Luego de seis exitosísimos años en Peñarol, Oveja se despidió este martes desde el Microestadio Domingo Robles de la sede del club, en una rueda de prensa abierta al público y que significó el cierre emocionante de un ciclo que será difícil de mejorar para el Milrayitas
Su necesidad ya conocida de culminar un ciclo, renovarse, emprender nuevos desafíos, descansar y disfrutar otros valores de la vida, finalmente pudo más y Sergio Hernández, con dolor y emoción, le dijo basta a un Peñarol siempre exigente.
“Agradezco a Domingo Robles y a todos los que conforman esta loca familia de Peñarol. Cuando llegué pensé que era una persona optimista, pero cuando lo conocí a él me di cuenta que era el 10%. Es el mejor presidente de un club que conocí en mi vida. Le agradezco como me trató a mí y a mi familia”, soltó de movida el extécnico de la Selección Argentina.
Luego, mencionó, a modo de disculpas: “Peñarol ha tenido unas jugadores increíbles. No hablo de personas, porque son todos crack. Jugadores que se comprometieron de una manera que me hace sentir un orgullo impresionante. En esta temporada, nos quedamos sin nafta, pero llegamos a un quinto juego ante Lanús con chances de pasar. Buscábamos una gota de sangre en cualquier lado para poder seguir y no nos alcanzó” reconoció Oveja.
“Sé que hay trabajos menos pagos y gratificantes que el básquet, y que nosotros somos privilegiados, pero la competencia deportiva profesional, donde hay miles de personas expectantes, es desgastante, muy difícil. En algún punto, sabés que un triple puede hacer feliz a la mitad más uno de Mar del Plata. Y si no entra, esos mismos pueden llorar” reflejó el DT, con una mueca de guiño a la hinchada Milrayitas.
La esperanza de volver a tenerlo en el banco de suplentes es algo que los seguidores de Peñarol se comenzaron a preguntar desde este mismo 8 de mayo. Nadie sabe bien ¿cómo seguirá Peñarol sin él? y todos desean que llegue el momento futuro de su vuelta: “Nunca había tomado una decisión así, de una pausa. Empecé a entrenar en el año 79 y no recuerdo haber estado fuera de mi profesión de técnico. No sé lo que es parar. Pero ahora sé que es un buen momento para hacerlo y llevar adelante algunos proyectos que tengo postergados” contó.
Para cerrar su discurso, emocionante y natural, Sergio Hernández no hizo más que llenar sus propios ojos de lágrimas y ubicarse en un pedestal del que nadie en la sede de Garay y Santiago del Estero podrá bajarlo jamás: “Un club es su gente, no su estadio. Peñarol tiene un potencial de público como pocas veces vi en básquet. Yo no era hincha de Peñarol, pero me llevaron a esto”.
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