La solidaridad angosturense llegó a Clemente Onelli y Anecón Grande

La solidaridad angosturense llegó a Clemente Onelli y Anecón Grande
El fin de semana largo un grupo de vecinos de La Angostura llevó las donaciones a Clemente Onelli y el paraje Anecón Grande.
El sábado pasado llevamos a Clemente Onelli y Anecón Grande las donaciones realizadas por algunas empresas y vecinos solidarios de La Angostura.

La campaña fue un éxito y superó las expectativas: se llevó más de 500 kilos de leña, 82 bolsas de consorcio con ropa, 7 cajas grandes de calzado, unos 500 kg. de alimento, 6 cajas de libros, 5 cajas de útiles varios y juegos, guardapalvos, 6 cajas de golosinas y unas 14 bolsas de consorcio de jueguetes (autos, peluches, muñecas, etc).

Y como siempre, nos trajimos más de lo que llevamos.

Para trasladar las donaciones fueron necesarias dos camionetas, dos autos y un carro completo de 4 metros de largo.

La “caravana” partió el sábado a las 6 de la mañana de La Angostura. Teníamos que llegar temprano, porque en la escuela de Anecón Grande nos esperaban para el acto de fin de año y el egreso de dos alumnos de 7 mo grado, Rolando y Stefanía.

En Onelli debimos descargar la mercadería y redistribuirlas en dos camionetas de la Policía de Río Negro –una del comisario Alfredo Pérez, nuestro anfitrión local, y otra de policía de Jacobacci- y las dos que llevamos de La Angostura.

Parte de la cosas quedaron en Clemente Onelli, ya que se distribuirán entre los vecinos de esa localidad, la escuela albergue y algunos campos que por cuestiones de tiempo no llegaríamos a pasar.

Cerca del mediodía llegamos a la escuela. Llegamos a tiempo para el pequeño acto y los siete alumnos de la escuela nos regalaron una representación de teatro que emocionó todos, hasta a los más duros.

A modo de obsequio entregamos a los egresados dos buzos con la inscripción de la escuela y el nombre de cada uno; y la dupla de Cachi y Javier –integrantes de la comitiva angosturense-tocaron un par de zambas con guitarra y bombo. Espectáculo mediante, por la ansiedad –nuestra, obviamente- distribuimos las bolsas con golosinas que generosamente habían armado vecinas de La Angostura para que cada chico tuviera la misma cantidad.

En total eran unos 15 chicos, entre pequeños y preadolescentes.

En la Escuela dejamos además bolsas de caramelos, chupetines y otras golosinas para que las docentes las fueran “dosificando”.

Luego, compartimos un increíble asado y torta con la comunidad de Anecón y bajamos gran parte de las bolsas de ropa, jueguetes y mercadería para distribuir a las familias ahí mismo.

Como el tiempo apremiaba, se decidió abrir las bolsas y que los chicos y padres eligieran. Primeros, como debe ser, fueron los chicos.

Al ver el despliegue de juguetes –que realmente eran muchos- los chicos se abalanzaron con una alegría y excitación que justificó todo el viaje y el esfuerzo.

Increíblemente, no hubo peleas por cual o tal juguete. Cada uno pudo agarrar una mochila y llenarla con los juguetes que eligió. Al rato se los pudo ver jugando en el patio de la Escuela. La escena es indescriptible y quizás las fotos puedan expresar siquiera un poco los que sentimos quienes la observamos desde afuera.

Después hicimos entrar a las madres para que ellas mismas eligieran la ropa y el calzado y se llevaran mercadería.

También se entregaron a la escuela un total de 7 pelotas de fútbol, 2 de vóley y dos infladores, una videocasetera, tres cajas de videos educativos y cajas de libros donados por el CPEM 17 y la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, más libros, equipos de útiles escolares y guardapolvos.

Con parte de la misión cumplida y el cariño entrañable, la caravana partió para visitar algunas casas alejadas cuyos pobladores no podían asistir a la escuela para buscar las donaciones.

Después de un año volvimos a visitar la casa de Poroto y advertimos que siguen viviendo en la miseria más absoluta y ahora con un bebé más que tuvo su señora. En total son 12 y la casa cada vez se hace más chica. Las condiciones en que estaban los chicos anudó la garganta de todos. No era lástima, sino impotencia.

Bajamos ropa, alimentos y juguetes para todos los pequeños. Sabiendo que sólo servirá para aliviar la situación un par de días o semanas, al menos logramos despertar una sonrisa, como la de la pequeña abrazando a un oso de peluche, imagen que quedará en el recuerdo de cada uno de nosotros.

Visitamos tres casas más. Una de ellas fue la de dos viejitos que ya habíamos visitado el año anterior. Un grupo evangélico les arregló un poco la casa y se los vio mejor, con más ánimo incluso. Bajamos comida, ropa y algunas golosinas. Y nos llevamos otra imagen para el recuerdo: la abuela, ciega desde hace años, disfrutando de un chupetín como si fuera una nena.

En la última casa, la más lejana, vive José. Tiene 71 años, no tiene familia, casi no le quedan animales y apenas sobrevive con lo que le acerca el comisario Alfredo cada 15 o 20 días. Por la lejanía, prácticamente nadie lo va a visitar y pasan semanas sin ver a nadie. Su situación es crítica. Ahí descargamos bastante mercadería que le alcanzará para unos meses y le dimos ropa. El hombre agradeció las cosas y sobre todo la visita.

Ya anochecía y emprendimos el regreso a Onelli con la satisfacción de la tarea cumplida, aunque con la certeza de que nada es suficiente.

Por la noche, Alfredo nos invitó a un rico cordero al asador y el club Deportivo Onelli organizó una peña. Javier Vazquez y Cachi tocaron dos zambas y una dupla de acordeón a piano y guitarra tocó chamamé, chacareras y hasta tango.

Dormimos en el albergue de la escuela y regresamos al otro día.

Gracias a todos los vecinos –grandes y chicos-que colaboraron con la campaña llevando ropa, alimentos, juguetes –sabemos lo difícil que fue para los chicos desprenderse de sus valiosos tesoros-, y esas mujeres que con tanto amor le dedicaron el tiempo a armar las bolsitas de golosinas para que todos los nenes tuvieran lo mismo.

También a las que colaboraron con la clasificación de las cosas, ardua tarea que nos demandó dos días.

No mencionamos nombres particulares, porque tememos olvidarnos de alguien; y fue mucha la gente que colaboró de alguna u otra forma. Mas allá de quienes trasladaron las donaciones, la campaña fue resultado de un conjunto de voluntades.

Si mencionaremos a las empresas e instituciones que colaboraron. Gracias a Panadería La Carolina, tienda Aylen, Ecchinto bazar, Club Angostura, CPEM 17 (donó videos y libros), Biblioteca Popular Osvaldo Bayer (libros), bloque del FPV-PJ (útiles, libros didácticos del Ministerio de Educación de la Nación y guardapolvos), Fundación Luz de Vida, Defensa Civil del Municipio y un supermercado que donó mercadería.

Y gracias a las docentes de Anecón Grande y al comisario Alfredo Pérez de Clemente Onelli por su calidad humana y darnos el mejor ejemplo.

Gracias Totales!

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