El humor popular funcionó como un verdadero boca de urnas. Mucha ciudadanía interpretó que la democracia catamarqueña esta viciada, y ante eso su respuesta fue la desobediencia electoral.
No hay números precisos, pero a última hora se estimaba que el número de asistentes rondaba un 60 por ciento. Un verdadero indicador de lo que piensan muchos catamarqueños. Es el trasfondo de ese hastío ciudadano, que tiene causas múltiples claro.
Como gran parte de los ciudadanos argentinos, los catamarqueños también son personas despolitizadas, en el sentido de que ven al poder y todo lo que lo rodea con la máxima desconfianza. Dolerá el reconocimiento, pero es la verdad, los políticos han pasado a convertirse en personajes sospechados.
Para gran parte de la sociedad, no hay partidos políticos en el sentido legítimo de la palabra, solo fuerzas que responden a intereses muchas veces ajenos a los suyos; esa profunda frustración ciudadana explica la alta abstención.
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