El desarrollo, la conclusión y la operatividad del Segundo Acueducto para el Interior del Chaco fue tema del segundo panel desarrollado durante las novenas Jornadas Regionales de Ingeniería. El ingeniero Fabián Requena, de la empresa Sameep, y el doctor ingeniero Mario De Bórtoli, de la Facultad de Ingeniería de la UNNE, ponderaron las dimensiones de la obra y sus beneficios para buena parte de la población chaqueña.
“Esta es la primera gran obra que se ejecuta en un período democrático”, porque “las otras fueron durante gobiernos militares”, contrastó Requena, quien expresó el orgullo por trabajar en este proyecto.
Ayudado por un video con tomas aéreas y un powerpoint, el jefe de Proyectos Externos de Sameep expuso el desarrollo del ducto, que tiene construidos 315 de los 512 kilómetros totales de tendido de cañerías y un avance total superior al 65%. “Estamos muy conformes con el avance y esperamos finalizar la obra el año que viene”, señaló.
En ese sentido, adelantó que la obra no concluirá este año por “atrasos del financiamiento externo” --vinculados con el Banco Nacional Do Desenvolvimento del Brasil (Bndes)-- y demoras provocadas por contingencias climáticas. “Las lluvias requieren parar la obra durante la lluvia y en días posteriores hasta que se desagota la zona de obra”, marcó.
Luego resaltó que se trata del acueducto más importante en ejecución del país, que llevará agua potable a buena parte de la población chaqueña y llegará a localidades que nunca en su historia contaron con este vital servicio. “En materia de conducción, es el más largo de Latinoamérica”, acotó, y explicó que el financiamiento no implicará para el Chaco el desembolso de recursos, ya que una adenda hecha el año pasado transfirió esa responsabilidad a la Nación.
Alcance y dimensiones
Requena precisó, en otro punto de la disertación, que en un comienzo la población beneficiada alcanzará los 380.000 habitantes, cantidad que crecerá a 417.000 hacia el año 2.020, 506.000 en el año 2.030 y 683.000 habitantes al año 2045, dado el horizonte de diseño de 30 años. Aunque aclaró que en 2030 la obra requerirá una repotenciación.
“La línea actual del acueducto Barranqueras-Sáenz Peña tiene a más 250.000 habitantes, a quienes hay que sumar a los habitantes del sudoeste, en la línea desde Sáenz Peña hasta Gancedo, Hermoso Campo y Los Frentones”, indicó, y explicó que cuando la obra se ponga en funcionamiento no se consumirán los 6000 metros cúbicos por hora que producirá la planta potabilizadora, ya que las localidades del interior tienen un consumo habitual inferior al de la capital.
Llegada a Sáenz Peña
Enseguida, desarrolló una por una las cinco partes en que se divide el Segundo Acueducto: la toma de agua (ubicada en Barranqueras, a orillas del río Paraná), el acueducto de agua cruda, la planta potabilizadora, el acueducto de agua potable y las estaciones de bombeo.
En especial, Requena destacó la llegada a Sáenz Peña con agua de limpieza hace dos semanas, que marcó un hito en la ejecución del acueducto. “Estamos probando el tramo de 175 kilómetros. Mientras se limpia se hace una prueba de funcionamiento que nos está dando algunos indicios de que existen pérdidas ya reparadas”, reveló. Sobre las pérdidas, un total de seis detectadas, aclaró que se producen en las uniones de los caños y no por rotura de esas estructuras. Además, subrayó la presencia permanente de la empresa Sameep durante los procesos de fabricación de todos los caños colocados, inclusive en los provenientes de Brasil.
La obra de la dignidad
A modo de cierre del panel, el doctor ingeniero De Bórtoli destacó que el acueducto significa “la apropiación del conocimiento científico para realizar las obras de infraestructura que necesita la sociedad”. “Esta es una obra de la dignidad del ser humano, porque el agua potable no es sólo una obra pública”, enfatizó.
Antes, ponderó el material que conforma los caños (Plástico Reforzado con Fibra de Vidrio -PRFV-), y aseguró que “es la síntesis de la ingeniería”, ya que se trata de una composición heterogénea. “Desde el punto de vista de la ingeniería jerarquiza la obra”, afirmó. Y valoró el beneficio de fabricación de estos caños en Córdoba y Mendoza, símbolos de desarrollo tecnológico.
“Es bueno ser ingeniero porque estamos llevando obras a la gente. Y además, hacer este tipo de obras y servicios jerarquiza el empleo público”, concluyó.
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