De manera lenta, pero inexorable, la ciudad se encamina a dejar atrás una de sus caras más oscuras:
La falta de cloacas en áreas periféricas. Sin embargo, pese a los casi 90 millones de pesos volcados durante los últimos años en obras de saneamiento, el déficit estructural existente lleva décadas y costará algún tiempo más revertirlo totalmente.
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