Bianchi viene de pasar la semana más difícil de su historia en Boca y, aun sin triunfos y cuestionado por la CD, la Bombonera lo espera para latir a su favor.
Semejante ovación que se promete desde las redes sociales es justamente eso, apoyo en el momento más duro de su historia en el club, hacerle saber que si se queda o se va, igual seguirán adorándolo como prócer que es, por sus conquistas enormes. Justamente, tantas buenas le permitieron durar en el tiempo, aun sin buenos resultados, aun sin una línea de juego después de un año de trabajo.
La crisis que se desató el domingo a partir de la derrota en la Bombonera frente a Belgrano no tiene antecedentes para el Virrey. Le siguió la movida dirigencial en las sombras para desgastarlo y empujarlo a la renuncia sin costo político. Y se completó con la nueva derrota, esta vez en Rafaela, con un gol con la misma poca fortuna de todo el ciclo. “¿Se va?”, fue la primera pregunta que le hicieron ya en la madrugada del viernes, en la puerta del vestuario visitante. “¿¡Por qué me dice eso!?”, contestó, sin asumir si quiera la palabra de Angelici (“Si tengo que pedirle que se vaya, no me temblará el pulso”). Porque él jamás se pondrá vencimiento en público, como sí hicieron Borghi o La Volpe. Sólo se irá cuando sienta que los jugadores ya no le responden... “Esto tiene que cambiar”, sí sostuvo en Rafaela. Y dijo que pensaba en Estudiantes, y en ninguna otra cosa.
La Bombonera, hoy con público por primera vez en el año, abrirá las puertas pero también abrirá la boca. Se manifestará. Le harán saber al Virrey que su historia no se borra ni mancha. Aun en la derrota, aun ante el final de un ciclo que se soñaba distinto.

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