Siria, una herida abierta en Salta

Siria, una herida abierta en Salta
La comunidad de sirios en Salta tiene enorme pesar por el conflicto sangriento desatado en Siria. Cuentan que han perdido contacto con los parientes.
En la tele el informe de la CNN decía: “Nueve civiles murieron este jueves en un atentado con explosivos contra un minibús, al noroeste de Homs, en el centro de Siria, anunció el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos y la agencia oficial Sana. Desde el régimen de al Assad atribuyeron el episodio a los rebeldes. También el ejército sirio lanzó una fuerte ofensiva bombardeando desde el aire el centro de la ciudad de Rastan, al norte de Homs”.

Después de oir en Salta este reporte, que se parece a todos los reportes trágicos que escucha hace 29 meses, Omar miró por la ventana al cielo y comenzó a rememorar los tiempos en que su padre, Jalil, le contaba en media lengua las historias de su pueblo, Rastan, al Norte de Homs, separado de Tumin por el mágico río Orontes. Dejó sus raíces a comienzos del siglo XX para establecerse en un pueblo de Salta que le recordaba aquel otro de su nacimiento.

Por lo que sabe Omar, Rastan ha servido como un importante bastión de la oposición y ha sido el escenario de fuertes enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad del gobierno sirio y los rebeldes. Ha visto imágenes sangrientas de este poblado que fuera agricultor y bondadoso en los relatos de su padre; las casas están destruidas hoy, e incluso sacó a flote de su alma el terrible impacto que le provocó ver en la pantalla el cuerpo de Mohamad Jalil Ayub, un niño mártir alcanzado por una bomba en Rastan.

Pensó cuántos de su sangre estarían vivos después de la masacre, si acaso quedara alguno. Su sueño de ir un día a abrazarse con ellos, de intentar revivir las anécdotas de su padre caminando por las calles de Rastan, se termina diluyendo con cada impiadoso ataque. Es que todos los intereses que fomentan la guerra están por encima de Siria y de su gente. Ni ellos saben por qué se matan. Y en Salta, a 14 mil kilómetros de Rastan, Omar se arrodilló frente a la ventana con los ojos mojados y oró por la paz. Porque ningún país en guerra está demasiado lejos cuando hay almas penando por la sangre derramada, en cualquier rincón del mundo.

Las cifras son crueles.

En 29 meses de rebelión contra el régimen de Bashar al Assad, han muerto en Siria 110.371 personas, de ellas: 40.146 eran civiles, 21.850 combatientes rebeldes y 45.478 eran miembros de las fuerzas de seguridad sirias y de las milicias gubernamentales. No se sabe si están incluidos en estos números los más de 300 muertos por armas químicas, el pasado 21 de agosto en una localidad cercana a Damasco.

El conflicto en Siria se hace largo como una gran partida de ajedrez energética en la que varias potencias pretenden decir jaque mate, sin detenerse en consideraciones humanitarias de ninguna clase. Se enfrentan en este juego sangriento varios proyectos energéticos que reflejan claramente las ambiciones estratégicas de bloques políticos, entre los cuales la guerra por las fuentes de energía se intensifica y lo justifica todo.

Aunque los importantísimos yacimientos de gas de Siria no parezcan tener hoy el mismo valor que hace 12 años, momento en que se cree que planificaron la guerra contra Siria, también es cierto que siguen siendo un factor invisible, callado, del conflicto.

Como fichas de una partida, las reservas de gas de este país estaban prácticamente repartidas entre las potencias que lograran derribar al estado sirio, pero como ese momento no llega, tendrán que revisar sus apuestas. Mientras tanto, quienes arremeten contra el estado sirio, olvidan abordar la importancia de sus reservas de gas, lo que explica en gran medida el activo respaldo de Rusia al régimen sirio para evitar su caída, ya que si Estados Unidos acabara con al Assad, se convertiría en un elemento geopolítico dominante en el territorio y, en gran medida, estaría enfrentado con Rusia.

Estados Unidos contra Siria hoy. Estados Unidos contra Irak antes. Estados Unidos contra quién sea con tal de que algo le interese. Y siempre la excusa de las armas químicas para el exterminio de los pueblos, que se consumen en el fuego de ambiciones que les son ajenas.

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