A seis meses de las inundaciones en Yerba Buena, todo sigue igual

A seis meses de las inundaciones en Yerba Buena, todo sigue igual

Debajo del puente del río Muerto, todo es desolación. La imagen de posguerra ha quedado congelada también frente a los countries Las Yungas y Los Azahares. El canal Yerba Buena se encuentra bloqueado por hormigón. Y en el Canal Sur se ha recuperado la capacidad conductiva del agua, pero faltan las paredes.

Es la hora del desayuno en la casa deHugo Pistán. Para llegar hasta su umbral, el visitante tiene que animársele a la quincena de perros que vigila el caserío. Algunos tienen pinta de que han salido a ladrar, nomás. Pero otros gruñen y parecen decir: “si das un paso más, te muerdo”. 

Entonces aparece don Hugo (“hi salio a vé qué le pasa al perrerío”). El viejo tranquiliza a los animales, que vuelven a echarse en el polvo. A sus 65 años, él es uno de los que se ha quedado. Ni loco subía sus cosas a los camiones -dice-, por más poco que uno tenga. Cómo hacerlo, si 45 de esos 65 años los ha vivido a la par del río. Y como se quedó, vio cómo el vecindario se iba transformando en este ente abandonado. Cómo las viviendas fueron desmanteladas. Cómo los camiones se llevaron las chapas, los muebles y las gentes. 

- ¿Aquí sabe lo que ha pasao? El problema es que hicieron mal ese camino para que bajen las máquinas a llevarse el ripio. Y por esa culpa, la agua pecha. Sacaron el relleno. Y sin relleno, en un segundo se descalzaron los paredones. Cuando se cayeron, hicieron un ruido de explosión. Esa noche, los vecinos nos quedamos ahí arriba, mirando cómo la agua comía todo. No se íbamos a venir tranquilos a la casa viendo cómo estaba la agua. Y después de eso, los otros se asustaron y se fueron. Pero yo no pieso irme. No señor, tsk, tsk, tsk (chasquea su lengua, en señal de contrariedad). Aquí hi hecho mi vida. El tema es que tienen que arreglar eso rápido. Sino, no sé....

El recuento del horror

El caserío en el que Hugo mide su valentía -El Corte- está situado en el límite oeste de la ciudad de Yerba Buena. La madrugada del sábado 7 de marzo, cayó un diluvio de esos que los climatólogos ponen en el estante de los recuerdos. Venía lloviendo de modo torrencial durante las semanas anteriores. De modo que el municipio sufrió la crecida de sus ríos de montaña, al igual que otras partes de la provincia. 

En consecuencia, ese sector de El Corte resultó uno de los más afectados. Eso que -según Hugo, deben arreglar- es el lecho del río. Hace 191 días que se encuentra obstruido por las murallas que otrora debieron contenerlo. En vez, llevan medio año acostadas entre las piedras. 

Para peor, las escenas de desolación en este distrito se suceden en otros tres lugares, principalmente: en la zona pedemontana de La Rinconada, en el canal Yerba Buena y en el canal Sur. En el primero de los casos, hay un puente que tambalea desde aquella madrugada -el que está frente al country Los Azahares- y una avenida que ha quedado al filo del terraplén -la Lorenzo Domínguez-. Allí, el agua embistió como bestia los bordes del canal que corre paralelo a la calle, hasta tragarse el pavimento. 

La devastación se prolonga cuesta abajo. Recorrer el canal Yerba Buena es como hacerlo por un sitio que ha sido bombardeado. Desde las calles Zavalía hasta San Martín, el acueducto parece un cementerio de hormigón. Todavía hoy siguen hundidos los bloques que la correntada desprendió de sus paredes y depositó donde quiso. 

Finalmente, a modo de despedida, aparece el canal Sur. Ahí los peatones y los automovilistas transitan junto al abismo. Es que en el desagüe que divide la capital de Yerba Buena también se desprendieron los paredones de hormigón, y arrastraron consigo las barandas contención. La promesa de los gobernantes de recomponer todo sigue siendo eso: promesa.

¿Qué hicieron?

Son dos las dependencias del Estado provincial encargadas de velar por el buen estado de las redes vial e hídrica: la Dirección Provincial de Vialidad (DPA) y la Dirección Provincial del Agua (DPA). ¿Por qué, seis meses después de las inundaciones, los daños todavía están a la vista en Yerba Buena? ¿Qué hicieron en todo este tiempo? Si en unas semanas se desata otro diluvio, tal como pronostican los expertos, ¿qué ocurriría? ¿Sacarán los paredones del río Muerto? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Arreglarán los caminos de La Rinconada? ¿Terminarán a tiempo las obras en el Camino del Perú?

Dice Juan Sirimaldi -titular de la Dirección del Agua- que pronto acabarán las tareas en el Canal Sur. Y que, cuando eso ocurra, habrá recuperado la capacidad conductiva del agua. Eso sí -reconoce- no se reconstruirán las paredes laterales de ciertas zonas, porque no hay dinero. Con respecto al Canal de Yerba Buena, asegura que en breve meterán máquinas dentro, para que demuelan las piezas de hormigón. Además, da su palabra de que, antes de concluya septiembre, habrá reconstruido las defensas en la zona de Las Yungas. Pero señala que aún no se decidió qué hacer con el puente que tambalea frente a Los Azahares. Sobre el río Muerto -admite- la dependencia a su cargo no ha hecho nada. Absolutamente, nada. “No tenemos proyectado de dónde vamos a sacar la plata para reconstruir las defensas”. 

En este punto aparece Luis Divizia, el jefe de obras de Vialidad. Por estos días, su gente anda trepada en esas piedras, con mamelucos de color naranja. El funcionario explica que se encuentran construyendo gaviones en los estribos del puente, y que es probable que ellos se encarguen de remover las defensas y otros obstáculos. “No sé cómo lo vamos a demoler. Y tampoco conozco el cronograma. Pero hay que sacarlos”, dice. Luego, asegura que una vez que la DPA finalice sus obras en la zona del Camino del Perú, harán la repavimentación de las arterias carcomidas y colocarán las barandas en los bordes del canal.

Máxime, si se tienen en cuenta las previsiones del director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, Juan Leónidas Minetti, quien hace unos días pidió una reunión con funcionarios del Gobierno, para advertirles que la primavera vendrá con agua y que, de acuerdo a sus mediciones, habrá inundaciones entre octubre y diciembre.

Crucen los dedos

Pasado el mediodía, el caserío empieza a alborotarse. Los cuatro o seis niños que han quedado vuelven de la escuela, y sus padres de los oficios. El patio de Raúl Cuello y deSoledad Puerta, su mujer, desemboca en uno de los brazos del río Muerto. También ellos han decidido quedarse. Aunque no tengan luz eléctrica porque -dicen- la Municipalidad se niega a devolverles el servicio que se encuentra cortado desde marzo, para forzarlos a irse. Aunque diluvie otra vez. Aunque se vayan los demás. Y no es que no tengan miedo. Tampoco es terquedad. Sino que -opinan ellos- si respetan al río, éste no les causará problemas.

- Me gusta vivir aquí. Mis hijos respira aire puro. Y no hay drogas. No los llevaré a El Manantial -afirma Raúl, en referencia a la comuna donde el Estado trasladó a los demás inundados. Pese a su arrojo, enseguida aprieta el ceño. Y murmura que le preocupa que no se hayan quitado los bloques que permanecen atascados. 

- Soy nacida y criada a la orilla del agua. No tengo miedo. No va a pasar nada. Pero tienen que limpiar el río. De lo contrario, esto sí puede ser un desastre -añade Soledad.

Dios y la Virgen no lo quieran, ruegan ellos. Pero si ese desastre llegara a suceder -entonces sí-, los Cuello deberán marcharse. Y los juguetes de Lautaro y de Juliana, sus niños, serán también mojones entre ruinas. 

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