Era una fuerte demanda de la oposición. Aún así, el gobierno dijo que no tolerará manifestaciones.
Poco más de un mes después del comienzo de las protestas que sacuden a Siria, el gobierno de Bashar Assad aprobó ayer la derogación del estado de emergencia y de otras leyes restrictivas, uno de los principales reclamos de la oposición. Ahora sólo resta la aprobación del Parlamento, que se descuenta ya que está dominado por el oficialismo. Sin embargo, la medida no logró detener la violencia. Hubo nuevos choques tanto en el norte como en el sur, que causaron al menos 10 muertes.
Cuatro de las víctimas fatales eran manifestantes que concurrieron anoche a la manifestación convocada en la plaza central de la ciudad de Homs, 160 kilómetros al norte de Damasco, en reclamo de la renuncia del presidente. La idea era acampar en el lugar.
A las dos de la mañana, cuando había unas 20.000 personas, irrumpieron fuerzas de seguridad y comenzaron a dispersarlos. Primero lanzaron gases lacrimógenos y luego comenzaron a disparar , en algunos casos con balas de plomo. La gente comenzó a huir y la policía los persiguió durante horas por las calles. Allí hubo cuatro muertos y decenas de detenidos . Varios de ellos fueron apresados en sus propias casas.
Las otras víctimas fatales eran del Ejército sirio y murieron en dos enfrentamientos aún confusos. En el primero, un grupo de manifestantes encerró al general Khodr Abdo Al Tellawi, quien iba con sus dos hijos y su sobrino y los masacraron . El ministro del Interior, Mohammed Ibrahim Al Shaar, afirmó que los autores son “bandas de delincuentes armados” y que “los mataron a sangre fría”. Es más, sostuvo que “los mutilaron”. En el segundo caso, dos oficiales cayeron acribillados también por un grupo que manifestaba en una ruta interna.
En cuanto a la ley de emergencia, cuyo levantamiento aprobó finalmente el gobierno, data de 1962. Reducía las libertades públicas, imponía restricciones a la libertad de reunión y de desplazamiento y permitía la detención de “sospechosos o personas que amenazaran la seguridad”.
Pese a esta concesión, el régimen de Assad, que llegó al poder en 2000 después de la muerte de su padre Hafez, advirtió que no aceptaría ninguna nueva manifestación “bajo ninguna consigna” . En forma paralela, restringió la cobertura periodística y echó a los corresponsales extranjeros . En las últimas cuatro semanas, al menos 200 personas murieron en Siria por la represión de la ola de protestas.
Ante la crisis en el país árabe, Estados Unidos llamó al gobierno sirio a poner fin a la violencia contra opositores y a realizar los cambios demandados por la población. “La violencia en ese país sigue suscitando serias preocupaciones y es evidente que el gobierno sirio debe implementar con urgencia reformas más amplias y poner fin a la violencia contra manifestantes pacíficos ”, afirmó ayer el vocero del Departamento de Estado Mark Toner. “Hemos escuchado muchas palabras y visto poca acción” por parte del presidente, agregó el funcionario de EE.UU.
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