Sobran las palabras

Sobran las palabras
Ramón no dará su conferencia habitual de los viernes. Calla y le otorga a sus jugadores el peso de hablar en la cancha. La gente dirá.
A Ramón Díaz lo sostiene un pasado glorioso como no tiene ningún otro técnico en Núñez. No en vano se presenta como “el técnico más grande de la historia”, mucho gusto. Pasa que el riojano conoce demasiadamente (sic) los intrincados pasillos del Monumental, ya ha sabido surfear crisis no menores a ésta, bretes de diversa índole, internas feroces, politiquería barata, planteles a disgusto, y el tipo, igual, siempre cayó parado: su mejor aliado, claro, fue el éxito.

Es una obviedad del tamaño de su ego asegurar que no sería quien es sin el nutrido palmarés que lo acompaña; sin embargo, entre champán y más champán, el Pelado también supo construir un personaje con muecas de picardía criolla, desarrolló una veta artística, se convirtió en showman. Un simpático bicho de caricatura. Sin una verba de las más fluidas pero con un sentido del punch y un manejo del silencio que sería envidia de no pocos capocómicos, Ramón traspasó la barrera del humor: se adueñó de una onomatopeya universal. El “je” es a Ramón lo que el “plop” a Condorito.

Ahora bien, el problema de este River es que viene acumulando un “plop” tras otro y no son tiempos de “je”. Ramón no es otra cosa que el fiel reflejo de su equipo: aunque lo desbordan hasta las preguntas, no sabe, no contesta. Silencio atroz. El DT no brindará hoy su habitual conferencia de los viernes. Calla. Y le otorga a sus jugadores la responsabilidad de hablar en la cancha. Después el hincha dirá.

Ramón cambió. Cambió a más no poder. Cambió dibujos, cambió intérpretes que el domingo le darán forma a la 23ª alineación en 24 partidos, cambió ya seis veces el socio de Teo (el pibe Driussi será el séptimo), cambió incluso el método discursivo: de las sentencias tiránicas pasó a las cortoplacistas. Lo único que no cambió, en definitiva, fue el funcionamiento de un River que apenas convirtió tres goles (todos para maquillar derrotas) en los últimos diez partidos carentes de alegrías, que está 17° en el torneo y, para colmo, perdió con los tres equipos que tiene por debajo (Olimpo, Racing y Colón). El domingo es imperioso volver al triunfo. En medio de un clima que estará enrarecido por la cercanía a las urnas y con una tribuna que oficiará de tribunal, este domingo ante Argentinos el Pelado necesita del apoyo popular tanto como de una victoria que le impida firmar su peor torneo como entrenador de River (lo salva el cartón lleno) y alcanzar su racha más fulera como local en campeonatos domésticos (cinco sin ganar en el Clausura 96 y también entre el Clausura y el Apertura 98).

Ramón ya agotó todo su repertorio lingüístico. Puso a disposición las cifras de su polémico nuevo contrato y condicionó su continuidad de acuerdo a las respuestas que reciba de terceros. El no responde. Hoy no responde. Silencio es trampa. Quiere que ahora hablen por él. Que el apoyo de los jugadores sea algo más que frases hechas, que los fieles acudan al llamado de su líder. Por lo visto, Ramón no soporta llegar a este punto del año sin estar en la discusión. Se impuso jugar dos finales. Y dejó titilando su final. Sobran las palabras.

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