Fue en la parroquia de Santa Lucía, el templo en el que pasó sus últimos años, donde despidieron los restos del padre Francisco Enrique. Fue uno de los sacerdotes más queridos y respetados de la comunidad católica. Tenía 86 años y misionó hasta sus últimos días.
El sacerdote fue un ícono dentro de la provincia porque fundó los Scouts, construyó capillas y hasta se dedicó a cosechar en los parrales de su padre antes de ingresar al sacerdocio, además de ser marino.
Con una vitalidad envidiable, este cura decidió escribir su autobiografía hace dos años, en la que contó detalles interesantes de su vida. Fue marino, cosechador, y hasta armó una de las fiestas departamentales más importantes de Angaco: la Fiesta del Olivo.
El hombre fue reconocido por tener una conducta similar a la que tuvo el beato Cura Brochero, de quien fue un devoto confeso. Desde hace varios días se encontraba internado atravesando un grave problema de salud, del que no pudo salir. El sepelio fue ayer en el Cementerio de la Capital.

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