Seis Bracamonte salieron de la cárcel para ir al velatorio de los asesinados en San Gil

Seis Bracamonte salieron de la cárcel para ir al velatorio de los asesinados en San Gil

Se despidieron de las víctimas de la fatal emboscada y fueron conducidos de regreso al Penal. Desconsolados, hijos de Martín Bracamonte se arrojaron en la fosa del cementerio al momento del entierro.

“No me lo tapes, no lo tapes”, gritaba desesperado el adolescente, abrazado al féretro de su padre. Su clamor repercutía fuerte en el cementerio La Misericordia, en la conmovedora sepultura de las dos víctimas de la emboscada de San Gil. Los muertos, padre e hijo fueron asesinados frente a la capilla de Sacha Pozo, el domingo pasado. 

La tragedia estalló a las 7.15. Las víctimas resultaron Martín Osvaldo Bracamonte, de 42 años, con residencia en Urquiza prolongación, Bº San Javier II y su hijo, Martín Osvaldo Herrera (alias, “Sansón”), 24, del Bº El Tuscal, ambos en La Banda. 

El último adiós de los Bracamonte congregó ayer a más de 300 personas, quienes acompañaron a las víctimas desde Rubia Moreno, el San Javier II, El Tuscal a la necrópolis. 

Desgarrador 

Complicado describir la desolación familiar. 

“¿Por qué me los mataron como a perros?”, preguntaba sollozante una de las sobrinas de Martín. 

Ante el féretro de éste, la joven hacía grandes esfuerzos por mantenerse en pie. 

No menos triste era la estampa de doña Susana Aranda de Bracamonte. 

Un año y cuatro meses atrás, la mujer despidió a otro hijo (Fabián), al morir quemado durante una confusa crisis de pareja. 

Ayer a la tarde, vestida totalmente de negro, la mujer tomó un “puñado” de tierra y tributó el último adiós a su hijo y a un nieto. 

Los Bracamonte no estaban solos. Los acompañaban parientes y amigos de los barrios Avenida, Los Álamos, Rincón y Río Dulce. 

Familiares 

En la madrugada, arribaron varios parientes desde la ciudad de Mar del Plata y marcharon a ruta 1 y Rubia Moreno, donde fue velado Martín. 

Puesta en perspectiva la historia, desde que estalló la tragedia, el luto liberó tristeza, orfandad y una inocultable sensación de bronca. La misma hoy provoca interrogantes en los investigadores, temerosos de eventuales represalias en los días por venir. 

Prevenir no asoma descabellado por estas horas; ocurre los dos principales acusados del doble crimen residen en el Bº 9 de Julio. 

Los unos y los otros están separados apenas por 200 metros, lo cual representa un riesgo ante posibles actos de venganza . 

La Policía no se relaja; por el contrario, reforzó los patrullajes entre los dos barrios. En coches, camionetas y motos, la policía no le pierde pisada, expectante por lo que vendrá el día después de las lágrimas. l

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