El ex ministro de Jaque recibió con lágrimas en los ojos el mayoritario apoyo a su postulación en la Legislatura. El martes se define su situación con el voto de los senadores.
La audiencia es una de las instancias que deben sortear los hombres candidatos a algún cargo que deba contar aval senatorial para poder quedar efectivo en el puesto. Esto corre tanto para el director general de Escuelas, el jefe del Departamento General de Irrigación, los magistrados y los aspirantes a la Corte. Este es el caso de Adaro, el hombre propuesto por el Ejecutivo para reemplazar a Aída Kemelmajer de Carlucci. Ahora sólo queda que el hombre de Celso Jaque sortee la votación secreta en la sesión de acuerdo que se realizará el martes próximo.
La idea original es recibir a los ciudadanos que tengan algo que decir a favor o en contra de los candidatos. Era una compulsa pública en la que se medía el grado de aceptación de los aspirantes. En los últimos tiempos esas audiencias son operadas para que el candidato salga incólume. Entonces es posible ver a familiares y amigos decir maravillas de cualquiera que deba pasar el cedazo legislativo. Y Adaro no fue la excepción.
El salón Ricardo Rojas se atestó de gente vinculada a Adaro, tanto en lo personal, como profesional o militante. Tal era la multitud que, a pesar de la fresca mañana, fue necesario abrir las ventanas para que entrara aire.
Hubo rostros conocidos y desconocidos. Estaban los sindicalistas Rodolfo Calcagni (CGT), Lucio Quilpatay (Hortalizas y Frutas Frescas) y Gustavo Maure (SUTE), el militante de derechos humanos Fernando Rule, Sergio Villanueva de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), quienes hicieron público su apoyo. Entre los curiosos se lo pudo ver a Carlos Ordóñez de Judiciales, al subsecretario de Justicia, Carlos Quiroga Nanclares, y la directora de Derechos Humanos, María José Ubaldini.
Diecisiete oradores se encargaron de hablar bien del ex ministro, de resaltar su participación en los juicios por la memoria, su compromiso con los trabajadores demostrado en su práctica profesional como abogado laboralista y su tarea para desbaratar la industria del juicio en el Este provincial (en este sentido el gerente de la UVA fue vehemente). Y nadie tomó la palabra para señalar algún aspecto negativo. Uno de los que sorprendió fue el ex diputado radical Fernando Armagnague, quien apoyó la candidatura de Adaro.
Las defensas de sus apologistas siempre respondieron a las críticas que vienen escuchándose en los corrillos políticos locales: su falta de estatura académica y su militancia política. En estos dos aspectos respondió Armagnague:
"Yo fui testigo de la postulación de Kemelmajer, que la hizo (Santiago Felipe) Llaver. Más allá de que ella ya tenía un doctorado, Llaver la postuló porque era amigo de su padre y porque conocía a Aída cuando ella era una brillante estudiante del secundario. Llaver había sido profesor de ella. Después, ya en el cargo, Kemelmajer explotó profesionalmente".
Respecto de la militancia, Armagnague dijo que siempre la Corte ha sido ocupada por abogados con participación en política, incluso en la Corte nacional: "Figueroa Alcorta estuvo en los tres poderes del Estado, Pablo Ramella fue senador, Ernesto Corvalán Nanclares, todos tuvieron participación política. La Corte es un cargo político".
Cuando Adaro tomó la palabra para responder volvió a hablar de sus desafíos para profundizar la reforma judicial, pidió disculpas por los errores que pudiera haber cometido. "Vengo de una familia de trabajadores..." dijo con la voz entrecortada y se quebró, como ya lo hizo cuando asumió como ministro de Gobierno y cuando dejó el cargo en manos de Félix González.


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