Se siguen vendiendo medicamentos en la zona del mercadito paraguayo

Se siguen vendiendo medicamentos en la zona del mercadito paraguayo
A pesar de la peligrosidad que representa la automedicación, a pesar de que los medicamentos no pueden tenerse como cualquier producto para la venta no ya para que funcionen para lo que han sido preparados, sino para evitar una intoxicación, a pesar de todas esas contraindicaciones, muy válidas por cierto, la gente parece ser hija del rigor.

Increíblemente, a pocos metros de donde tiene sus oficinas la Dirección de Bromatología, en la zona del Mercadito Paraguayo se expenden medicamentos como si se tratara de caramelos, linternas, ojotas o cualquier tipo de productos de los tantos que en esta zona se comercializan.

Hace no mucho hubo un llamado de atención cuando se detectó una partida de drogas que estaba afectada y que debía ser retirada de las redes de farmacias y laboratorios argentinos. En aquella oportunidad, como cada vez que ocurre algo que llama la atención de todos, se pone el foco de la discusión sobre la cuestión en sí, pero siempre el verdadero debate se pasa tangentemente.

Está prohibido, no es un capricho de nadie. Es peligroso. Se trata de la vida. Si uno de esos remedios que se adquieren en esa zona llega a estar contaminado puede llegar a causar la muerte de quien se lo administre.

Los organismos que están para hacer cumplir las normas vigentes deben ser lo más severo que se pueda, no debe haber término medio. Ningún remedio, ningún medicamento se puede vender sin receta y mucho menos, en las condiciones en las que se expenden en esta zona del centro de la ciudad. Y al ciudadano de a pie, simplemente queda pedirle responsabilidad, por ahorrarse dinero está poniendo en juego su vida. Puede que haya comprado cien veces y nunca le pasó nada. Y eso está bien. Pero puede haber una vez ciento uno, y ya no será cuestión de números y records que se quiebran. Será cuestión de vida o muerte.

Cuando de salud se trata no se puede actuar con la mentalidad de un comerciante ávido de lucrar, sino que hay que tener un sentido más humanitario y pensar que ese remedio que se está vendiendo, sin control, sin el tratamiento adecuado, podría causar un verdadero mal a la otra persona.

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