Una sola frontera, dos realidades

Una sola frontera, dos realidades
Mientras que Chile hizo una millonaria inversión en infraestructura para el paso Pino Hachado, del lado argentino las obras se hacen esperar.

Las marcadas diagonales del moderno complejo aduanero contrastan con las curvas del paisaje nevado. Adentro, un sistema de calefacción central con calderas de gran capacidad mantiene una temperatura ideal, y los viajeros disfrutan de instalaciones amplias y luminosas, con un servicio totalmente informatizado. Unos 20 empleados pasan allí gran parte el mes, intercalando las horas de trabajo con el tiempo de ocio, que reparten entre las habitaciones con baño privado, el casino con pool y gimnasio o el living con televisión de plasma. Así es la nueva aduana del lado chileno del paso internacional Pino Hachado. La mitad de esta mole de 2.900 metros cuadrados está vacía y a oscuras, a la espera de que la ocupen los argentinos. Para eso, nuestro país debe cumplir con una inversión comprometida hace años y construir un edificio similar en la ladera opuesta de la cordillera.

El acuerdo de invertir en un complejo aduanero integrado de ambos países se viene anunciando desde 2005, aunque recién se plasmó en papel en enero de 2011, con plazos precisos que culminaban a principios de este año. Las dos construcciones debían avanzar en simultáneo. Chile estrenó su edificio el 2 de abril pasado con bombos y platillos. De la obra argentina, la última información oficial fue que está incluida en el presupuesto nacional de 2013 con 32 millones de pesos y era inminente el llamado a licitación. Eso indicó la cancillería argentina a fines de septiembre, luego de que las autoridades chilenas insistieran por enésima vez en que se concrete la inversión acordada “de manera urgente”.

La otra realidad

Por el momento, la Aduana nacional sigue en el mismo edificio que ocupa desde hace casi dos décadas, que sobrevive al paso del tiempo a fuerza de refacciones. El espacio para oficinas es escaso y el único generador eléctrico no da abasto para garantizar un suministro permanente con confiabilidad. No hay señal de celular constante y el baño público, ínfimo, está literalmente pegado al mostrador en el que se hacen los trámites.

Aquí, unos 10 empleados pasan gran parte del mes lidiando con la falta de espacio y recursos. Ninguno habla al respecto, porque tienen expresamente prohibido dar cualquier tipo de información sobre el funcionamiento del complejo. “Si quieren saber cómo van las inversiones, vayan del lado chileno y comparen”, es la única respuesta de uniformados y trabajadores. Los jefes no están allí, sino en Neuquén o en Buenos Aires.

A diferencia de otros cruces, Pino Hachado depende de este lado de la cordillera de cuatro organismos diferentes: Gendarmería Nacional, la Dirección de Aduanas y AFIP (que pertenecen al Ministerio de Economía), Migraciones (Ministerio del Interior) y Vialidad Provincial, que opera en convenio con su equivalente a nivel nacional. Cada dependencia se hace cargo de una parte del proceso y es a su vez parcialmente responsable de coordinar el trabajo con la contraparte chilena.

La construcción del edificio nuevo, en tanto, está en manos otros dos organismos: la Cancillería y el Ministerio de Obras Públicas de Nación. Además, se suma la colaboración del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo (Copade) de Neuquén, que hizo el diseño del anteproyecto arquitectónico. Ese documento se presentó en mayo de 2007 ante la Dirección de Asuntos Técnicos de Frontera de la Nación.

El anteproyecto contemplaba una estética similar a la del actual edificio trasandino, con una estructura en diagonal vidriada y espacio para el alojamiento y recreación de los empleados. Incluso, se difundió en 2007 un diagrama de cómo se vería el complejo terminado. Desde Gendarmería y el gobierno provincial indicaron poco después que la obra había ingresado al presupuesto nacional de 2009, con un monto de 26 millones de pesos, previsión que finalmente no se cumplió.

Hoy, tras reiteradas consultas, las autoridades de Aduana y Gendarmería se excusaron de informar sobre el estado del proyecto. Desde el Escuadrón 31 de Las Lajas señalaron que sólo se puede conseguir una respuesta mediante el envío de un escrito por correo postal hasta esa delegación para luego reenviarlo a los superiores y esperar que les autorice la comunicación.

El gobernador Jorge Sapag fue el último en informar sobre el tema. Fue en marzo de este año, cuando inauguró otra de las inversiones comprometidas para Pino Hachado que demoró más de lo previsto: el asfalto de los 7 kilómetros de ripio que impedían unir con pavimento los puertos de ambos océanos, el de Bahía Blanca, en el Atlántico, y el de Talcahuano, en el Pacífico. Durante ese acto, el mandatario dijo que el nuevo complejo fronterizo de Pino Hachado estaba a punto de empezar a construirse con un presupuesto de 30 millones de pesos y una estructura de 3.000 metros cuadrados cubiertos. No brindó más detalles.

Gonzalo Gómez, coordinador de Pasos Fronterizos de Chile, no disimula el malestar que les provoca la demora argentina. Para el vecino país, Pino Hachado representa un cruce clave en el tránsito de cargas del centro-sur al sur chileno y es el paso por el que llega el 90% del gas que nos compran a los argentinos.

“Queremos que Argentina construya lo que le corresponde para intercambiar las delegaciones; entiendo, a raíz de las últimas visitas, que se iba a licitar en marzo la obra y nada más”, comentó el coordinador y remarcó: “Nos preocupa una enormidad que se cumplan los pasos, porque los dos países debían ir al unísono”.

La flamante aduana chilena costó alrededor de 8 millones de dólares entre edificación y equipamiento. Les queda pendiente la instalación de una línea eléctrica subterránea desde el antiguo edificio que ocupaban, 18 kilómetros más abajo de la montaña, hasta la ubicación actual. No obstante, a la espera de esa obra, los chilenos dotaron a sus nuevas instalaciones de dos generadores eléctricos de 165 Kw que funcionan alternadamente, de modo que nunca se interrumpa el suministro.

Gómez destacó que, pese a las demoras, en el cruce “cada año aumenta el volumen del tránsito y es el principal corredor de la zona”. Añadió que, si bien también están lejos en el tiempo las inversiones anunciadas en el anhelado Ferrocarril Trasandino del Sur, “Pino Hachado ya tiene su corredor bioceánico, porque la ruta nace en la cabecera de Bahía Blanca y continúa hasta los puertos de la Octava Región”.

En términos de pavimento, la unión de los puertos es prácticamente un hecho. Sin embargo, Chile tiene también una obra pendiente para reforzar el tránsito de cargas, que es la ampliación del túnel Las Raíces, que hoy sólo permite circular en un sentido a la vez.

De concretarse la obra argentina, Pino Hachado se convertiría en el segundo paso nacional en implementar el sistema “País entrada, país sede”, o sea en integrar los controles de ambas naciones en un solo edificio. Hoy solamente está vigente en el cruce Cristo Redentor, en Mendoza, donde se trabaja en base a un acuerdo llamado “codo a codo”.

Para los turistas y camioneros que usan el complejo neuquino, la unificación de las aduanas implicaría hacer un solo trámite en ventanillas contiguas y seguir viaje. Así, se acortaría la frontera administrativa entre los habitantes de uno y otro lado de los Andes. (A.C.)

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