Seguirá preso por la muerte de Bravo

Seguirá preso por la muerte de Bravo
Marcos “Pollito” Jara fue procesado por su participación en el homicidio del barrio Gran Neuquén Norte. Se cree que el crimen está ligado a la compra y venta de drogas en el oeste de la ciudad.

Marcos Daniel “Pollito” Jara seguirá tras las rejas. El juez Mauricio Zabala lo procesó con prisión preventiva por haber participado en el homicidio de Juan Osvaldo Bravo (32), un hombre ligado a la banda Los Santana y con quien el detenido tenía problemas en el barrio Gran Neuquén por la compra y venta de droga.

Según testigos, a Pollito (19) le pegaban periódicamente porque no le compraba estupefacientes a Bravo sino a otras personas.

Fue procesado en calidad de autor por el delito de homicidio agravado debido a la utilización de un arma de fuego, mientras el otro sospechoso sigue prófugo.

“Al Pollito siempre le pegaban (…) Un día vino borracho y asustado, me dijo que en la puerta de su casa se habían parado Los Santana y que no le dejaban entrar, le decían que se tenía que ir, que le iban a prender fuego la casa. Me preguntó si sabía quién vendía un arma. Estaba ebrio y empastillado”, contó un testigo.

De la investigación policial y judicial surge que Bravo era uno de los sujetos que lo golpeaba, sindicado por testigos también con el apodo de Tomba.

La madrugada del pasado 23 de febrero, el sospechoso y el otro joven que está prófugo lo asesinaron a balazos en la puerta de su domicilio ubicado en la manzana 1, monoblock 3, departamento 17, del barrio Gran Neuquén Norte.

La prueba recolectada en la causa permitió acreditar que mientras la víctima dormía con su mujer, el detenido arrojó una bomba molotov a la puerta de su casa, provocando un incendio. De esta manera, hizo que Bravo saliera y le permitió a su cómplice -aún prófugo- que le disparara. “Me la pusieron en el pecho”, gritó la víctima antes de morir.

Hay una testigo que relató que Bravo llegó a señalar al acusado por su sobrenombre -Pollito- como uno de los autores, a pesarde que al ser indagado por el juez, el sospechoso dijo que se encontraba a media cuadra del lugar.

“Sumado a ello, la prueba de rodisonato de sodio arrojó la presencia en sus manos de plomo y bario, difícilmente explicables cuando Jara aseguró no tener contacto con armas y estar a una distancia de 30 a 50 metros al momento de efectuarse los disparos”, indicó la resolución judicial.

Por eso, la versión que aportó el imputado resulta mentirosa por momentos, en un intento por mejorar su complicada situación procesal.

Dos balas calibre 22 compatibles con el arma secuestrada y presuntamente utilizada en el crimen fueron halladas por la Policía en su domicilio.

Se trata de un revólver que apareció en el patio de un vecino. Los investigadores policiales y judiciales probaron que los dos sospechosos de haber matado a Bravo, una vez consumado su propósito, huyeron del lugar y escondieron el arma en la vivienda donde apareció más tarde, para deshacerse de una evidencia vital.

Al ser procesado con prisión preventiva, al imputado Jara además se lo intimó al pago de 50 mil pesos bajo apercibimiento de trabar embargo sobre sus bienes.

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