Insólito, pero real... Forma parte de las cuestiones sin explicaciones que muchas veces se producen en nuestra sociedad. A veces las buenas intenciones y acciones no alcanzan cuando de ayudar la recuperación de personas con distintos problemas sociales se trata, especialmente de los jóvenes. Esto fue lo que ocurrió con el único centro de recuperación de adictos que funcionaba en esta ciudad que debió cerrar y cesar en su valioso aporte para la juventud, por falta de apoyo.
En forma conjunta el obispado, Rotary Club y la fundación Vida Nueva habían decidido aunar esfuerzos e iniciaron una cruzada con un solo objetivo: la recuperación de jóvenes con distintos problemas de adicciones, cuestión que fue muy celebrada cuando se produjo la apertura del Centro de Recuperación de Adictos que funcionaba en calle 24 entre 7 y 9 del barrio Sagrado Corazón.
Solo algunos meses después aquel júbilo inicial todo se trasmutó a una tristeza ya que la institución benéfica debió cesar sus prestaciones ante la falta de apoyo para seguir la loable tarea en favor de un grupo de aproximadamente 40 jóvenes.
Todo se había iniciado el año pasado cuando monseñor Hugo Barbaro recibió al presidente de la fundación Vida Nueva en Sáenz Peña y a partir de allí comenzaron a delinearse las primeras acciones y la posibilidad de que esta ciudad cuente con un centro de esas características. En una primera etapa este centro se perfiló como ambulatorio para luego pasar a las internaciones, luego de que se cumpla una serie de requisitos y habilitaciones que se necesitan para tal fin. Lamentablemente los esfuerzos no alcanzaron y el centro terminó cerrando sus puertas.
Tristeza y puertas que no se abrieron
Eran cerca de 40 los chicos tratados en el lugar y fueron las madres de éstos quienes sintieron el fuerte impacto de la comunicación del cierre del centro. "Ellas lloraban al escuchar la noticia", dijo un integrante del equipo de trabajo.
"Se golpearon muchas puertas; pero no se recibió la ayuda que se necesitaba, ni del Estado provincial ni del municipio", indicó la misma fuente.
Ayuda para la psicóloga y alimentos
El centro de recuperación estaba en una vivienda que el obispado de San Roque había cedido para que funcione un consultorio, en la calle 24 entre 7 y 9, pues en una primera instancia el tratamiento y rehabilitación de quienes asistían al lugar se efectuaba de manera ambulatoria.
Lo que se buscó gestionar durante el último tiempo era una determinada suma de dinero para cubrir el costo de honorarios de una psicóloga y la compra de algunos alimentos para los adolescentes asistidos en el centro, pero lamentablemente no apareció la respuesta y el efecto inmediato fue el cierre del centro.
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