alcaidía de Tartagal fue licitada a mediados del año 2012 con un monto superior a los 4 millones y medio de pesos y un plazo de ejecución de 365 días.Han pasado más de dos años y la situación ha empeorado. No solo por el hacinamiento en las comisarías, sino porque los policías hoy se encargan de cuidar a los presos y deben descuidan la seguridad de la población.Una paradoja increíble.

Confesión de parte"La policía no está preparada actualmente para hacer de guardiacárcel. 57 personas, hacinadas, reclamando tratos humanos, no pueden quedar bajo las manos de dos mujeres y dos hombres policías. Los uniformados usan armas y si para evitar una fuga hay una muerte, la culpa las paga el policía", dijo ayer un alto jefe de la fuerza en el norte.

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