El periodismo de investigación de El Tribuno no pretende descubrir. Pretende exponer en realidad. Esa es la intención con la que se mostraron las fotografías de la vivienda de Parodi.
La nota que firma hoy uno de los periodistas premiados a nivel nacional por una investigación propia, asume la nota periodística como propia.
Pero claro, entre el periodismo de investigación y lo publicado hay una diferencia abismal. La nota del lunes publica fotografías aéreas del domicilio del ministro.
No fueron tomadas desde la aplicación Google Earth, sino que fueron tomadas desde un helicóptero, una costumbre de la familia Romero. Don Roberto y luego su hijo Juan Carlos, siempre usaron este medio de transporte.
Nunca antes los periodistas habían usado un helicóptero para sus tareas. Estas máquinas siempre estuvieron reservadas al Senador Nacional poco afecto a viajar en automóvil y mucho menos en clase turista de los aviones.
Pero esta vez hicieron tomas fotográficas aéreas del domicilio particular del ministro de Urtubey utilizando una modalidad de trabajo hasta aquí desconocida.
El Tribuno , está demás decirlo, es el único medio que cuenta con un helicóptero. Esto podría significar que se vendrá una catarata de fotografías aéreas de los domicilios particulares de los funcionarios que a partir de ahora deberán sonreir cada vez que miren al cielo cuando escuchen el rotor del helicóptero.
Existe, claro, la posibilidad del chasco. Que en lugar del helicóptero del Senador Nacional sea el sanitario, pero siempre hay un margen de error.
Ni hablar de las fotografías de los vehículos. ¿Cómo se sentiría el Senador Nacional si se publicaran fotografías de sus muchos automóviles con sus patentes? ¿No se sentiría perseguido acaso? ¿No se sentiría vulnerado en su intimidad?
¿Esto es el periodismo de investigación?
En realidad la nota usa la investigación para el artículo del lunes. Es una investigación no periodística en realidad. Podría decirse que es casi policíaca si se tiene en cuenta que la intención directa era exponer a un hombre que hasta ese momento transitaba por las calles como cualquier otro.
El Senador Nacional no lo hace. Aunque se haya hecho sacar una fotografía en una bicicleta en un barrio, no transita como el resto de los mortales. Ni siquiera maneja algunos de sus vehículos. Sólo lo hace cuando se sube a alguno de sus autos de colección, un pasatiempo carísimo para cualquier mortal y que exige ingresos multimillonarios como los que tiene producto de sus empresas -y por supuesto- su prolongado paso por la función pública.
El periodismo de investigación de El Tribuno no pretende descubrir. Pretende exponer en realidad. Esa es la intención con la que se mostraron las fotografías de la vivienda de Parodi.
¿Cuál sería la reacción si aparecieran fotografías de su domicilio particular? En su casa de Castellanos hizo que los operarios de la constructora Riva montaran a propósito una barrera de tierra a modo de pequeña montaña parquizada evita los curiosos.
Y ni hablar de la reacción cuando el año pasado un helicóptero del Ejército pasó por arriba de la vivienda de Castellanos y fue denunciada inmediatamente por los secretarios de Romero que llamaron a las radios de los amigos para decir que los estaban vigilando.
Esa ha sido una costumbre de Romero. Ni hablar el día que otro diario obtuvo una fotografía de su primogénito, Juan Esteban. Ese día, dicen, sus gritos fueron escuchados por cada uno de sus secretarios y por los guardias con los que su familia se mueve por el país.
Hasta amenazó con despedirlos porque en un descuido le tomaron una fotografía a su hijo.
La intimidad es el único límite en la vida de los funcionarios públicos. El diario de propiedad de Romero se olvida de ese límite y se apoya en el periodismo de investigación para sostener el avasallamiento sobre la privacidad.
Se erige en el tenedor de una omnipotencia absoluta que en realidad transmite un mensaje preocupante al resto de la ciudadanía. Porque si el diario no respeta el límite de la privacidad de un funcionario, tampoco puede hacerlo respecto de los ciudadanos.
Tiempo atrás, el diario llamó "brujas" a cuatro mujeres que vivían en barrio Santa Ana a instancias de un viejo amigo del Senador Nacional y que fuera durante su gestión funcionario del staff de Gobernación. No les importó que desde la inquisición no se juzgara a nadie por brujería y durante varios días pretendió que la sociedad y la justicia las condenara como tales.
Ese es el periodismo de investigación de El Tribuno . En realidad es periodismo de exposición y escrache. Ni más ni menos.

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