“Me dirijo a Ud. a través de la presente para ponerlo en conocimiento de los hechos ocurridos el día viernes 10 de septiembre de 2010 en el Vacunatorio del Hospital y posteriormente, 11 de septiembre, en la Guardia de Pediatría".
La Dra. R. Bellido Bonaura atendió sin mucha predisposición a mis tres hijas (mi hija menor no presentaba signos ni síntomas para consultar), relativizando el motivo de consulta. Dada mi preocupación por el cuadro, insistí para obtener una respuesta satisfactoria lo que generó la intervención de otra doctora (Dra. Rosario Prettis) que se encontraba en el mismo consultorio, quien en forma grosera y en un tono de voz elevado me solicitó que me retire inmediatamente del consultorio. Ante la impertinencia de esta profesional, le pido que me informe cual era su nombre, negándose la misma a revelarlo para luego llamar al personal de seguridad para que me obligue a retirarme. Ante mi negativa a irme se dio intervención a la Policía, quien se acercó al consultorio escuchó el problema y se retiró dándome la razón y solicitando que la próxima vez que los llamen sea por un buen motivo.
Fue en ese momento que el Dr. Nicolás Mottola intercedió y se brindó una mejor atención a mis hijas, las revisaron, las inspeccionaron más exhaustiva y me dijeron los medicamento que debía administrarles e indicaciones para el hogar. Mientras esto se desarrollaba volvió a intervenir la doctora espetando que yo era una “tarada”. Solicité que me diera su nombre y me informaron que el nombre no me lo darían debido a que existe un “reglamento” por el cual no puede dar a conocer su identidad, argumentando también que temía por su integridad física. Finalmente decido retirarme ya que la violencia de la situación afectaba a mis hijas allí presentes.
El lunes siguiente concurro al vacunatorio del Hospital a consultarle a la persona que atendió a mis hijas a cerca de las vacunas que fueron aplicadas.
Me atendió la Sra. Santucho Dolly, quien ante la consulta, con muy poca voluntad y con las libretas sanitarias en mano, no tenía la certeza de que había aplicado a mis hijas. Para descartar todo tipo de dudas recurrió a dos cuadernos en donde se deberían dejar asentados los datos de los pacientes y que vacunas recibieron. Ninguno de los nombres de mis hijas figurabas allí. Por lo tanto, al día de la fecha no sabemos con exactitud que vacunas les fueron aplicadas.
Ante el error cometido (que considero gravísimo) la Sra. Santucho Dolly adoptó una actitud maleducada y se excusó delegando la culpa en un tercero.
Como Ud. Verá no es mi intención molestarlo, pero creo que estas irregularidades no deberían ser pasada por alto, ya que uno recurre al Hospital buscando asistencia y contención por parte de los profesionales de la salud, y en cambio recibe negligencias y mortificación”.
Pratt Victoria (DNI 23.805.064) y Campana Sebastián (DNI 22.355.508)
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