El oscuro y trágico rol de las mujeres dentro del sistema carcelario juninense. Marginalidad, delitos y abusos consentidos (no dejan de serlo por eso) para mantener una estructura saturada de corrupción.
La profecía de Harguindeguy
“Hoy festejan pero en 25 años se van a arrepentir”, dijo el tristemente el célebre Ministro del Interior de la Junta Militar, General de División Albano Harguindeguy. La frase es recordada por el Director Miguel Chiarantano; la pronunció el Dictador a poco de inaugurada la primera Unidad Penitenciaria juninense, en la década del setenta, mientras varios vecinos y personalidades celebraban el progreso y oportunidades que las cárceles traerían a la ciudad.
Sin duda, al menos en eso no se equivocó.
El plan de aquellos años era construir unidades de máxima seguridad cerca de Guarniciones o Cuarteles que les permitieran operar en caso de desborde (recordemos que Junín llegó a tener entre mil doscientos y mil quinientos soldados). Y la última modificación conocida al sistema, realizada por Felipe Solá, derivó en el desastre de la Unidad 49, construida como Alcaidía y lugar de tránsito que, en la práctica, se convirtió en la segunda Cárcel de Máxima Seguridad que tenemos (no está preparada para eso).
Es evidente que hay una conexión entre el delito y las cárceles, y que esa conexión está potenciada por los niveles de corrupción internos que existen en las unidades locales, donde un capo narco, además de consumir, puede seguir manejando su negocio sin demasiados problemas.
Pero para entender hasta dónde llega la degradación del sistema carcelario juninense hay que hablar con las mujeres que, en definitiva, son el eslabón más fino de una cadena que suele romperse con ellas.
Soldaderas
El término “soldadera” pertenece a la cultura mexicana y describe a la mujer que seguía al soldado dejándolo todo, incluso hijos y familia.
En el último signo tomó ribetes románticos (la mujer que deja todo por amor), aunque en la práctica eran personas esclavizadas que entraban en un espiral del que no podían salir. Quizá iniciaran la caminata por amor; a cientos de kilómetros de sus hogares y en medio de la guerra se convertían en “mercancía”.
Cualquier juninense conoce el turismo carcelario que, en especial durante los fines de semana, transcurre en la Laguna. Al mismo tiempo sabe muy poco de la vida de estas soldaderas criollas que, literalmente, son capaces de todo por su hombre.
La cárcel, quizá como todo el mundo aunque más salvaje, sólo conoce dos formas de vinculación: dinero o especies.
Quienes tienen dinero pueden acceder a todo, y digo “todo” (evitando el término “casi”) porque hoy por hoy hasta la libertad resulta negociable.
Los fiscales suelen decir que con muchísima plata nadie va preso. Al mismo tiempo aseguran que para vivir bien dentro de las Unidades Carcelarias es imperioso contar con recursos.
Pues bien, las mujeres son unos de esos recursos.
Esclavitud
El preso “pobre” depende de sus mujeres. Ellas son quienes lo proveen de todo lo que necesita y, aunque parezca increíble, constituyen moneda de cambio dentro del penal. Madres y hasta hijas pueden ser intercambiadas en caso de que algún interno las “necesite” (también algún personal dedicado al cuidado).
Para que se entienda: Estamos hablando de sexo. Es común que un preso sin recursos convenza a sus mujer o su hija para que tenga relaciones íntimas con un tercero al que le debe favores (puede estar fuera de la cárcel también); estos van desde suministro de droga, comida o a veces, simplemente, salvarle la vida.
Después de entrevistar a varios presidiarios uno descubre que desarrollan una gran fuerza mental. Tienen todo el día para pensar y su nivel de alerta es enorme, lo que puede no aumentar su nivel de inteligencia pero si agudiza sus sentidos y los convierte en personajes seductores.
Detrás de distintos enamoramientos incomprensibles (una maestra con el asesino Barreda) está el magnetismo que se desarrolla en un contexto donde hay un único objetivo: sobrevivir y lograr escalar posiciones dentro del nivel de mando.
Las soldaderas entran en ese circuito y aunque son revisadas con una minuciosidad cercana a la humillación, se las arreglan para ir formando parte del universo carcelario, entrando desde comida hasta drogas; a veces usando el ingenio y otras apelando al dinero o las “especies”.
Las que hablaron
Las soldaderas saben que son odiadas por los juninenses. A pesar de eso cumplirán con sus rituales cueste lo que cueste:
¿Cómo llegaron hasta acá?
“Yo vengo cada tanto y me instalo. Mi marido tiene para largo…”
¿Pero cómo llegás?
“Como todas, haciendo dedo… (Risas)”.
¿Por qué las risas?
Silencio…
En serio, ¿por qué las risas? Vos por ejemplo, ¿cómo llegás?
“Como todas don… Hacemos dedo en la ruta… ¿No tienen miedo?
Risas de nuevo.
“Los camioneros son muy gauchitos… (Risas de nuevo)”.
“Y si le hace´un p… mucho más (Risas de todas)”.
¿Pagan los viajes con sexo?
“La mayoría…”
“Algunas de nosotras no…”
“Cayate vo´que so la primera… (Risas)”.
“Vo´porque so jovata y te tené que venir en tren. (Risas)”.
Si no fuera por una jovencita que no habla y parece arrastrada por la mamá, se diría que estas mujeres no sufren. Tienen ojos pícaros y antes de reírse de su situación largan carcajadas porque disfrutan mi supuesto desconocimiento. Construyeron un cascarón para aligerar la carga.
¿Cómo es la revisación?
“Ni cuando estás con el asunto te dejan tranquila. Te tené que sacar la toallita”.
¿Qué es lo que más le piden sus parejas?
Nota: Hacen un gesto irreproducible en este diario y ríen a carcajadas.
En serio, ¿qué les piden? “Yerba… esas cosas…”.
“Sí, todas esas cosas…”.
¿Alguien les pidió droga?
Silencio total.
¿Qué pasó? Se acabaron las risas.
“Vo´está grabando”.
Si quieren apago. Es sólo para recordar. Nadie las va a identificar.
Bajan la cabeza, me miran; ninguna contesta.
¿Pensaron en quedarse en Junín?
“Mucha se quedan. Pero no tené qué hacer”.
“Si decí que tené un familiar no te toman ni de mucama”.
“Yo prefiero venir. No nos quieren acá”.
“Algunos de los que se quedan acá roban…”.
¿Cómo es eso?
“Y sí, que va´a hacer. Trabajo nadie te da”.
¿Ustedes conocen gente que roba?
“Acá se conoce todo”.
Evitamos pensar en estas mujeres pero las soldaderas son parte crucial de la vida juninense. Frente a ellas se tienen todos los sentimientos juntos: Miedo, rechazo (no voy a ser hipócrita), lástima, compasión.
Está claro que harán lo que sea por sus maridos, y en definitiva son piezas claves de un sistema carcelario corrupto que la tiene como eje invisible donde deben hacer lo que sea para mantenerlos.
Dato: A diferencia de lo que ocurría hace años nadie hace referencia a la inocencia de sus parejas. El delito es su único universo conocido y se acomodan según pueden.

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